En medio de las denuncias que realizó el cura expulsado de Caraguatay, el Martorell de la Diócesis de Iguazú salió a defender a su obispado.


El obispo de la Diócesis de Iguazú, Mons. Marcelo Martorell afirmó que se siente muy dolido por las declaraciones realizadas por el sacerdote David Rodríguez, de la comunidad religiosa de Tarumá, municipio de Caraguatay, quien el jueves vino a la sede del Obispado de Iguazú con un grupo de feligreses de su parroquia a pedir explicaciones por la decisión del prelado que lo suspendió de sus funciones.

Es un hijo que no se ha portado bien, yo lo recibí cuando de la Congregación de los Redentoristas me advirtieron que no lo hiciera, y sin embargo, como tengo una actitud distinta, lo recibí; luego lo probé en Wanda, pero en cuanto lo hice párroco se desató un autoritarismo del cual yo no estoy acostumbrado. Aquí no permito a ninguno de mis sacerdotes que sea patrón de estancia, porque eso se acabó: hay otra visión de la Iglesia y otra manera de vivirla“, señaló Martorell.

El obispo, que recibió a El Independiente Iguazú en su despacho de reuniones, recordó que hace unos años despidió de la Diócesis a un sacerdote que fue acusado de pedofilia, por niños y jóvenes que declararon por escrito que había abusado de ellos. Se refería al caso de Aníbal Valenzuela. En 2007 el obispo Marcelo Martorell, decidió suspenderlo como párroco por denuncias de abusos. En ese momento tuvo el apoyo del obispo hemérito Joaquín Piña y nunca fue investigado. “Jamás excomulgué a nadie, si he despedido de la Diócesis y lo he judicializado a un sacerdote por pedófilo, porque niños y jóvenes vinieron y declararon por escrito que había abusado de ellos. La justicia lo absolvió pero yo no: mi tribunal lo excomulgó y lo despidió“, dijo Martorell.

También recordó que en esa oportunidad Valenzuela había presentado el caso como “una cosa arbitraria de él, y este hombre pareciera ser que pretende lo mismo“, opinó, añadiendo que “yo no puedo quedarme sin un hijo que me atiende una comunidad por ser arbitrario, al contrario, no lo he sido con ningún sacerdote: no soy el mandamás, soy el amigo de ellos y de mis fieles, jamás los he retado, al contrario, tengo que atraerlos, darles paz y amor, no puedo estar separando o dividiendo a los miembros de la iglesia como hace este señor. Eso es lo que provoca la separación de los fieles“.

Martorell atribuyó las declaraciones de Rodríguez debido a su “falta de equilibrio” psicológico y le recomendó que se hiciera tratar, al tiempo que afirmó, enfático, que no permitiría tener curas pedófilos en la diócesis. “Yo soy padre de mis fieles y yo tengo que bregar para que eso no exista más; en todos mis sermones hay una insistencia por mantener los valores de la familia, que es la iglesia doméstica y la luz del mundo, como tiene que ser un sacerdote. El Papa dice, hablándonos a nosotros y a los sacerdotes, “ustedes son la luz del mundo”, no somos patrones del mundo, ni de la diócesis ni de las parroquias”, remarcó.

Martorell, quien afirmó ser “amigo de la verdad“, señaló que “cuando todo esto pasó le encomendé al Tribunal Nacional y puse en sus manos el asunto, ellos investigaron y se dieron cuenta que era todo mentira. Hicieron una sentencia que él no quiso recibir ni firmar, donde se pudo determinar que lo que él dice son todas calumnias, se lo ha investigado y luego de largo tiempo se le recomendó que retomara la buena senda, reuní al Consejo Presbiteral y al Consejo de Consultores de la Diócesis y todos coincidieron que este hombre tiene que irse de la Diócesis, y yo tengo que acatar esa decisión“.

Con respecto al reclamo, tanto del sacerdote suspendido como de los fieles que lo acompañaron, para que visite la comunidad de Tarumá, Martorell afirmó que «yo no lo voy a ver a este hombre porque él es violento y tienen miedo de que me peguen, ahí ya sería un escándalo internacional y quedaría excomulgado ipso facto; por ese motivo fueron el vicario general y cuatro vicarios episcopales que le leyeron la sentencia, pero él no los quiso atender ni firmar el decreto. Es un hombre desobediente, que dice que no depende del Papa ni del Obispo, y que puede hacer lo que él quiere, echar de la iglesia, ¿quién es él para eso?», se preguntó el Obispo.

Con respecto a la situación de su secretario personal, Raúl Maza, el obispo señaló que todas las acusaciones en su contra fueron debidamente investigadas y desestimadas por carecer de fundamento. “Él (por Maza) estuvo en la fuerza y se metió malamente en ese levantamiento, pero yo no defendí lo que no podía, dejé que lo juzgara la fuerza; y ahí para aquí, porque era seminarista“, recordó Martorell haciendo referencia al episodio en el que Maza ganó protagonismo durante una protesta salarial de la Gendarmería en el año 2012.

Creo que él no está bien psicológicamente… si viniera a hablar conmigo le diría: «ándate a tu casa y hacete tratar, porque sos un hombre bueno y sin embargo tenés ese resentimiento en el corazón. Creo que él está mal de la cabeza, lo digo con mucha cautela y con temor a equivocarme. Él debe irse a su casa y se debe hacer tratar“, opinó finalmente sobre Rodríguez.

Por otra parte, el obispo de Iguazú indicó que el caso se judicializó y que además está siendo seguido con atención por el arzobispo de Corrientes, metropolita de la Diócesis, quien habría apoyado a Martorell por todo lo actuado, pero además que estaba bien el proceso judicial paralelo que se inició.

Fuente: El Independiente de Iguazú





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