Es un método fiable, económico y sensible, usan un electrodo modificado con nanopartículas de oro. Apuntan a la miniaturización con láminas del tamaño de un microchip.

Este dispositivo viene a mediar entre cultivos transgénicos y la comercialización y el consumo de sus productos derivados, en medio de la incertidumbre en particular que hay por potenciales riesgos para la salud humana.

Es un inmunosensor electroquímico simple para la detección de proteína de soja transgénica, desarrollado por docentes del grupo de Sistemas Organizados del Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas.

A partir de la electroquímica, desarrollaron este detector capaz de señalar la presencia de proteínas transgénicas en semillas de soja, el cual es fiable y sensible y podrá estar al alcance de personas sin entrenamiento profesional.

En el 2015 se inició la aventura de desarrollar un inmunosensor para detectar soja transgénica, ya que en el futuro será exigible en el etiquetado informar en los alimentos si en su contenido hay material transgénico., teniendo en cuenta que casi toda la producción de nuestro país está genéticamente modificada, (90 por ciento de la soja que se produce es transgénica), es por lo cual surgió la inquietud de implementar un sensor para detectarla en semillas y alimentos.

Con la colaboración del Centro Nacional Patagónico Cenpat/Conicet se logró determinar un número de péptidos que recubren dicha proteína y que son inmunogénicos, es decir, que generan anticuerpos. Estos péptidos fueron sintetizados e inoculados en conejos y, una vez generados los anticuerpos, fueron extraídos y se verificó que efectivamente reconocían a la proteína transgénica.

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El dispositivo viene a mediar entre cultivos transgénicos y la comercialización y el consumo de sus productos derivados, en medio de la incertidumbre por los potenciales riesgos.

Posteriormente, se desarrolló un sensor nanoestructurado para inmovilizar el anticuerpo, el cual fue capaz de detectar esa proteína en semillas. El sensor es rápido, sensible, de bajo costo y de detección simple, sin reacción cruzada con soja no transgénica.

Los organismos genéticamente modificados

Los organismos genéticamente modificados (OGM) han sido utilizados para producir alimentos, llamados transgénicos, cuya producción creció rápidamente y ya es parte de la nutrición normal. A diario, se consumen alimentos procedentes de cultivos transgénicos, mientras que son pocas las personas que conocen acerca de esta tecnología y su seguridad para la salud.

La soja transgénica expresa una proteína que es la que reconoce el sensor. El grupo de investigación logró dilucidar mediante modelos teóricos los péptidos que la recubren.

Las transformaciones genéticas en sus semillas se centran en la resistencia a un herbicida específico: el glifosato. En Argentina, son tres los cultivos transgénicos que se cultivan y consumen: soja tolerante al herbicida glifosato; maíz resistente a insectos lepidópteros, tolerantes a glifosato o con ambas características; y algodón tolerante a ese herbicida y resistente a insectos.

Semillas aceptadas con modificaciones

De acuerdo con los resultados, se espera que el sensor desarrollado pueda usarse para la detección de la proteína en una matriz compleja como la de los alimentos.

Muchos consumidores se resisten a los alimentos transgénicos, por temor, y otros quieren tener derecho a conocer qué insumos se incorporan en la producción de los alimentos. En este marco, tiene lugar el aporte de este ventajoso método, fiable, económico y sensible.

A la fecha, más de 130 organismos genéticamente modificados han recibido autorización con fines comerciales para ser usados en alimentos en el mundo. Las principales especies de cultivos transgénicos son soja, maíz, colza, algodón, cuyos productos o subproductos también son ingredientes comunes de alimentos.

A pesar de las ventajas que presentan las plantas genéticamente modificadas, puede en algunos casos limitarse su uso en alimentos, especialmente como ocurre en algunos países de Europa, donde los consumidores están muy preocupados por su bio-seguridad. Los principales problemas se relacionan con el potencial de flujo de genes a otros organismos, la inducción de resistencia a los antibióticos y los efectos sobre la biodiversidad.

Esto ha generado que las asociaciones de consumidores en toda Europa exijan el etiquetado en alimentos que contengan transgénicos de tal manera que el consumidor pueda elegir si va a consumir o no estos productos. En nuestro país aún no existe regulación al respecto. Por ejemplo, en Portugal hay leyes que exigen estrictos controles sobre el ingreso de alimentos transgénicos. Incluso deben estar debidamente rotulados. Los que tienen más de 0,9 por ciento no pueden ingresar a ese país.

Independientemente de la controversia en torno a los OGM, su cultivo está en constante aumento a nivel mundial. Todos estos hechos contribuyen a la creciente complejidad e interés en la detección y la identificación correcta de derivados de OGM.