Eduardo Morel Quirlno y Joaquín Mosso, son parte de Águilas del Imperio y expusieron su experiencia en el Congreso Imagina en Río Cuarto.


“No soy la misma persona antes del 16 de septiembre de 2017 y después de esa fecha, el día que tuvimos el primer entrenamiento en la cárcel de Río Cuarto. Como la mayoría, yo también pensaba ‘si están ahí adentro por algo será, que se pudran, que cumplan su condena’. La primera vez que fui fue tal el choque que me di cuenta que era verdad, ahí adentro se pudren”. Las palabras son de Eduardo Morel Quirlno, uno de los responsables del proyecto Águilas del Imperio, que trabaja con personas en contexto de encierro, que lleva el rugby a las cárceles.

Y sigue: “Me di cuenta que el problema no es lo que pasa ahí adentro, el problema es cuando salen. El problema es que cuando ellos salgan van a hacer lo mismo que hacían adentro”.

Junto a Joaquín Mosso, Eduardo expuso su experiencia en el segmento Gente que Une, en el Congreso Imagina en Río Cuarto. Y revelaron datos que le dan aún mayor firmeza al proyecto. “Del 65% de las personas que han pasado por el proyecto en la cárcel solamente el 5% reincidió. Este es el motivo por el que tuvo tanto éxito este proyecto”, indica Joaquín.

La iniciativa (netamente argentina) nació en la Unidad 48 de Buenos Aires. Allí nacieron Los Espartanos y Río Cuarto fue la primera ciudad cordobesa en tomar este ejemplo. 

“El rugby ayudó a ponerle valores y a transformar la realidad que se vive en cárceles superpobladas. Este deporte tiene un gran valor: el tackle. Esta acción te enseña dos cosas. La primera es que uno puede todo y la segunda, que cuando a uno lo derriban, tiene que levantarse porque el equipo te necesita”, dice Eduardo.

Las Águilas del Imperio, proyecto de rugby en la cárcel de Río Cuarto

Y se suma Joaquín: “Es gente que nunca sintió el sentido de pertenencia, nunca sintió un afecto, un abrazo. Cuando vamos a compartir los encuentros, es maravilloso. La gran mayoría de nosotros entró al proyecto con la idea de enseñar rugby y el rugby terminó siendo una excusa”.

Los voluntarios terminaron involucrándose tanto en la iniciativa que ninguno de ellos es el mismo que entró. “Ellos no van a morir en la cárcel, hay chicos de 18, 20, 30 años que tienen condenas de dos, cinco o 10 años y el día de mañana van a estar entre nosotros, tienen sus hijos entre nosotros. Tenemos que entender que son parte de la sociedad y están ahí cumpliendo su condena. Respetamos y entendemos eso, pero sabemos que ellos tienen que tener herramientas de vida para no volver a estar ahí”, relata Mosso.

Como muchos ex rugbiers, Morel Quirlno se acercó a iniciativa con la idea de devolver al rugby un poco de lo que el deporte le dió, pero Águilas del Imperio le cambió la vida. “El día que fui a la cárcel no pude dejar de ir más. Son dos mundos completamente diferentes y ese muro te demuestra los dos mundos. Parte de lo que queremos transmitir es que tenemos que tratar de derribar ese muro y no estamos justificando o diciendo ‘pobrecito el que está adentro de la cárcel’. No, no hay ningún pobrecito adentro de la cárcel. La realidad es que si lo pensamos del lado egoísta, lo que yo quiero es que no vuelva a hacer lo mismo, porque el problema lo voy a tener yo y lo va a tener mi familia”, comenta Eduardo.

Y cierra: “Nosotros trabajamos sobre tres pilares. El primero es la transformación de los voluntarios; el segundo, la de los internos y lo estamos logrando; el tercero, la transformación del Servicio Penitenciario (también lo estamos consiguiendo). Ahora nos falta un último pilar: transformar la sociedad”.





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