Gustavo Milutín convenció a su padre de cambiar la planta productiva, saldaron deudas millonarias y pudieron conservar a todos sus empleados.


Gustavo Milutín tiene 27 años, es economista y un apasionado de las finanzas. En plena crisis por la pandemia, el joven mendocino tuvo visión de futuro y con sus conocimientos sacó adelante la empresa de su familia a partir de la elaboración de alcohol en gel.

La pyme familiar transitaba una complicada situación económica, pero el joven supo aprovechar las oportunidades del mercado por el contexto del avance del coronavirus. 

Gustavo vivía en Buenos Aires y trabajaba para BYMA, una nueva Bolsa de Valores que integra y representa a los principales actores del mercado de valores del país. Sin embargo, dejó todo para ayudar a su padre con la empresa familiar que no estaba pasando por un buen momento.

La empresa salió adelante y conservó a sus empleados.

Los Milutín son dueños de INAP, una pyme que nació en 1999 y con el paso del tiempo logró posicionarse a nivel nacional e internacional. La firma desarrolla una nueva gama de productos químicos orientados al mantenimiento y limpieza de las líneas de fraccionamiento de embotelladoras y sanitización de la industria alimenticia. La mayoría de las bodegas de Mendoza y marcas de conocida trayectoria son sus clientes. 

Según contó Gustavo a Vía Mendoza, un mes antes de la pandemia la empresa entró en crisis y su padre le pidió que intervenga. INAP tenía una deuda de 10 millones de pesos y cinco millones de pesos en descubierto.

Visión a futuro

La situación financiera de INAP se tornó difícil semanas antes de la pandemia y Milutín padre buscó la ayuda de su hijo para sacar adelante la empresa.

“En febrero mi viejo me llamó para decirme que se estaba poniendo todo muy complicado y me pidió que le diera una mano”, contó Gustavo. Desde chico trabajó en el negocio familiar, por lo que conocía muy bien el manejo de la empresa.

A mediados de marzo ya se empezaba a vislumbrar lo que podría ocurrir en el país la situación que atravesaban los países de Europa con el Covid-19. 

“Por todo lo que se hablaba mi jefe me dijo que me quedara en Mendoza por la situación y me ofreció trabajar a distancia, porque ya había avisado que renunciaba”, explicó Milutín.

Y contó que trabajando en Buenos Aires le surgió la idea de producir alcohol en gel. “Le propuse a mi viejo empezar con esto cuando vi que lo estaban empezando a usar en mi trabajo, pero no estaba muy convencido”, dijo.

“Ya una vez acá empecé a insistir. Soy economista, de poder formular alcohol en gel no tengo idea, pero teníamos las máquinas y un gran equipo de trabajo”, resaltó.

Finalmente, Gustavo convenció a su papá y desarrollaron los primeros lotes de alcohol en gel a fines de marzo, los que fueron aprobados por el Ministerio de Salud de la Provincia para su comercialización.

Supieron adaptarse a los cambios

En una semana, reinventaron la planta de producción y comenzaron con la venta del gel, productos a base de amonio cuaternario, entre otros, todos de sanitización de uso personal.

Empezamos a vender en plena pandemia y con eso pudimos cerrar el descubierto, pagar deudas con proveedores, armamos planes de pago y poner al día la caja y los sueldos”, explicó con orgullo el joven.

El alcohol en gel que producen en INAP.

Y rescató el hecho de que no tuvieron que despedir personal y que los empleados “le pusieron el pecho a las balas porque era estar fabricando todo el tiempo por lo que se cayeron las ventas de los productos normales”, comentó el actual jefe de operaciones de INAP.

Al respecto relató: “Pudimos reinventarnos y salir adelante. Somos una empresa que hacemos cosas a escalas industriales y no pensábamos en una escala minorista de una botella de litro o de medio litro, fue una locura empezar a trabajar con escalas chicas”.

“Llegamos a sacar entre 4 y 5 mil litros de alcohol por día, y después teníamos que fraccionar. Todos los que podíamos etiquetábamos, incluso le llevaba botellas a mi mamá para que etiquete en mi casa porque no llegábamos para cumplir con los pedidos”, cerró el economista.




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