¿Cuántas veces dijiste que estabas esperando a que llegara el día más importante de tu vida?

Ese que tanto planificas cómo va a ser, de comienzo a fin.

Con una lista de las personas con las que te gustaría compartirlo.

En un determinado momento y lugar.

Pero, cariño, se va la vida esperando el día más importante de tu vida, cuando, en realidad, tal vez uno de los hechos más trascendentales de todos esté a punto de ocurrirte.

Puede que en cuestión de horas o minutos tu vida cambie por completo.

Ya sea para hacerte la persona más dichosa o la más miserable del universo.

¿Y qué si entonces el día más importante de tu vida no sea uno que estuviste planificando sino uno que ocurrió y ya?

Que, en mi experiencia, los eventos más importantes y que más te marcan son aquellos que ocurren y ya.

Sin preaviso ni organización previa.

Así como de golpe se desata un huracán, puede que de la nada ocurra algo que te llene de tristeza o de felicidad.

Lo fundamental es la manera en que te dispongas a afrontarlo.

Pues, que disfrutes depende de vos y de que no te empeñes en planificar tanto sino en vivirlo.

Es hora de que caigas en la realidad de que todos los momentos son únicos.

Nunca vas a volver a ser igual de joven o tener la oportunidad de vivir el día de hoy una vez más.

El momento más importante de tu vida puede ser este mismísimo instante.

Aunque no lo hayas previsto o pensado.

Que la vida en definitiva es eso: sacar lo mejor de los momentos inesperados.

No te quedes esperando al día más importante, empezá a vivir como si este pudiera ocurrir en cualquier instante.