Llega la época de vacaciones y todos empiezan a planificar hacía donde ir. Este año para muchos las posibilidades se acortaron, frente a la situación económica y la nueva dificultad en la compra de pasajes al exterior. Mi familia tuvo una idea alocada en una fecha fuera de lo común: viajar de Mendoza a Ushuaia en auto.

De Maipú a Ushuaia hay 3.280 kilómetros, por lo que el viaje de ida y vuelta comprendía 6.560 kilómetros en total. Decidimos emprender el camino, sin saber que nos esperaba.

El viaje de ida

La ruta 3 fue nuestra elegida para llegar a la ciudad más austral del mundo. A través de este camino, se pasa por el lado este de la Argentina, donde la costa del mar es protagonista. En general, las rutas están bien cuidadas, salvo gran parte de la provincia de La Pampa y algunos tramos de Santa Cruz (donde está la famosa ruta de Lázaro Baez).

Es importante tener en cuenta el tráfico de camiones y los pozos producidos que hay en la ruta, además de las paradas técnicas necesarias, ya sea para comer, dormir o cargar combustible. Nosotros paramos numerosas veces y cortamos el viaje en dos tramos para dormir, primero en San Antonio del Oeste (Rio Negro) y Comandante Piedra Buena (Santa Cruz).

Para poder llegar a Ushuaia, es necesario pasar por Chile y salir del continente, para arribar a la isla de Tierra del Fuego a través de una barcaza. Estábamos en total conocimiento de esto, lo que no sabíamos era que por mal tiempo este cruce no es permitido. Es más, ni siquiera sabíamos que no te permitían pasar a Chile en caso de que el cruce esté suspendido.

La famosa barcaza que lleva los autos desde el continente hacia la isla de Tierra del Fuego. Foto: Melisa Morales

Nos tocó querer pasar un día de temporal de viento, por lo que nuestra llegada a Tierra del Fuego se postergó un día, quedándonos en Río Gallegos y rogando que el viento cese. Al próximo día, emprendimos viaje nuevamente en la madrugada, ya que por la suspensión la fila para pasar sería larga.

Por suerte, en el segundo intento se logró pasar. Nos encontramos con la sorpresa de que debíamos pasar por cuatro aduanas: salir de Argentina, entrar a Chile, salir de Chile y entrar nuevamente a Argentina. En el medio, era cruzar el Estrecho de Magallanes por la barcaza. Este proceso comenzó a las 8 de la mañana, hasta finalmente llegar a Ushuaia a las 18 hs.

Dentro de todo fue una experiencia agradable, con tiempos de espera pero soportables y buena atención. Todo valió la pena cuando llegamos a los encantos de Ushuaia. Conocimos casi todas las atracciones turísticas e históricas, pasando Navidad en el fin del mundo. Quisimos amoldarnos a las costumbres ushuainas, comiendo mariscos, centolla y cordero en lugar del típico asado mendocino.

La ciudad se vistió de Navidad. Foto: Melisa Morales

El viaje de vuelta

Como ya habíamos vivido la experiencia de quedarnos varados culpa del mal tiempo, decidimos pegar la vuelta un día antes. El 26 de diciembre, contentos porque nuestra estadía en Ushuaia fue espectacular, comenzamos el viaje de regreso. Pero al llegar a la primera aduana argentina, descubrimos una cola de autos de 5 kilómetros.

Por cinco horas nos vimos obligados a esperar en nuestro auto hasta finalmente poder pasar a Chile. En ese tiempo de espera y hablando con las demás personas nos enteramos que los ushuainos suelen viajar al continente en las fiestas para pasarla con sus familias, por lo que no era la mejor fecha para nosotros, pero no teníamos ni idea. Además, el comentario general fue que la aduana había colapsado, gracias a la cantidad de gente queriendo regresar al continente.

El primer paso por Chile y la barcaza no demoró mucho tiempo, fue dentro de todo leve. Luego cuando pasamos por la segunda aduana chilena, nos indicaron seguir de largo y no parar, lo que significó un atraso más adelante para todos los que obedecieron estas indicaciones.

Las colas en las aduanas argentinas eran interminables. Foto: Melisa Morales

Nuevamente la aduana argentina se convirtió en el centro de drama, ya que toda la gente se volvió a juntar en la entrada al continente. Eran cientos de familias (lo que traduce en miles de personas pensando que casi todos los autos llegaban completos) y la tiempo burocrático estaba en su máximo esplendor, demorando muchísimo con cada familia.

Mientras estábamos en la fila, comenzó a llover y el frío se intensificó a medida que se hacía de noche. Gracias a unas personas que estaban adelante nuestro, descubrimos que debíamos volver a la aduana chilena para que nos sellen la salida del transito. A esta altura, fue totalmente frustrante para todos y hasta se volvió un momento frustrante cuando se debió volver.

Finalmente, llegamos a Rio Gallegos a las 23:30 de la noche, luego de más de 16 horas. En ese tiempo, solamente se logramos atravesar 200 kilómetros. Nuestro cansancio se debió más a las horas de espera y frustraciones administrativas migratorias que del viaje en sí.

Al otro día llegamos a Rada Tilly (Chubut) y descansamos esa noche. A esta altura queríamos regresar a Mendoza, por lo que decidimos viajar lo que restaba en un solo día y sin parar, recorriendo 2.000 kilómetros en tan solo 19 horas.

Fue un viaje que nunca olvidaremos y sin dudas el fin del mundo es algo que todos los argentinos deben conocer, pero les recomendamos que viajen en avión, especialmente en época de fiestas y si viajan desde Mendoza!