Surgido del explosivo under de los 80 y popularísimo desde su inolvidable personaje el Vasquito, Carlos Belloso se pone en la piel de un jefe barrabrava en Puerta 7, una de las apuestas fuertes de Netflix para este año.


Formado en el circuito under del teatro porteño, Carlos Belloso saltó a la televisión en 1999 con su entrañable personaje del “Vasquito” en Campeones de la vida, un papel que le valió el ticket de entrada al acervo televisivo argentino, pero que estuvo a punto de encasillarlo para el resto de su carrera.

“Después de hacer un personaje tan fuerte todos te quieren como el Vasquito, y tenés que hacerte conocer por todo lo contrario para que vean tus capacidades como actor. Me costó, tuve que aguantar un tiempo y rechazar proyectos”, cuenta en esta entrevista con Rumbos.

La espera dio sus frutos, y al poco tiempo le llegó la oferta para hacer de “Willy” en Tumberos, una serie dirigida y escrita por Adrián Caetano que marcó un antes y un después en la producción de ficción nacional. Desde ese momento, allá por el año 2000, la carrera de Belloso fue oscilando entre el teatro, el cine y la televisión. Ahora, a poco tiempo de haberse estrenado con éxito el filme La Odisea de los Giles –donde comparte pantalla junto a Ricardo Darín y Luis Brandoni– en febrero desembarcará en Netflix con uno de los papeles protagónicos de Puerta 7, una serie (también dirigida por Adrián Caetano) que aborda el tema de los barrabravas y la corrupción en el fútbol argentino.

Carlos Belloso

¿Fue difícil encarnar a un barrabrava? ¿Cómo preparaste el personaje?

Es un personaje que no sabe bien qué es. Si bien sabe perfectamente cómo son sus negocios, sus códigos sobre la relación hinchada-club, club-socio, socio-autoridades, en realidad se mueve en un clima muy familiar, le gustan mucho los amigos. Es un contraste muy fuerte, porque la traducción de eso es una maquinaria de crimen organizado donde está implicada la política, el deporte, el barrio. Entonces es en sí mismo una muestra, un corte transversal sobre un sistema de corrupción muy asentado en este país. Y al mismo tiempo es una ficción de acción, y no deja de ser un entretenimiento. Por eso tampoco es un documental, es una ficción que al mismo tiempo tiene mecanismos que ayudan para la reflexión.

La marginalidad y la corrupción son temas recurrentes en la ficción argentina, ¿por qué pensás que se da eso?

Somos una sociedad muy cómoda en cierto sentido. No sé si tengo ganas de hablar de política, pero tenemos un sistema representativo muy cómodo. Elegimos a alguien que puede hacer cualquier cosa y siento que la sociedad tendría que tener más participación política. Estoy muy de acuerdo en una democracia más directa, que haya plebiscitos, referéndums. Y las marchas están muy digitadas, desde el puntero hasta los medios. Falta más participación de la sociedad en sus problemas. Es cierto que la gente prefiere ver ficción sobre la cárcel o los barras antes que meterse con esos temas, aunque también la novela de la tarde como tradición argentina fue siempre así.

En Puerta 7 eligieron mostrar un club de fútbol ficticio, “Ferroviarios”. En la vida real, ¿sos hincha?

Soy de Boca, pero no soy fanático. A veces digo que soy “simpatizante” porque el hincha tiene que ir a la cancha todos los domingos. Yo la última vez que pisé la Bombonera fue en el 78 cuando salimos campeones de la Libertadores con Cali de Colombia.

¿Por qué no volviste a ir?

No me siento bien yendo a una cancha. Me siento nervioso, que estoy en peligro. Desde el 78 hasta esta fecha no se hizo nada en la seguridad de las canchas, porque sigue siendo lo mismo. Además soy fóbico a la gente también. A los recitales tampoco voy mucho. Mucha gente me pone nervioso y eso incrementa mi fobia. El fútbol me gusta más jugarlo que verlo.

¿Sos de jugar?

Sí, igual no puedo porque tengo esguince crónico de tobillo. No puedo hacer ni una cosa ni la otra (risas). Me gusta mucho seguir a la Selección. No me gusta meterme en esa maquinaria del fútbol que es eterna: ver cómo funciona y por qué no ganamos, que si salimos segundos y discutir. Esas cosas no me gustan del fútbol.

El arte como salvación

Carlos Belloso

Aunque no viene de una familia de tradición teatral, Belloso sintió desde muy joven una fuerte atracción por todas las expresiones artísticas. Durante muchos años coqueteó con la idea sin tomársela demasiado en serio, hasta que, con 18 años, fue notificado para participar como combatiente en la guerra de Malvinas, una experiencia que lo cambió todo.

“Siempre vi con buenos ojos el arte. Es una zona que siempre me resultó cálida y segura, donde yo me podría expresar. Pero me tocó la guerra de Malvinas y a partir de ahí pensé distinto. Estamos en manos de alguien que te manda a morir en cualquier momento, en una sociedad que avala eso. Entonces dije: voy a hacer lo que me gusta en la vida. Entonces empecé a pintar, me formé con Hermenegildo Sábat y hasta gané un tercer premio nacional de pintura. También hice música y después me acerqué al teatro. Quise formarme en el Conservatorio, pero me dijeron que no servía”, cuenta.

¿Por qué no te aceptaron?

Había gente del directorio del Conservatorio muy ávida de dinero, que al mismo tiempo te decían en un examen “vos sí, vos no”. Obvio que hay un filtro que obedecer, pero que después esos mismos te dijeran que fueras a tomar clases particulares a su casa, eso de llevar agua al molino propio. No me gustaba.

¿Creés entonces en una formación más libre?

No, a mí me gusta lo académico. Pero lo que pasa es que hay intereses. En esa época, en 1985, todavía había en el Conservatorio una cosa que no me gustaba. Pero todo eso se cambió. Yo después egresé de la escuela municipal. Pude hacer un examen bien, con gente a la que le gustaba el teatro. Y a dos cuadras estaba el Parakultural. Entonces terminaba en la escuela y me iba a la tarde a hacer laboratorio al Parakultural. Eso fue importantísimo para mi y para mucha gente.

Tu proceso de formación fue en el under…

Alejandro Urdapilleta, Humberto Tortonese, el grupo Gambas al ajillo. Mucha gente salió de ese foco infeccioso y del circuito underground de Cemento, Medio Mundo Varieté, Palladium. Esos lugares que nos daban lugar para expresarnos. Estuve en el momento de mucho aprendizaje, porque se estaba dejando una forma muy solemne de decir las cosas a una forma muy irreverente que iba surgiendo y ocupando los lugares que dejaban las formas anteriores. Hoy en día esa gente del under está en lugares que uno jamás iba a imaginar. Uno sólo lo hacía por amor al arte, o al under (risas).

¿Pensás que hoy hay una escena similar?

Yo creo que sí. Las necesidades son distintas, pero creo que hay focos infecciosos contraculturales que pueden ir por otro lugar. Pero en ese momento era preciso porque era como una olla tapada. Una contracultura que luego estalló en algo. Cuando vos tapás algo es muy probable que salte la tapa en algún momento. Ahora no creo que se esté tapando la olla de nada. Ahora lo veo más horizontal, más ramificado.

¿Sentís que cambiaste mucho tu carrera desde esos comienzos en el under teatral?

El mundo del teatro me fascinó, dejé todo para hacerlo y es mi sustento. Después viene lo de hacer televisión o cine, y siempre entrando con mucha humildad, sabiendo que hay mucha tradición. Aprendiendo siempre, para mí ese es el misterio de todo.

Ahora estás en otro mundo, con mucho cine y hasta haciendo series con Netflix.

Sí, pero yo igual sigo teniendo un espíritu under contracultural. Para mí también lo contracultural es probar otras culturas. Ahora, por ejemplo, me voy a Italia con algo mío que preparé yo, con funciones en diferentes ciudades. Me preparé todo el año estudiando italiano. Voy a intentar expresar mis necesidades en otro idioma y para otra cultura. Tratar de expresarte en otras culturas es probar cosas nuevas. No me va mal en teatro, en series, en cine. Pero para mí el espíritu under es probar otra cosa que jamás probé. Vamos a ver qué pasa.

Y con la pintura, ¿seguís?

No. Se dio como algo periférico que fortalece la actuación o mis ideas de puesta o mis ideas de director. Yo escribo teatro y dirijo, entonces lo periférico como dibujo, pintura, música, escritura, todo va enriqueciendo de alguna manera a lo teatral.

¿Nunca utilizaste el arte para canalizar todo lo que viviste durante la guerra de Malvinas?

No concretamente. Yo tengo un tema muy crucial con Malvinas. Yo soy un veterano de guerra no reconocido por el Estado. Yo no estuve en las islas, porque estaba dentro del teatro de operaciones en el litoral marítimo, en Río Gallegos. La veteranía me la dieron porque hubo una ley en ese momento de la guerra que me comprendía, pero cuando hubo que repartir las pensiones, el dinero, me sacaron. Sacaron a todos los del litoral marítimo, 8.000 efectivos, para repartir menos plata. Esa es una discusión que sigo teniendo hasta hoy.

Hablaste del tema en muchos medios, y tenés una postura muy activa para lograr la veteranía…

Sí. Actualmente existen dos leyes, una intervenida por un decreto, que es mi reconocimiento. Pero hay una ley en vigencia que me debe la medalla y el diploma de veterano. Y no me la dan. Hacemos todo lo posible con el grupo que pertenezco, el T.O.A.S (Teatro de Operaciones Atlántico Sur), para revertir un decreto anti constitucional que obstruye la ley que me reconoce plenamente. En mi caso no necesito la pensión, pero hay muchos compañeros que están muy mal. Y lo que más me duele es que se está muriendo gente que nunca fue reconocida. Es una bandera que siempre llevo. Tenemos una ley que queremos que se trate en el congreso para que deroguen ese decreto. Es un trabajo de hormiga. Vamos por el camino legal, que es el que más cuesta.





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