Imágenes que se repiten. Casi todo el equipo volcado en ofensiva. Siete jugadores de características ofensivas volcados al área rival. Las situaciones de gol que se van agolpando pero que no se concretan. Y una vez más, Martín Pino de cara al marco, en lo que podía ser el festejo sanitizante para Instituto.

Ocurrió ante All Boys, con el gol del juvenil que fue para el 2-2 y que significó una victoria por la clasificación a la siguiente fase para disputar el segundo ascenso. No pudo ser contra Defensores de Belgrano, porque esta vez el delantero se embarulló, como también le sucedió a un goleador de carrera como Gonzalo Castillejo en la etapa inicial.

Porque la Gloria rondó el empate y mereció más. Como también es cierto que para ganar, este equipo debía anotar más de un gol por lo permeable de su defensa, especialmente la zaga central compuesta por dos experimentados como Facundo Erpen y Lucas Landa, que iban a transmitir seguridad y firmeza. Y nunca hicieron pie en el torneo. A destiempo, vulnerables, una invitación de puertas abiertas a que a Instituto lo ataquen.

Instituto no logró mantener el cero en el arco propio en ninguno de sus compromisos. Y es demasiada ventaja. Ni siquiera las prestaciones de un estupendo Jorge Carranza pudieron ponerle cerrojo al arco. Defensores, un equipo que al menos este domingo fue del montón, también le sacó rédito y golpeó. Y esta vez a los Albirrojos le faltó el poder de respuesta en el área contraria.

Quedó en el camino Instituto. Había avanzado en zigzag, con una llama de esperanza tras el apagón en la victoria sobre Quilmes. Y porque encontró luz en la noche de Floresta para una agónica clasificación. Parecía que el equipo de Teté Quiroz se agrandaría por esos impulsos anímicos, y en cierta manera eso pasó ante un Defensores al que sometió en la mayor parte del encuentro, más allá de que en los papeles era un adversario de los más complicados. Y no alcanzó.

La posibilidad de ascenso de desvaneció. Y esta especie de calabozo deportivo extiende la condena por un año más en Alta Córdoba, donde la sufren como perpetua. Ya Belgrano quedó fuera de la discusión en su peor campaña en la Primera Nacional. Ya Talleres está de vacaciones, a otro nivel porque llegó alto en un campañón, aunque también se quedó en la antesala de disputar una final. Y ya Instituto tropezó una vez más. La esperanza de ascenso cordobesa recae en Río Cuarto, en un Estudiantes todavía de pie.

Por lo demás, fue un fin de semana lejos de la gloria.