Antonela Palacios y María Eugenia Llases fueron autorizadas por el Gobierno nacional a pesar del cierre de fronteras.


Dos científicas formadas en Rosario protagonizaron un inusual viaje aéreo para sumarse a un equipo de argentinos que desarrolla un test rápido para detectar pacientes con COVID-19. Las biólogas fueron las únicas pasajeras de regreso en un vuelo sanitario hasta Estados Unidos para sumarse al proyecto.

El periplo de Antonela Palacios y María Eugenia Llases empezó por tierra hasta que llegaron el Aeropuerto Internacional de Ezeiza y allí fueron recibidas por la tripulación que se encargó de llevarlas hasta Miami. Mediante un segundo vuelo con otros pocos pasajeros, las investigadoras se encontraron con sus colegas Guillermo Repizo, Julia Lara e Ivana Parcerisa, quienes están instalados en San Francisco desde marzo trabajando en el desarrollo del kit.

Las expertas del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) son parte de una red que incluye aportes desde Tucumán y también por parte de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). El punto de llegada con un plazo de 60 días es el prototipo de una tira reactiva cuyo costo estimado no alcanza los 5 dólares. Con un mecanismo similar al de un test de embarazo esperan emplear muestras de hisopado nasal para confirmar o descartar en una hora la presencia del virus responsable del COVID-19.

Aunque las fronteras están cerradas, las investigadores fueron autorizadas por el Gobierno nacional para aprovechar uno de los vuelos de repatriados e ir a trabajar al laboratorio californiano. Desde allí creen que es más accesible conseguir la aprobación estadounidense por parte de la Agencia de Medicamentos y Alimentación (FDA por sus sigla en inglés) y más adelante la correspondiente a la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat).




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