Bagley comenzó a trabajar en una farmacia de la calle Alsina, en pleno centro de la ciudad. Rodeado de alambiques, recetas e insumos, tomó unas naranjas quinteras y una veintena de hierbas y creó la Hesperidina, un aperitivo inspirado en los licores franceses que se convirtió en la marca que abrió el libro de Registro de marcas y patentes. Su icónica botella está inspirada en un panal de abejas.

Para evitar falsificaciones, el sello de Hesperidina fue impreso en Estados Unidos y, al ver el potencial de su bebida, Bagley comenzó a planificar una campaña publicitaria original y vanguardista para la época: pintó las calles de la ciudad con enormes letreros con la frase "Se viene Hesperidina".

En ese momento, los 140 mil habitantes no pudieron descifrar su significado hasta que, luego de dos meses, el 24 de diciembre de 1864 se develó la incógnita en "La Tribuna", uno de los diarios más importante del país: en pocos meses la Hesperidina se convirtió en el aperitivo de moda, en incluso fue aceptado socialmente para el consumo de mujeres en espacios públicos.

Botellas Hesperidina

Comenzaron a aparecer falsificaciones de dudoso origen, entonces Bagley convenció al presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda de la necesidad de crear un registro de marcas y patentes.

En 1876 el registro fue creado y Hesperidina la primera marca en registrarse. Para ajustar aún más los niveles de control, Bagley decidió imprimir las etiquetas de Hesperidina en un banco de New York, el mismo donde se imprimían los billetes de dólar, por eso la etiqueta tiene la apariencia de un billete de banco.

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