Muchos creen que un médico recibe altas remuneraciones por su labor. Sin embargo, es de público conocimiento -gracias a las numerosas protestas y manifestaciones- que los profesionales de salud que trabajan dentro de la órbita pública tienen muy mala paga, por lo que la mayoría se desempeña desde lo privado.

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No obstante, hay un cirujano plástico mendocino que, teniendo todas las oportunidades de dedicarse al 100% al ámbito privado, decide seguir trabajando en los hospitales públicos. Se trata del doctor Sebastián González, quien trabaja como médico de planta en el Hospital Lagomaggiore en el servicio de cirugía plástica reparadora y de quemados, y como médico de guardia en el sector de los quemados.

Si bien también tiene su labor en el ámbito privado desde su práctica, el cirujano fue claro al expresar que el sentimiento más gratificante de su trabajo la obtiene dentro del hospital público, ayudando a los pacientes que menos tienen.

El trabajo dentro del hospital

Como médico de planta y de guardia dentro del Hospital Lagomaggiore, poco tiempo le queda a Sebastián para trabajar en otro ámbito, por lo que la mayor cantidad de su tiempo la pasa allí.

Son múltiples las tareas que realiza dentro del hospital. Hace el seguimiento de todos los pacientes que se enteran en el hospital, la cirugías y las guardias. Sobre las cirugías, trabaja con la reconstrucción de diversos afectos, siempre buscando que el área sufrida quede lo más estéticamente aceptado posible.

Su meta allí no es arreglar estéticas por la belleza, sino reconstruir para recuperar la autoestima de sus pacientes y evitar daños a su psiquis. Se hace todo tipo de cirugías y tratamientos, desde injertos a reconstrucciones mamarias.

Particularmente, el trabajo que se realiza a las mujeres que han pasado por el cáncer de las mamas es muy especial. En algunos se realiza la reconstrucción mamaria al momento inmediato de sacar el tumor. A otras se les realiza un tratamiento para construir la mama faltante. “El objetivo es tratar de que esa mujer nuevamente se reconozca como mujer. Es muy secular para la psiquis de una mujer tener una sola mama”, expresó Sebastián a Vía Mendoza.

Sebastián González, cirujano plástico de Mendoza.

Además realiza la guardia de los pacientes quemados. Todas las personas que hayan sufrido quemaduras de alto grado de la región de Cuyo son llevadas al Hospital, inclusive algunas de las provincias del sur también. Allí se realiza un trabajo de codo a codo con los terapistas del área de quemaduras, para lograr que la persona pueda tener su piel de la zona afectada de la mejor manera posible.

Lo que mas llena

El profesional fue claro en expresar que donde más crece laboralmente es afuera del ámbito privado, desde el aprender las técnicas novedosas a lo económico. Sin embargo, lo que Sebastián realiza es aplicar en lo público lo que aprende desde lo privado. De esa manera, le enseña a los residentes y los pacientes son beneficiados con las nuevas técnicas.

“Por ejemplo, pacientes que antes se amputaban, ahora con algunos otros tratamientos logramos hacer que no se llegue a la amputación y reconstruir un miembro, que es mucho mejor que tener un muñón. Espiritualmente suma mucho, llena mucho”, comentó el cirujano.

De acuerdo a Sebastián, la mejor parte de su trabajo la encuentra atendiendo a quienes menos tienen. “En la parte privada uno tiene sus alegrías con sus pacientes, pero realmente lo asistencial termina siendo en la parte pública y es una lastima que estemos tan mal pagos”, aseguró el especialista mientras mencionaba que con un mejor presupuesto se podría hacer mucho más.

El cirujano estableció que su meta todos los días es “darle lo mejor que pueda al que menos tiene” y brindarle sus servicios. “El que no tiene cobertura médica no tiene que quedar desamparado y tampoco puede recibir un tratamiento peor por no tenerlo, es injusto”, expresó.

Sebastián ha sido testigo en primera fila de los cambios en sus pacientes. Llegan de una manera y salen de otra. Pero el mayor cambio no se produce a nivel estético, sino a nivel psicológico y de valor propio.

El médico contó que los casos que más le marca son los pacientes más jóvenes. Hubo un caso de un joven de 16 años, que llegó al hospital con pelo largo y encapuchado, totalmente retrotraído. El adolescente sufría de orejas en asa, “evidentemente eso había sido foco de bullying en su entorno”.

Fue operado y con éxito. Al mes, Sebastián tuvo la oportunidad de verlo nuevamente y no lo reconoció, pero por su actitud. “Fue una persona totalmente distinta. Tenía un corte de pelo nada que ver, más moderno, sin capucha y más desenvuelto y seguro de sí mismo. Son este tipo de cosas los que a uno le llena de satisfacción”, dijo el cirujano. Los cambios de género también le producen gratificación que no consigue en otra labor.

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Es tanto el amor que siente al atender a quienes no poseen recursos que está planificando trabajar con una fundación que buscará brindar las cirugías estéticas a esas personas que tienen serios problemas, que realmente dañan a la psiquis o el autoestima, pero no tienen como pagarlo. Finalmente, el profesional concluyó que el trabajo que paga con una sonrisa es más gratificante que el trabajo que se paga con dinero.