El fútbol ha parado para todos: en el potrero de un campito entrerriano, en las canchitas improvisadas del conurbano bonaerense, en los terrenos desérticos y pedregosos del sur, en el suelo montañoso del norte. En las plazas repletas de chicos de escuela con guardapolvo y vecinos corriendo detrás de una pelota, jugando a ser felices. Charlamos con Gorosito sobre fútbol y cuarentena.


Néstor “Pipo” Gorosito es un vecino del barrio de San Fernando, en el norte bonaerense. Conoce sus calles y su gente. Como Director Técnico de Tigre, ha ido y venido del estadio José Dellagiovanna infinidad de veces. Pero hoy le toca quedarse en su casa a cumplir la cuarentena, como a la mayoría de los argentinos.

Este deporte que tanto conoce, ha quedado en segundo plano desde que la AFA lo suspendió el 18 de marzo pasado. La pelota se ha desinflado. Y surge el interrogante: ¿Qué pasa con el fútbol en tiempos del coronavirus?, ¿Cómo viven y qué sienten los protagonistas?

Gorosito afirma del otro lado del teléfono: “Tengo la ansiedad lógica por el momento que se vive. El deseo de ver la luz del túnel, de que esta pandemia pase lo más pronto posible”. Su manera de colaborar en este tiempo es quedándose en su casa y saliendo solo a lo esencial, como ir al supermercado a hacer las compras.

Se conecta con los jugadores de su equipo diariamente para realizar los trabajos físicos. Les toca adecuarse a un espacio muy reducido ya que muchos viven en departamento.”Al ser un deporte de alto rendimiento durante un tiempo lo podés mantener pero después empiezan a perder fuerza, potencia, trabajo aeróbicos, anaeróbicos. Eso después se va a tener que recuperar con un tiempo largo en el campo de juego. Lo de ahora es mantención más que entrenamiento”.

El ex jugador de River, San Lorenzo, Universidad Católica de Chile y la Selección Argentina, entre otros equipos, sostiene que “no es una cosa normal en la carrera del jugador, salvo que tenga una lesión, pero sino es muy difícil estar tanto tiempo sin jugar al fútbol”. Y agrega que los jugadores al ser mucho más jóvenes que él sienten la necesidad y el cuerpo les pide acción. Están acostumbrados a una rutina de entrenamiento y parar de un día para el otro es difícil.

¿Cómo entrenar el cuerpo y la mente?

Sumado a lo físico está lo emocional y el futbolista tiene que enfrentarse a un rival desconocido. Sebastián Manuel González trabajó como Psicólogo de Guillermo Brown de Puerto Madryn, equipo de la Primera Nacional del Fútbol Argentino; además de trabajar personalmente con varios jugadores. Afirma que “todos somos animales de costumbre. El futbolista también. Necesita esa rutina semanal, ese cronograma pautado al inicio de cada temporada. La pandemia los desarmó. Necesita esa guía y contención”.

Con respecto al entrenamiento puertas adentro de la casa, explica que “obviamente no es lo mismo. Hay una curva, picos de motivación, momentos de desconcentración en que no quieren hacer nada”.

La Asociación del Fútbol Argentino decretó terminar los torneos, suspender los descensos y muchos contratos vencen a mitad de año. Los que más sufren son los equipos del ascenso y aquellos jugadores que no cobran grandes sueldos y viven al día. Esta situación les quita la posibilidad de cobrar, de ser transferidos, de que un club se arme para pelear un campeonato o salvarse del descenso. “Son mas incertidumbres que certezas con respecto a lo contractual, si no hay torneo no hay confirmación de contratos. Necesitan la continuidad competitiva. Detrás del futbolista hay familias y hay muchas expectativas puestas”, sostiene González.

Para él, hay dos formas de reaccionar ante la situación: “si se ve como una traba va a ser más difícil de sobrellevar. Si se ve como una oportunidad de aprendizaje y de reinventarte va a ser más llevadero. Uno sobresale porque puede adaptarse ante la adversidad. En el caso del futbolista, la adversidad es estar encerrado y no poder jugar al fútbol”.

2020, que estaba llamado a ser un gran año de espectáculos deportivos, deberá postergar las ansias de los organizadores, los protagonistas y los fanáticos. Ligas nacionales y torneos internacionales, Eurocopa y Copa América, quedaron en veremos. Nos debemos conformar, mientras dure la cuarentena, con hacer un zapping del fútbol del recuerdo. La televisión está pasando partidos de antaño, epopeyas del pasado, la final de Italia 90, el Boca de Bianchi, la sub-20 de Pekerman.

El deporte no es lo más importante pero es muy importante. Y vaya si lo es. En épocas de cuarentena se está viendo como grandes estructuras (FIFA, UEFA, CONMEBOL, AFA) sintieron el impacto. Comienza a tomar valor lo individual y la necesidad de reinventarse. Grandes futbolistas son también súper estrellas en las redes sociales, son cercanos, quizás como nunca antes. Qué paradoja: distanciados pero unidos por la tecnología. El mundo está cambiando. Se derrumban mitos, se construyen nuevas realidades, se genera conciencia. Para quien quiera reflexionar y repensar la vida.

La pelota desinflada.

La pelota está desinflada. El tiempo, el trabajo, la solidaridad, la esperanza, serán infladores que le den el aire para volver a rodar. Para salir a la cancha y junto con ella los artistas de la pelota: los futbolistas. Todos estamos esperando el momento. La pelota está desinflada, no pinchada.

Frases de futbol en tiempos de cuarentena

El fútbol ha parado para todos: en el potrero de un campito entrerriano, en las canchitas improvisadas del conurbano bonaerense, en los terrenos desérticos y pedregosos del sur, en el suelo montañoso del norte. En las plazas repletas de chicos de escuela con guardapolvo y vecinos corriendo detrás de una pelota, jugando a ser felices.

Gorosito (Técnico de Tigre): “Estar tanto tiempo sin jugar no es algo normal en la carrera del jugador, salvo que tenga una lesión. Está acostumbrados a una rutina de entrenamiento y parar de un día para el otro es difícil” Debemos conformarnos con el deporte de la nostalgia en la televisión: el Mundial 86, el Boca de Bianchi, la sub-20 de Pekerman. Nos recuerdan lo lindo que es el fútbol y lo lindo que va a ser cuando vuelva.

Por Agustín González, Especial para Vía País Paraná




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