El hombre había salido a caballo a buscar a sus chivas y estaba desaparecido.


En la mañana de este miércoles, personal policial que rastrillaba la zona de Colonia Emilio Mitre, en el oeste de La Pampa, encontró a Esiderio Cabral, un puestero de 80 años que vive en el lugar y que había salido de su puesto en la tarde de este lunes y no había regresado.

“Fue encontrado alrededor de las 10:30 horas. Está con un cuadro de hipotermia y es trasladado al centro de salud de Santa Isabel”, informó a los medios el comisario Alberto Fix.

Efectivos policiales durante el rastrillaje (Diario Textual)

Cabral, que vive en un puesto a 13 kilómetros de la Ruta Provincial N° 10, entre La Pastoril y Santa Isabel, había salido a caballo, el lunes alrededor de las 17 horas, a buscar al campo a sus chivas y ovejas.

Mas tarde, su caballo y su perro volvieron solos al puesto por lo que sus familiares, el martes, hicieron la denuncia policial iniciándose un rastrillaje por la zona de médanos que rodea la casa.

En la madrugada de este miércoles, los policías encontraron un lazo y un rebenque a dos kilómetros del puesto y mas tarde, a media mañana, finalmente hallaron a Cabral, quien pudo sobrevivir dos frías noches.

El puestero Esiderio Cabral (Infohuella)

El hombre pudo hacer una especie de choza con ramas y pasto, según informó el comisario Omar Sabaidini a Diario Textual. “No logró hacer fuego porque estaba todo húmedo. Estaba con un cuadro de hipotermia. Se salvó de milagro“, confirmó el oficial.

Cabral permanece hospitalizado en Santa Isabel y “cuando se recupere, lo entrevistaremos”, agregó Sabaidini, ya que los investigadores no saben qué pasó.

Según informó Infohuella, el puestero fue encontrado por Ariel Salazar, un joven santaisabelino de 25 años que se había sumado al rastrillaje y cuya abuela, Etelvina Cabral, es sobrina de Esiderio.

Todo el personal que participó de la búsqueda (Infohuella)

El joven relató que lo encontró cerca de la orilla del Río Salado, debajo de un techito hecho de pajas, que el hombre lo miraba pero no le decía nada, que gritó hacia los policías pero estaban lejos y no lo escuchaban. Entonces decidió llevarlo.

Como pude, me lo cargué al hombro y esquivando jarillas y renuevos me fui acercando hacia donde estaba la otra gente, los policías y los bomberos”, relató Salazar. “Había caminado como unos mil metros con Esiderio al hombro cuando al primero que me cruzo es al hermano. Se abrazaron y lloraron”, concluyó el joven, emocionado.




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