Ramona Gumersinda Bravo nació en Huaco, Jáchal, hace 100 años. Su mamá Alejandra y su papá Julián, anotaron el día de su natalicio en una pared del hogar, técnica que utilizaban para no olvidarse las fechas de nacimiento de sus hijos. Es que en aquél momento, ir hasta el registro civil a asentar los datos de un bebé no era tan fácil como ahora, por lo que esa era una costumbre muy popular en aquellas familias de campo.

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Tiempo de San Juan habló con la centenaria abuela que nació un 14 de enero de 1921. Ya no vive más en Huaco, donde nació y se crió, sino que comparte sus días con sus hijos, nietos, bisnietos y hasta tataranietos en una casa de El Mogote, Chimbas. “Yo estoy bien, ya me fueron a vacunar y no me pasó nada”, se atrevió a contar mientras caminaba entre las gallinas que tiene en el fondo. “Antes éramos más ordenados y decíamos: permiso, voy a pasar, si señora, no señora. Ahora vienen y le pasan a uno por arriba”, exclamó.

Tres de los 12 hijos que tuvo Ramona, fallecieron. En su casa vive con 8 personas de la familia, entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. En total, tiene 28 nietos y ya todos perdieron la cuenta de cuántos bisnietos y tataranietos tiene, aunque sabe que son muchísimos. De vez en cuando se reúnen pero por la pandemia, la abuela se queda en casa. “Yo siento conversar a las chicas y me da miedo. Le pido a Dios y a la virgen que me ayuden”, confesó. Por eso, en estos días tan difíciles para la humanidad, Ramona cuida a las gallinas, chanchos, conejos y caballos que tiene en su casa. Además, amasa pan casero y afirma que “los panes de ahora no son panes, son fieros”. Otro de sus pasatiempos favoritos es hacer plantitas y ayuda a su bisnieta a cocinar.

En total, sobrevivió a tres terremotos y a tres pandemias. Sobre el fatídico sismo del 44′, Ramona expresó que no se acuerda mucho porque “antes no había radio, vino una visita a la casa y me contó”, y sobre el del 77′ indicó que solo se acuerda del gran susto que se llevó. “Mire usted que yo todavía limpio, ahora me está fallando un poco la pierna pero el bastón me ayuda mucho. El médico dice que estoy bien, no tengo azúcar, ni nada en los pulmones”, aseguró.

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Además, aseguró que cuando era chica iba a la escuela en burro o caballo y también recuerda que había un solo maestro para todos y que su madre sólo la mandó hasta segundo grado. “La mamá ya no quería mandarnos a la escuela allá porque era muy lejos y yo era muy peleadora”, sostuvo. Hace 25 años perdió al padre de sus hijos, y es la única de sus hermanos que continúa con vida. “Antes no había peligro de nada. Las más grandes cuidaban a los otros más chicos y cuando yo venía ya tenía medio hecho de comer, yo les daba de comer y a la tarde me iba de nuevo a trabajar. He pasado mucho frío y mucho calor”, culminó.