Medido a precios de marzo de 2022, el tipo de cambio de marzo de 2021 era el equivalente actual de $137,88. Esto significa que el tipo de cambio se ha atrasado respecto a la inflación, incrementando los costos de producción al medirlos en dólares, un escenario malo para cualquier actividad exportadora. Para ejemplificar, el costo de la cosecha se incrementó un 68,4% en pesos en los últimos 12 meses, mientras que el tipo de cambio oficial sólo subió 19,3%.

Esto significa, que el costo de la cosecha se incrementó un 41,2% en dólares, más de lo que subieron los precios internacionales de los granos. En los fletes es incluso peor, el costo de los fletes aumentó un 47,5% en dólares en el último año. Si se analiza la estructura de costos de los cultivos de acuerdo a la moneda en la que están expresados, se puede identificar que un 54% de los costos de una hectárea de soja están estrictamente dolarizados mientras que el restante 46% están pesificados.

Trigo. (AP/Charlie Riedel/Archivo)

Si se considera el costo de la tierra dentro del esquema de costos, aquellos que son dolarizados en una hectárea de soja pasan a representar el 65%. Respecto a diciembre, la participación de costos pesificados en soja subió de 43% a 46%, marcando el efecto de los fletes y labores que antes se mencionó. En el caso del maíz, como los fertilizantes y semillas tienen más peso que en el caso de la soja, los costos dolarizados ascienden al 58% de la estructura, mientras que los pesificados alcanzan el 42%. Si se considera el costo de la tierra, el peso de los costos dolarizados asciende al 64%.

Si bien en los últimos 12 meses las subas de costos de los fitosanitarios han sido extraordinarias, con distintos productos de uso extendido subiendo entre 50% y 60%, y los glifosatos subiendo entre 140% y 180%, subas en dólares, el tema que más preocupa son los fertilizantes. El precio de la UREA se incrementó 170% y PDA 155% en los últimos 15 meses en dólares. Pero más allá del precio, preocupa el abastecimiento de fertilizantes por la guerra de Rusia y Ucrania. Rusia es el segundo exportador mundial de fertilizantes nitrogenados, en 2020 representó el 17% de las exportaciones a nivel mundial.

Urea, sufre subas en los precios Foto: ViaCampo

En 2020, Argentina importó el 61% de la oferta doméstica de fertilizantes nitrogenados y el 79% de los fosfatados, por lo que la agricultura es muy dependiente de las importaciones de fertilizantes. Esto genera alguna preocupación para la siembra de trigo, que comienza en pocos meses, y la siembra de maíz que comienza a partir de septiembre. Si bien todos los cultivos requieren fertilizantes, estos dos son los que más demandan.

Si bien sólo el 15% de las importaciones de nitrogenados proviene directamente de Rusia, hay varias complicaciones extra. Por un lado, Rusia es exportadora de insumos para producir distinto tipo de fertilizantes en otros países, lo que podría impactar en el suministro de otros países. Por otro lado, el costo de la UREA tiene como uno de sus principales costos el gas, cuyo precio internacional ha subido sustancialmente y también hay dudas por el abastecimiento. Por último, ante el problema mundial de abastecimiento de fertilizantes, otros países han restringido exportaciones para garantizar la demanda doméstica.

La combinación de estos factores genera temores a lo largo de la cadena agroindustrial sobre el abastecimiento de fertilizantes a nivel global, pero del lado interno el Banco Central también deberá garantizar los dólares para estas importaciones que costarán más del doble que hace un año. Esto no debería ser problema teniendo en cuenta el nivel de dólares que genera el campo argentino, pero el cepo importador es fuerte. Garantizar el abastecimiento de fertilizantes en los próximos dos meses es central para poder encarar la siembra de trigo, que estará incentivada por los excelentes precios internacionales, que al menos hay hasta el momento. Si hacia septiembre hay problemas de abastecimiento de fertilizantes, o los precios siguen escalando, se abre el interrogante de qué sucederá con la siembra de maíz, como actitud defensiva los productores podrían modificar sus planes productivos reduciendo el área de maíz e incrementando la de soja.