Por el momento, no hay números oficiales. Se trata de un aspecto que enciende alarmas en Córdoba: la inseguridad y, de su mano, la violencia urbana.


Durante esta pandemia nos hemos acostumbrado a ver cada día informes sobre tres curvas respecto del coronavirus: la de las muertes, la de los contagiados y la de quienes lograron salvarse del virus. Pero hay otra curva que enciende alertas en Córdoba: la de la inseguridad y la violencia urbana. Números oficiales, por ahora, no hay. Los últimos que se conocen eran de cuando el Covid-19 todavía no llamaba la atención de nuestro país.

Hasta hace pocas semanas, desde la Policía se insistía con que el delito había frenado, que estaba en pausa y hasta iba marcha atrás. Pero el panorama cambió. Por lo bajo, se reconoce que el tema ha vuelto a preocupar.

Según un informe realizado por La Voz, en los últimos días, venimos siendo testigos de delicados episodios delictivos. La cuarentena había arrancado con algunos robos menores, pero con el paso de los días y las noches la inseguridad volvió a mostrar su peor cara: en las calles, graves asaltos no dejan de contabilizarse.

Parece mentira que algunos se fijen en que el muchacho había violado el aislamiento para ir a ver a su novia. A la par de la sucesión de graves asaltos, atormenta la presencia de serios episodios de violencia urbana.

En el barrio Ciudad Evita, ocurrió uno de los capítulos más graves de una preocupante secuencia de episodios de violencia que se vienen registrando durante esta cuarentena en Córdoba. El hecho tuvo lugar en plena siesta en la periferia sudeste de la ciudad de Córdoba. Varias personas llegaron y empezaron a atacar la comisaría. Primero, fueron cascotazos, luego, bombas incendiarias. Hacía momentos que un policía había matado a un sospechoso de robarse unas chapas en una fábrica cerrada.

Fue entonces que apareció, entre todos los vecinos, al menos un arma y arrancaron los disparos. Un plomo dio en la nuca de un uniformado que, porque quiso el destino, hoy puede contar cómo pasó.

Ya son 10 las personas muertas en hechos de inseguridad, entre víctimas y acusados de robo, en lo que va del año en la provincia. Eso sin contar el caso del vecino de Malagueño que murió tras sufrir golpes. Un caso aún con matices.

Qué decir del joven internado en el Urgencias tras recibir un balazo en el rostro por motochoros que querían robarle y le llevaron la moto. Pasó en barrio San Roque.

En medio de todo, en algunas barriadas los vecinos le bajaron el pulgar a la cuarentena y salieron a las calles. En Silvano Funes, los vieron con palos persiguiendo a ladrones. En Procrear Liceo, los observaron patrullando a pie y en autos particulares con linternas por las noches. En Mirizzi, estuvieron limpiando baldíos y casas abandonadas usadas como aguantaderos, de acuerdo a lo reportado por La Voz.

La Policía, a todo esto, está más que desbordada. Tres son las palabras que en despachos policiales no dejan de repetirse: “No damos abasto”. El actual doble trabajo, sumado a la escasez de recursos, es una bomba de tiempo.




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