Viaje a la fiesta grande de la patria Guaraní.


Todos los eneros, en Corrientes, un conglomerado de artistas y fanáticos de la Argentina, Paraguay y el Sur de Brasil se da cita para celebrar el género por excelencia de nuestro Litoral. Una historia de raíces y florecimiento, bajo un grito sagrado: el del sapucay.

Lejos de ser solamente un género musical, el chamamé es un estilo de vida. Derrama gastronomía, danza, vestimenta, fiesta, llanto, pesar, siesta, alegría, tradición y -a la vez- vanguardia. A lo largo de las últimas décadas, el chamamé logró evolucionar, al punto de poder apreciar por el Litoral argentino y la zona guaranítica de Paraguay y el Sur de Brasil, la intacta tradición de su paisaje: por un lado, sus casas de galería, sus camalotales, su rica fauna y su vestimenta típica; y, por otro, las parejas de no más de veinte años de edad, bailando entrelazadas, con ropas más ajustadas, proyectando este género icónico del Litoral hacia el siglo XXI.

Chamamé Rumbos #858

Hace apenas unos días, el 26 de enero, finalizó la 30º edición de la Fiesta Nacional del Chamamé y 16º del Mercosur. Es la máxima expresión del género que aglutina a un pueblo que, al son de fuelles, acordeones y guitarras, celebra derribando cada vez más las fronteras. No sólo el Litoral argentino, sino todo Paraguay y el Sur de Brasil se concentraron durante diez días en la catedral del Chamamé: el Anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, en Corrientes.

Hace casi una década, la provincia del Nordeste argentino se proclamó como “Capital Mundial del Chamamé”. Y, desde hace algunos años, con el apoyo de la Cancillería argentina, continúa la búsqueda para que el género sea declarado por la UNESCO como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.

Evolución y movimiento Esta gran fiesta tiene su epicentro en el Anfiteatro “Mario del Tránsito Cocomarola”. Tiene allí su máximo lugar de encuentro. Su imponente escenario, su cada vez más grandilocuente puesta en escena… Pero también conquistó otros espacios con múltiples actividades para todos los gustos.

Chamamé Rumbos #858

“Chamamé con todos” fue una propuesta que este año desembarcó con música y danza en diversos hospitales, unidades penales y hogares de ancianos de la provincia. El propósito: que nadie se quede afuera de la “fiesta grande”.

Bailantas, cine, serenatas al río y charlas fueron algunas de las propuestas que, como satélites del gran Anfiteatro, tuvieron lugar este año, en el que el chamamé demostró que es hogar de la vieja tradición y de las nuevas generaciones. Un mundo donde hay lugar para todos: para las emblemáticas emisoras AM que transmiten a la hora de la siesta y para las radios web y apps con programación del género que funcionan todo el día… Para los que se lucen en las pistas de baile y los jóvenes que escuchan a Mario Bofill en dispositivos con bluetooth recorriendo la bella costanera correntina.

Chamamé Rumbos #858

El chamamé surca la historia regional, sorteando embates (se lo ha excluido en festivales nacionales) e irrumpiendo en todas partes con el virtuosismo de sus músicos, que lo han llevado al Teatro Colón y por todo el mundo con exponentes como Raúl Barboza, los hermanos Rudy y Nini Flores (este último, intempestivamente murió joven hace un par de años) y el Chango Spasiuk, entre otros embajadores. Sin olvidar a Los Alonsitos, por supuesto, que en cada gira sacan sapucay de Ushuaia a la Quiaca con sus temas tan pegadizos.

Es cierto que al género le falta mercado, pero también que le sobra público. Es razonable pensar que faltan gestores, pero las bases y el talento están. Muchos grandes nombres ya se han ido. Pero la renovación tiene fuerza y sabe cuáles son sus raíces. Los nuevos valores le dan movimiento. Marcan el rumbo hacia donde los dirige el grito sagrado, el sapucay.

¿Más contrastes? Chicos bien chicos, como el paraguayo “Bichito” Echeverría, de 15 años, que toca el acordeón y la descose en el escenario con gran puesta y presencia y se lookea como Justin Bieber. O la Pilarcita, con unos pocos años más, que hace sonar su fuelle pero con vestimenta tradicional gaucha.

“Desde hace años, venimos trabajando con la idea de la evolución, de la generación de nuevos espacios y la consolidación de los ya existentes y exitosos, como la Fiesta Nacional”, dice a Rumbos el titular del Instituto de Cultura de Corrientes, Gabriel Romero. El funcionario admite que le encantaría lograr “mayor reciprocidad” con los actores que aglomera Corrientes para este evento, y se refiere a paraguayos y brasileños.

En enero todo el chamamé se concentra en Corrientes. La ciudad no da abasto con su capacidad hotelera ni con sus ofertas gastronómicas. Llenan sus calles micros de Paraguay y automóviles de Brasil. Casi en tono de reclamo, la provincia aspira a que los eventos de esos países, que también tienen al género como epicentro, puedan ofrecer espacios a los artistas de nuestro Litoral, como lo hace generosamente Corrientes cada principio de año con artistas y turistas de la zona gaúcha y guaranítica.

Chamamé Rumbos #858

“Seguiremos generando más espacios para nuestros artistas, fomentando a los nuevos y emergentes valores y, claro, con el mayor desafío siempre presente: hacer que el Chamamé sea Patrimonio de la Humanidad”, agrega el referente cultural correntino.

Como recogiendo el guante y tomando el desafío, desde la Gobernación Central de Asunción, su administrador, Hugo Javier González, se ha propuesto generar este año el primer Festival Nacional de la Polka y Chamamé, en Areguá, Paraguay. El intercambio cultural es muy real, tangible. Danza, música, comidas, idioma (Corrientes tiene al guaraní, por ley, como lengua alternativa oficial), artesanías, artes visuales, paisaje y cine. El paraguayo se siente un poco correntino y el correntino un poco paraguayo.

Pero desde la institucionalidad seguramente esas conexiones contarán con otra fuerza, ya que este bosquejo en el vecino país pretende una alianza con la Fiesta Nacional del Chamamé, con artistas plásticos, emprendedores gastronómicos y artesanos.

Éxodo por toda la Argentina

Seguramente tiene explicación el porqué de la ramificación de este género en toda la Argentina. El Nordeste expulsó durante décadas a muchos de sus hijos. Y estos se llevaron consigo costumbres y hábitos entrañables, como narra Teresa Parodi en la letra de su canción “Bajo el cielo del albañil”: “Litoraleños arribaron a las grandes concentraciones de cemento y, entre arena y cal, sonaba su música, el chamamé”.

Así también sucede con los paraguayos que pueblan los barrios de la ciudad de Buenos Aires y todo el suelo bonaerense. Laburantes honrados, sufridos, que viven con poco y sobreviven con menos, y arrastraron hacia otros destinos su máxima riqueza: la cultura guaranítica, esa forma de ser estoica, desprendida, pero aferrada siempre a su tradición.

De la Argentina a la cultura mundial

Antes de que todo se llene de purpurinas, plumas y lentejuelas, y que la atención del Litoral gire hacia Gualeguyachú, la Capital Nacional del Carnaval, en esta parte del país todo es chamamé. La cultura viva de un amplio espectro geográfico que sigue abrazado a su “manera de ser”, como rezó el slogan de esta última Fiesta Nacional del Chamamé.

El género no deja de renovarse junto a sus estrellas y su nuevo público, sin dejar de galvanizar a los ya cautivos ni olvidar a los fanáticos de toda la vida. Tardes de mucho calor y alta humedad. Mate o tereré en las veredas. El valor casi religioso que le da el chamamecero a las palabras, a su pensar, a su sentir, a su vivir… Algo indescriptible si uno no lo vive en su propia piel.

Esas casas antiguas de galería, esa arquitectura colonial y el trato afable y campechano –en Corrientes son grandes anfitriones– se enaltece aún más, en enero, por el Taragüi. A quien algo le gustaba este panorama, se enamora, se radica o vuelve cada vez que puede. Quien lo descubre, lo examina atento, admirando a quienes lo sienten correr por sus venas.

Una vez más se va la Fiesta Nacional del Chamamé, dejando su gran estela y su barullo, auspiciando la calma de los días comunes. La peregrinación al Anfiteatro Cocomarola para 2021 aún queda lejos. Esos hijos de este suelo, que desembarcaron en junglas de cemento para trabajar en los andamios; los peones en sus ranchos, los jóvenes en sus peñas, asados y guitarreadas abren ahora un paréntesis. Tal vez, en ediciones no muy lejanas, el chamamé, desde Corrientes, sea de toda la Humanidad.





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