El cantante llega a nuestra ciudad en una de las dos actuaciones que dará en Argentina.


El músico británico Phil Collins, conocido primero por su labor como baterista de Genesis, luego por su rol de cantante líder de esa banda y finalmente por una sólida carrera solista plagada de éxitos, visitará por segunda vez la Argentina para ofrecer este lunes un show en el Estadio de Instituto de Córdoba y al día siguiente, en el Campo Argentino de Polo, de esta ciudad, a 23 años de su única presentación en el país.

El autor de clásicos como “One more night”, “In the air tonight” y “Against all odds” contará con un lujoso número de apertura a cargo de The Pretenders, la banda británica liderada porla estadounidense Chrissie Hynde, quien ya visitó nuestro país en otra oportunidad, aunque en plan solista.

La presencia de Collins en el país resulta sorprendente si se tiene en cuenta que hacia fines de la primera década del siglo había anunciado su retiro de los escenarios por problemas de salud.

Sin embargo, en los últimos tiempos, el músico inició un lento regreso, primero con la publicación de su autobiografía “Not dead yet” y luego con una gira que tituló de la misma manera y que ahora lo trae a nuestro país bajo el renovado nombre “The legendary”.

Se trata de un espectáculo en el que Collins repasa sus grandes hits, todos ellos reconocibles por haber rotado de manera permanente en las radios de los años 80, en muchos casos instalándose como “los grandes lentos” de la época.

Precisamente, los temas mencionados antes son parte del show, al igual que otras baladas como “Separate lives”, “Another day in paradise”, y algunos grabados con Genesis, como el caso de “Follow you, follow me” y “Throwing all away”.

Además, se esperan otros números más bailables también de la famosa banda, como el caso de “Invisible touch”; y de su etapa solista como “Easy lover”, “Something happened in the way to heaven”, “Sussudio” y el cover “You can’t hurry the love”.

Lo cierto el show de Phil Collins significará un ejercicio nostálgico para aquellos que crecieron en los 80, en medio de una gran exposición musical de este artista, casi imposible de comprender para los más jóvenes.

Phill Collins llega a Córdoba.

Con su aspecto y gestos de “hombre común”, Collins apareció en la vida pública como una impensada estrella, si su destino hubiera quedado atado a ser el baterista de una exitosa banda con un frontman tan contundente, como el caso de Peter Gabriel.

Sin embargo, la partida del vocalista en 1975 le abrió las puertas para que ocupara el rol central, una labor que le permitió darle su impronta personal a una formación que, a esa altura, casi era una marca registrada dentro del rock sinfónico.

El liderazgo musical de Collins se afianzó con la partida del guitarrista Steve Hackett en 1977, con el grupo reducido a un trío, que completaban el tecladista Tony Banks y el guitarrista Mike Rutherford.

En tal sentido, el estilo musical del grupo se aggiornó hacia un sonido más pop que explotó en la década del 80 con discos como “Abacab”, “Duke”, “Genesis” e “Invisible touch”, y clásicos como “Turn it over”, “Mama”, “Home by the sea”, “That’s all” y “Land of confusion”, entre otros.

En paralelo, Collins se lanzó en esa década como artista solista, con discos que, en un primer momento, mostraron su interés por el sonido Motown para luego orientarse cada vez más hacia las baladas.

Sus dos primeros registros, “Face Value” y “Hello, I must be go”, son la prueba del primer caso, en tanto que “No jacket required” fue un bisagra, tanto a nivel comercial, como a nivel musical.

A pesar de los distintos estilos abordados, este derrotero consolidó al músico como un efectivo baterista, un gran creador de hits y un afinado cantante.

Pero la figura de Collins también creció a partir de un particular histrionismo, más cercano a los rasgos payasescos mostrados por Ringo Starr en The Beatles que a las poses de muchos rockstars de la época; algo retroalimentado por sus prematuros rasgos de calvicie, su baja estatura y su tendencia a usar pantalones pinzados y camisas dentro del pantalón, que lo acercaban a esa figura de “hombre común”.

La omnipresencia de Collins en los años 80 también se trasladó a la pantalla grande, en donde protagonizó las películas “Buster” y participó en producciones como “Hook” e “Y la banda siguió tocando”.

Más allá de esto, su primera visita al país, en 1995, resultó tardía, en parte porque su figura comenzaba a pasar de moda para ese entonces con la irrupción de nuevas tendencias musicales, y también porque se trató de una época en la que la oferta de shows era tan numerosa que era difícil de seguir.

El fallido retiro de los escenarios y el peso de la nostalgia le dan a esta visita una impronta muy diferente y así lo demuestra la rapidez con la que se agotaron las entradas.

Paradójicamente, un artista surgido de una de las bandas más emblemáticas del rock sinfónico contará de invitado especial con un grupo proveniente de la escena punk británica, sus grandes rivales y detractores.

Sin embargo, el aspecto pop mostrado por la banda liderada por la estadounidense Chrissie Hynde, con clásicos como “Brass in my pocket”, “Don’t get me wrong” y “Back on the chain gang”, entre otros, así como el toque nostálgico, oficia como punto de contacto entre ambas propuestas.

Más allá de esto, será una buena oportunidad también para que The Pretenders, una de las tantas bandas surgidas luego de la revolución punk de 1977, salde una vieja cuenta pendiente con sus fans argentinos.




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