Cuando la situación y las condiciones en las que entrenan los deportistas argentinos está en la mira por los resultados en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, se da a conocer una emotiva historia de un pequeño cordobés. Se trata de Leonel Ovando que recorre todos los días 10 kilómetros de ida y 10 kilómetros de vuelta entre su casa y el Club Social Deportivo Crecer.

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El niño tiene 11 años y vive en la localidad de Monte Cristo, en el paraje El Carmen. Su historia se dio a conocer gracias a que el propio club viralizó lo que ocurre con Leonel a través de la cuenta de Facebook.

“Háblame de amor por el club. Leonel Ovando recorre todos los días 10 km en bicicleta atravesando caminos de tierra para llegar a entrenamiento. Con calor, frío lo que el clima demanda ahí está el. Por amor a su club y su camiseta, portando con orgullo los colores del tricolor”, escribieron en redes sociales.

Y agregaron: “Ejemplo de superación y entrega de una criatura. Desde la institución haremos lo posible por seguir protegiendo a todos los niños humildes del pueblo. Ya llegará una bicicleta más cómoda para vos Leonel te lo prometemos. Emocionante hasta las lágrimas lo que hace este niño por amor a la pelota y su club”.

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Por su parte, Ángel Peralta, DT de la Primera y fundador del club Crecer habló con Mundo D y aseguró: “Leonel recorre todos los días 10 kilómetros de ida y otros 10 de vuelta, cuatro veces a la semana, para venir a entrenar. Vive cerca de un paraje que está en Monte Cristo que se llama El Carmen, es un pueblito lejano. Es todo camino de tierra, prácticamente un guadal. Él viene solito en su bicicleta y estamos haciendo una movida para ver si le conseguimos una mejor. La verdad nos emociona mucho su esfuerzo y nos invita a seguir haciendo cosas por los chicos de aquí”.

“Te juro por Dios que me parte el alma. No puedo creer que el nene ame tanto al club, a la camiseta, a sus compañeros. Desde la institución y yo como fundador del club estoy haciendo todo lo que puedo para ayudarlo. Él entrena a las cinco de la tarde y, son las cuatro, y ya está acá en el club. Es el primero en llegar y el último en irse, ayuda a juntar los elementos, a acomodar todo, es increíble. Es un niño que vos lo citas para jugar un domingo a las 10 de la mañana y a las 9 ya lo tenés en el club. A veces hace dedo, por si alguien pasa y lo trae hasta el pueblo. Es increíble el sacrificio que hace esta criatura para venir a entrenar”, remarca.