El precandidato a concejal de Ciudad Progresista, Matías Martínez Sella (Adelante-Frente Progresista), presentó la propuesta “Camino a la Vivienda”. Lo hizo acompañado por Pablo “Poli” Comtesse, integrante de la lista.

Martínez Sella describió: “En Rafaela hay un importantísimo déficit que tiene que ver con la imposibilidad de acceder a la casa propia. Para una familia, el primer paso para transitar el camino a la vivienda es el lote. Hoy, en el mercado es casi imposible para una familia trabajadora. Yo tengo 28 años. Soy de la generación de jóvenes que les resulta inalcanzable el sueño de la casa propia”.

“A partir de esta realidad” explicó Martínez Sella, “se buscó la posibilidad de que, ante una situación de excepción, como es la pandemia y las consecuencias económicas y sociales que ha dejado, hay que encontrar una medida excepcional”.

Hoy para realizar un loteo se exige factibilidad hídrica (que no sea inundable), ambiental (que no esté al lado de un basural, por ejemplo), apertura de calles, electricidad, mensura, espacio para servicios (salud, educación, vecinal) o espacios verdes. Pablo Comtesse, que tiene una reconocida trayectoria en el ámbito inmobiliario local evaluó “todas esas exigencias están bien. Y, además, no tienen un costo elevado. Pero la norma vigente exige también otras obras de infraestructura como pavimento, agua, gas y cloacas. Un ejemplo: el pavimento, a precio de hoy, encarece cada lote (de 10 metros de ancho) unos $400 mil. Y a esto hay que sumar los demás servicios”. En resumen, “Bajando excepcionalmente este nivel de exigencias, el costo del loteo disminuye tanto que le permitiría obtener su lote a muchísima gente que hoy no puede” destacó Martínez Sella.

Algunas cuestiones a tener en cuenta

En la normativa, debería buscarse la manera de evitar que, con un bajo costo, se venda el lote como los que tienen todos los servicios. Allí se debe generar un mecanismo de control por parte del municipio para que no haya ningún tipo de especulación.

La propuesta incluye también la posibilidad de que los mismos beneficiarios puedan adquirirlo a través de una cooperativa, una mutual o un fideicomiso.

Se puede vender a plazo pero con actualizaciones adecuadas a los salarios y con mínimo interés anual. Se debería establecer claramente que, si alguien no puede continuar pagando, se rescinde el contrato y se reemplaza por otro, descontando solo el 20 % de lo pagado, y que el resto se devuelva.

Comtesse contó que “hace 30 años, a través del armado de una mutual de viviendas, brindamos la posibilidad a 277 familias de obtener su lote de 10 x 30. Pagando la tierra, la mensura, la apertura de calles y el tendido de la electrificación. Se entregaban a los asociados cuando se llegaba a la cuota nueve. Luego de acceder, pagaban su escritura. Y al poco tiempo fueron pagando las obras de pavimento, agua corriente, cloacas y hasta gas natural. Concretamente esta experiencia fue en Barrio Villa del Parque al Sur de Avda. Aristóbulo del Valle. Con el tiempo, cada uno se fue haciendo su propia vivienda. Luego, por etapas y con este sistema, se concretaron alrededor de 300 lotes más” cerró.