El 11 de octubre, la cantante hubiese cumplido 59 años. Adriana, su gran amiga, la recordó en un vivo de Instagram.


“Quisiera no decir adiós, pero debo marcharme. No llores, por favor; no llores. Porque vas a matarme”.

No es mi despedida es el nombre de aquella canción de Gilda que terminó por convertirse en un himno. No solo por la simbología y el mensaje de la letra de la canción (que resume todo su espíritu en el nombre), sino por un agregado que la convierte en más emotiva todavía: la pieza musical salió a la luz después de aquel fatídico 7 de septiembre de 1996 en que la cantante popular perdió la vida en un accidente de tránsito en Entre Ríos.

Foto: Instagram @imperialmaipu

Y si a cualquiera que la escucha le resulta estremecedor desde el nombre de la canción hasta los fragmentos en que pide que no la lloren y que no quisiera decir adiós, ni hablar de lo que puede significar para Adriana Mariño, aquella mujer que se mudó con menos de 9 años al Quinto Ce de un edificio en Villa Lugano y que conoció a una pequeña Miriam Alejandra Bianchi que vivía un piso más abajo, en el Cuarto Ce. Todavía ninguna de las dos -por entonces- niñas lo sabía, pero Miriam terminaría por convertirse en la mítica Gilda. Y también en la “hermana mayor” de Adriana; quien desde hace algunos años vive en Mendoza. Y quien recordó a su hermana, amiga y confidente en un más que emotivo vivo de Instagram realizado en el perfil del Cine Teatro Imperial, de Maipú.

“Se la extraña mucho, físicamente. Pero es como que la esencia ha permanecido siempre en un montón de cosas. No solo en la música, sino en la gente que la recuerda permanentemente, en quienes vieron la película y se engancharon en una historia que nadie pensaba que era así. Y también en la amistad, donde está ese ida y vuelta que te deja huellas, que te deja marcas; y de repente te ves haciendo cosas que ella hubiese hecho, o diciendo cosas que ella hubiese dicho”, resumió Adriana en el Instagram live realizado el sábado 10 de octubre, a horas de lo que hubiese sido -ya el 11- el cumpleaños 59 de Jill (pronunciado como Shil); tal y como se hacía llamar.

“Ella trabajaba en un jardín, en el turno tarde. Y en el turno mañana había otra maestra que se llamaba Miriam también. Entonces, como ella era fanática de Los Ángeles de Charlie, y del personaje de Jill (interpretado por Farrah Fawcett), pedía que le dijeran así para no confundirla con la otra maestra. A todo el mundo nos costó, pero nos acostumbramos”, resumió Adriana sobre el apodo con el que la conocían los más íntimos.

Amigas y hermanas

El vínculo entre Gilda -Jill para Adriana- y esta última era por demás estrecho; eran muy unidas. Tanto que el día en que la cantante y Raúl iban a contraer matrimonio, las dos estuvieron horas y horas tomando mate y tocando la guitarra, despreocupadas de todo. “Era como una hermana mayor. Yo soy la mayor de 5 hermanos, pero no tuve nadie mayor que me guiara. Y ella tenía un hermano menor, pero no tenía hermanas. Entonces nuestra relación fue como de hermanas”, rememoró emocionada Mariño.

Foto: Captura Web

Durante la infancia y adolescencia, eran inseparables: Jill acompañó a Adriana a su primera cita, le enseñó a tocar la guitarra y compartieron un viaje de adolescentes a Mar del Plata; entre otras tantas e incontables cosas. “Ella soñaba todo el tiempo, era muy fantasiosa; y yo me enganchaba como hermana menor, la seguía a todos lados. Nos gustaba cantar, escribir canciones. A veces pensábamos que podríamos estar en algún lado cantando; pero ella soñaba con una vida tranquila. Ella quería tener una familia, hijos; quería ser maestra jardinera y lo fue. La vida la llevó por ese lado, pero su alma le pedía de alguna manera eso que finalmente terminó siendo. Ella nació para ser Gilda, todo lo demás fueron procesos que atravesó para llegar a ser recordada y querida como Gilda”, indicó con convicción durante el encuentro virtual, que contó con la periodista Marina Correa como moderadora y entrevistadora; y con fanáticos de distintos puntos del país que participaron del encuentro.

Juntas desde siempre

El recuerdo que Adriana mantiene de la Gilda niña y adolescente, esa etapa que no se muestra en la película protagonizada por Natalia Oreiro y el perfil del que poco y nada se conoce, es más que nítido. Por ese entonces no era todavía ni Jill, ni Gilda. Era Miriam, o tal vez Miri.

Foto: Facebook Gilda

“De chica siempre fue carismática, la chica de la que todos quieren ser amiga. Tenía una luz, porque además era buena en todo lo que hacía; se destacaba por pura esencia desde chica. En la adolescencia, era muy linda: alta, vistosa. Pero era una persona sumamente discreta y de perfil bajo. No la ibas a ver nunca muy producida, pintarrajeada, con ropa ajustada o escote. Además, no necesitaba de los otros para hacerse notar, tenia ese don de gente con la gente y siempre estaba rodeada”, siguió emocionada Adriana desde su casa. Y no es para menos, ya que compartían prácticamente todo.

Otra característica que su amiga recuerda de Gilda era la poderosa imaginación y capacidad de fantasear. Bastaba con alguna situación que le hubiese tocado vivir en persona, o que alguien le hubiese contado para inspirarse y darle vida a la letra de una canción. “Es un don, se nace con eso”, sintetizó contundente Adriana.

Perfil bajo

Ya instalada en la movida de la música popular y la cumbia, a Jill nunca se le subieron los humos (como suele decirse). Y cuando visitaba a Adriana y su familia en Mendoza, era la misma a quien había conocido cuando ambas eran niñas en Villa Lugano. Incluso, muchas veces no sabía como manejarse ante la fama cuando la reconocían en la calle.

“La última vez que estuvo en Mendoza, nos fuimos a hacer las compras a un supermercado, estaba por ser el Día del Niño. Íbamos con mis hijos y en eso que estábamos mirando muñecas, se acerca una señora y le pregunta (a Jill) si era ‘la que había estado en el Videla Música Show’. Ella estaba así nomás, con el pelo atado; y lee dijo -sonriendo- que no; que todo el mundo la confundía”, recordó Mariño; sonriente.

Foto: Facebook Gilda

Y también repasó aquella ocasión en que la cantante participó de una clase de gimnasia en la casa de Adriana, junto a otras alumnas de esta última (daba clases en su domicilio); y todo lo que se generó cuando -recién un mes después y ya ocurrida la tragedia– las mujeres se dieron cuenta que aquella tarde habían estado ejercitándose con Gilda. “¡Ella prefería pasar desapercibida!”, reforzó.

Santa Gilda

Luego del fatal accidente, la imagen de milagrosa de Gilda se elevó a la enésima potencia. Sin embargo, esa canonización popular había nacido antes ya, cuando estaba viva.

“Ella tenía una enorme energía positiva; al punto de que me pasó en casa que cuando llegó, mi hija mayor estaba comenzando unas anginas, ella entró, la revisó, jugó con ella; y al otro día, estaba bárbara. Yo no creo en ella como santa o sanadora, porque no lo creía ella. Pero si creo en la energía; era tan positiva, que era contagiosa. Y te podía levantar, hacer sentir mejor. No sé si Santa Gilda. Pero, si a la gente le hace bien creer en algo y creen en ella como intermediaria ante Dios por lo que piden, ¡bienvenida sea!”, agregó Adriana.

Foto: Facebook Gilda

Precisamente en la película biográfica, se destaca una escena en que se le acercan como si fuera sanadora. Adriana reconoció que varias veces Jill le comentó de situaciones de esa índole. “Un día me contó que llegó una señora diciéndole que su hija se había intentado suicidar, y que la nietita le había puesto la música de ella y se había curado. Entonces esa mujer le había pedido a Jill que la toque, porque tenía diabetes y quería curarse. Ella. Jill, estaba sorprendida de la fe que la gente ponía en ella. Pero era admiración, ese imán que tiene. Hoy por hoy, hay mucha gente que tiene mucha fe en ella como otro en santos, en el universo, en Dios. Siempre es bueno creer en algo”, insistió Mariño.

La película y el papel de Natalia Oreiro

Adriana Mariño se enteró de que se estaba filmando una película sobre Gilda cuando prácticamente la totalidad de las escenas ya habían sido rodadas. No obstante, fue invitada al rodaje de algunas escenas que aún restaban (aunque el libreto y los guiones ya estaban cerrados). “La película es bastante fiel a lo que fue su vida. Hay pequeños detalles que son ficción, porque todas las películas los tienen. Y porque hay una parte de la historia que nunca se conoció. Lo básico se pudo transmitir. Y el ángel que tiene Natalia (Oreiro) también es asombroso; no podrían haber elegido a otra persona para que la interprete a Jill, porque tiene mucho de ella. Es muy carismática, muy simple para hablar. Estando en el rodaje, cuando la vi (a Natalia), no podía parar de llorar; era volver a verla (a Gilda)”, se explayó la amiga de la artista, quien reconoció que cada vez que ve la película, vuelve a reconocer a su amiga en algún gesto nuevo.

Natalia Oreiro en “Gilda, no me arrepiento de este amor” (web)

Luego del accidente

Aunque Gilda tenía desde chica una relación más compinche con su papá, el vínculo con su madre fue mejorando a lo largo de la vida de ambas y en simultáneo con el desarrollo de la carrera de la cantante. “Tita (NdA: la mamá de Gilda) termina aceptando la carrera de su hija, aunque no le gustaba la música quizás. Pero ella cuidaba los chicos cuando viajaba, y la acompañaba. Por eso también la acompañó en el último viaje”, resumió.

Tras el accidente, Adriana no mantuvo una relación fluida o estrecha, ni con Raúl (viudo de Gilda) ni con Fabricio, el hijo del matrimonio y uno de los sobrevivientes. De hecho, con este último nunca siquiera volvió a intercambiar palabras; aunque reconoció que le gustaría volver a conectarse.

El santuario que se levantó donde tuvo lugar el accidente fatal, en Entre Ríos. Foto: AP.

Al santuario no he ido, no me propuse nunca llegar. Pero quizás estaría bueno ir algún día. Yo a Jill la tengo muy presente en muchas cosas que van más allá de las estampitas. Es como que nos hicimos juntas, fue una hermana mayor de esas que te marcan el camino”, dijo.

Para el cierre de la charla -que se extendió durante casi una hora-, a la amiga de Gilda se le consultó sobre cómo recuerda ella a Gilda, y si el nombre o la letra de alguna de sus canciones podrían NdA. “Un corazón valiente es el tema que me recuerda y conecta con ella. Era un ser resiliente, con mucha luz; era un ser de luz. Cada vez que quieran recordarla, recuerden que no fue cualquier persona. Y si hoy sigue estando, es que su luz se expandió tanto, que ya no se va a apagar”, concluyó.



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