El caso ocurrió en Villa La Angostura. El hombre fue denunciado por siete mujeres con las que trabajaba.


Un juez civil de Villa La Angostura avaló el despido de un empleado de hotel acusado por sus propias compañeras de trabajo por acoso laboral. El empleado fue echado del alojamiento tras 25 años de servicio, a raíz de las denuncias de siete mujeres que comentaron que el hombre se les insinuaba y, al recibir una negativa, las denigraba.

“¿Resultaría ajustado a derecho, lógico y/o equitativo obligar a la patronal a mantener un vínculo laboral aplicando sanciones de menor gravedad con un empleado que se dirige a sus compañeras de trabajo preguntándoles o diciéndoles ‘te quiero coger’, ‘todo lo que te haría’, ‘¿qué bombacha o qué corpiño te pusiste?’, ‘¿tú marido te atendió bien o te atiendo yo?’, ‘vos siempre me tuviste ganas’, ‘¿dormiste con camisón o en bombacha y corpiño?'”, se preguntó Jorge Videla, juez civil de dicha localidad.

Y se autorespondió: “La respuesta es clara y evidente: no. No puede lógicamente pretenderse que la empleadora tolere este tipo de situaciones, rayanas con la violencia de género, en su establecimiento ni mucho menos permanecer al margen en una situación tan delicada. Por el contrario, era su deber tomar cartas en el asunto y así lo hizo”.

Los fragmentos son parte de la sentencia dictada por Videla en la que rechazó la demanda presentada por un hombre contra un hotel en el que prestó servicio durante 25 años en donde acosaba a las empleadas. El fallo fue apelado a la Cámara Civil.

(foto ilustrativa).

Los hechos denunciados

Desde el establecimiento de Villa Manzano explicaron que el despido fue por justa causa y se basó en la pérdida de confianza originada en una serie de denuncias que recibió el hombre, desde el año 2018, de empleadas del hotel que afirmaron que el hombre tenía con ellas un trato sexista, denigrante y humillante.

En el fallo la empleadora puntualizó que él “comenzaba con comentarios de índole sexual y que cuando lo rechazaban, cambiaba su actitud convirtiéndola en maltrato, respuestas agresivas y comentarios denigrantes.”

A raíz de esto la empleadora le realizó llamados de atención y se le pidió el descargo “siendo el mismo insuficiente para desvirtuarlas”. Tras el despido las trabajadoras radicaron la denuncia en la Oficina de Violencia de Villa La Angostura.

Los testimonios de las empleadas describen que era habitual recibir comentarios “guarangos, soeces, ordinarios” como “qué buenas tetas o qué lindo culo”, y cuando se le decía que cesara “como que le daba un despecho o pasaba de esos comentarios sexuales a malos tratos directamente, tratos despectivos del tipo: ‘sos mujer, no entendés nada’, ‘hoy te vino tu ciclo, entre otras’”. Las veces que se le marcaba su actitud “lo que este respondía (es) que siempre había actuado así, que no iba a cambiar su actitud y que entendía que lo que hacía no estaba mal”.

Villa La Angostura

Fallo del juez civil

El juez, Jorge Videla, señaló que el exempleado “no cuestionó en momento alguno, ni en su demanda, ni al momento de producirse las declaraciones ni mucho menos al efectuar su alegato, la idoneidad e imparcialidad de las referidas declarantes”. 

Subrayó que “los hechos debidamente acreditados y ya analizados constituyen sin lugar a dudas una injuria desuficiente entidad como para justificar su decisión rupturista”. El magistrado hizo hincapié en que “nos encontramos en una época de profunda transformación en la que el movimiento feminista se encuentra en plena lucha por el cambio del sistema patriarcal imperante siendo uno de sus estandartes la erradicación de la violencia de género”.

Videla definió a la violencia contra las mujeres como aquella que debe estar basada en “una relación desigual de poder”, y en este caso no encontró “aquel factor de desigualdad como fundamento de la violencia ejercida por parte del actor contra sus compañeras de trabajo”.

“Si bien entiendo que no se ha configurado un caso de violencia de género, al menos en su sentido legal estricto, sí interpreto que se ha probado un trato tanto verbal como físico completamente inadecuado e inadmisible en el ámbito laboral que, sin lugar a dudas, tuvo su fundamento y resulta agravado por la circunstancia de que su autor fue un hombre mientras que sus víctimas fueron mujeres”, concluyó Videla.




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