Detrás de todo gran hombre hay una gran mujer”, rezaba un refrán que ya cayó irremediablemente al baúl de los aforismos deconstruidos. Se refería a una idea bastante naturalizada a mediados del siglo pasado, tiempos en los que a Daphne Du Maurier le tocó ser esa “gran mujer” detrás de Alfred Hitchcock, para muchos el más grande director de la historia del cine.

Flemáticamente británica, hija de una familia de artistas cuasi aristocráticos, Du Maurier es la autora de Los pájaros y Rebecca, los libros que inspiraron las dos películas más celebradas de Sir Alfred.

Como tantas mujeres de su época, su fama estuvo tapada por la sombra de otros. Sus obras alcanzaron estatura de best sellers, pero jamás fue considerada dentro del selecto club de la literatura “en serio”. Era demasiado “rara” para eso: en sus historias –misterios de estilo gótico– abundaban temas urticantes para la moral dominante: la necrofilia, la homosexualidad, el incesto y los odios subterráneos de las relaciones familiares.

El cine la rescató de los márgenes de la historia, aunque la mayor parte de las adaptaciones suavizaron el contenido de sus textos originales. Ahora Netflix acaba de estrenar Rebecca, una nueva adaptación de su libro más famoso, que intenta hacer honor más a la obra de Du Maurier que al clásico de Hitchcock.

Es una peli que se deja ver bastante bien, pero, pobre, palidece en la comparación con su hermana mayor, que, por cierto, recibió el Oscar a mejor película de 1940. Vale la pena, de todas formas, verla como un camino de entrada al perturbador universo narrativo de una escritora claramente fuera de su tiempo.

Un vistazo a la remake de “Rebecca”