Entrevista

EE.UU y China: Lo que dejó el G20, bajo la mirada de un especialista

por Horacio Serafini

El encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y su par chino Xi Jinping para encontrar treguas en la actual guerra comercial será, según el análisis del especialista Jorge Arguello, el punto cumbre del G20.

 Según evalúa el especialista en asuntos internacionales, Jorge Argüello, la guerra comercial entre Estados Unidos y China será tan central que desplazará los otros temas de la agenda de la reunión del Grupo de los 20 (G20), encuentro que se llevará acabo en Buenos Aires este viernes 30 de noviembre y sábado 1 de diciembre.

Para el ex embajador argentino ante la ONU, Estados Unidos y Portugal en la última década, es probable que de la cumbre surja “de máxima un acuerdo y de mínima una tregua” en esa guerra, tras un encuentro entre los líderes Donald Trump y Xi Jinping.

En entrevista con VíaDocumentos, Argüello sostuvo que ésta será la segunda cumbre del G20 que tiene lugar en un país en crisis, después de la primera en 2008, en Estados Unidos, tras la quiebra del Lehman Brothers.

Por ello, difícilmente el gobierno de Mauricio Macri pueda imprimirle alguna impronta a los resultados de esta cumbre. “En el mejor de los casos, si (el gobierno de Macri) tuviera una gran vocación política, una situación doméstica privilegiada y una importante visión estratégica, podría mover un poquito el rumbo del transatlántico que es el G20. Pero nada de eso tiene”, opinó el experto.

-¿Cuál es la particularidad que observa sobre esta cumbre?

-El G20 ya tiene grietas desde el año pasado cuando se rompe el consenso. Además ese consenso se rompe dentro del G7. Vivimos un nivel de inestabilidad planetaria de difícil comparación con otros periodos. El orden de posguerra está agotado y el multilateralismo ha dejado de ser como lo conocimos, pero no está claro hacia dónde vamos.

Jorge Arguello

-Ante ese antecedente, ¿qué cabe esperar de esta cumbre del G20?

-El G20 es un proceso a lo largo del año, no una cumbre. Hubo decenas de reuniones con todas las áreas de competencia del G20 que exceden lo financiero. Las conclusiones de estas reuniones terminan en una mesa grande y ese material sirve para redactar la declaración de los jefes de Estado y de Gobierno a firmar el 1 de diciembre.

Aquí hay una alta dosis de imprevisibilidad. La discusión de fondo empieza cuando los 20 están sentados en la misma mesa. La mejor demostración de esto es lo que ocurrió el año pasado en Hamburgo. Desde 2008 las cumbres del G20 sesionan por acuerdo unánime. Todas las cumbres terminaron con declaraciones firmadas por la veintena de jefes de Estado. Pero en 2017 se rompe por dos motivos: queda 19 más uno cuando Estados Unidos anuncia su decisión de retirarse del acuerdo sobre cambio climático de París al que trabajosamente había logrado llevar Barack Obama.

Y también sobre la cuestión comercial, sólo que no firma en disidencia sino que consigue imponerle a Angela Merkel y al resto una cláusula que básicamente establece que el libre comercio consiste en que cada país consiga su propio éxito comercial. Allí se rompió la unanimidad. Pero de todo esto nos enteramos una vez que Trump aterrizó en Hamburgo.

-¿Por tanto podría haber una “sorpresa” similar en esta cumbre?

-La reunión más importante será la de Estados Unidos y China. Además la personalidad de Trump alimenta esta imprevisibilidad. Las expectativas están centradas en que haya de máxima un acuerdo y de mínima una tregua en materia de guerra comercial; más aún si se tiene en cuenta que Buenos Aires fue el escenario del último gran fracaso del multilaterialismo, como lo fue la cumbre de ministros de comercio de la OMC (Organización Mundial de Comercio), en diciembre pasado, que terminó sin acuerdo alguno.

Una tregua en la guerra comercial entre Estados Unidos y China es el punto más esperado de la cumbre.

-¿Por qué puede pensarse en una tregua?

-Es que una guerra comercial significa que todos pierden. Y en ese todos pierden las economías medias están llamadas a perder más. No hay ganadores. El siglo XX tuvo dos o tres episodios de guerra comercial y le fue mal a todo el mundo.

-Pero al parecer a Estados Unidos le está yendo bien. El desempleo es el menor en casi un siglo.

-Sí, pero no hay ningún analista serio que diga que el 3,7 de desempleo en Estados Unidos es consecuencia de los tres años de gestión de Trump. La economía norteamericana tiene sus ciclos. Ningún economista serio dice que el proceso de crecimiento de Estados Unidos está asegurado en el mediano plazo. La dosis de incertidumbre que conlleva la guerra comercial, supone un achicamiento de todos los mercados. No sólo del comercio mundial sino de cada uno de los mercados. Puede que haya reunión bilateral, que haya una declaración por consenso, pero nada de esto está claro.

-¿Qué incidencia puede tener Argentina en la agenda en tanto país sede?

-Es pequeña. En el mejor de los casos, si tuviera una gran vocación política, una situación doméstica privilegiada y una importante visión estratégica, podría mover un poquito el rumbo del transatlántico que es el G20.

-¿Hay que entender que nada de eso tiene el gobierno de Macri…?

-Así es. Esta es la segunda oportunidad en la que el país sede es un país en crisis. Sucedió en 2008 y ahora Argentina. Eso aminoró la poca maniobrabilidad que de por sí tiene quien circunstancialmente preside. La Argentina fue elegida para la cumbre del G20 hace tres años. Yo vivía en Europa y puedo dar testimonio del nivel de expectativa y beneplácito que había con la llegada de Macri a la presidencia. Pero hoy dudo mucho de que Argentina pudiera ser elegida para presidir el G20. Por el desbarranco económico que sufrió el país en los últimos tres años.

-¿Cabe esperar algún resultado inmediato para Argentina de esta cumbre?

-Como país anfitrión, Argentina aspira a que la cumbre cierre bien y haya algún nivel de avance. No le va a ir bien por gestión del Presidente. Si se encuentra alguna fórmula para paliar esta guerra comercial seguramente la cumbre será recordada como un paso adelante…

-¿Pero en términos concretos para el país?

-En ese sentido, lo que el Gobierno procuraba, que era el auxilio del FMI, el más importante en la historia del Fondo, ya está logrado.

-Argentina llega a esta cumbre sin una posición común con Brasil y México, las otras economías fuertes latinoamericanas. Además lleva adelante una política de apertura de mercado en medio de esta guerra comercial. ¿Qué reflexiones le merece?

-El segundo asunto es paradojal. La parada de Argentina tiene más que ver con el mundo de hace diez años. No encaja con lo que está pasando en el mundo. Ahora hay un resurgir de los liderazgos personales fuertes, y masculinos, que muchas veces entran en contradicción con las bases mismas del sistema democrático.

La falta de una posición común con Brasil y México se debe a la carencia de líderes en la región. Pero también a que tienen sus propias crisis políticas domésticas. Sus propios presidentes no han sido capaces siquiera de compartir algunas prioridades, no ya una agenda; cada uno va por la suya.