Luego que se comenzara a indagar en los entornos que rodeaban a Maradona, uno de los primeros en dar su versión de forma pública fue Mariano Israelit, un amigo de la infancia que tiempo después formó parte de lo que él llama “el entorno bueno” junto a Guillermo Coppola y Omar Suárez, entre otros. Vivió a su lado los cuatro años que el ex futbolista estuvo en Cuba recuperándose de sus adicciones a las drogas, a la cocaína en especial.

Ahora era imposible llegar a él, había que pasar por diez filtros. Diego vivía en un country con seguridad privada y tenía dos tipos en la puerta de la casa con ametralladoras, ¿para qué?”, denunció en el programa “Los ángeles de la mañana”.

Además dio detalles sobre el velorio que fue totalmente organizado por la ex esposa de Maradona, Claudia Villafañe. “Dalma y Gianinna tuvieron unos ovarios increíbles, se pusieron el velatorio al hombro, se los dije en la cara. Y Claudia, una señora con todas las letras. Me pongo de pie para hablar de ella, fue lo mejor que le pudo pasar a Diego”, contó este hombre que lo llaman “El Feo”.

“Diego estaba muy cansando, muy dolorido de la rodilla. Y te voy a contar esto que no lo sabe nadie. Hablando con una de las hijas me enteré de que cuando lo operaron le hicieron unos estudios y a través de una resonancia vieron que la prótesis de la rodilla que le pusieron no es la mejor prótesis que se le podía poner. Se habló mucho de eso anoche”, dijo.

Mariano Israelit, amigo de Diego MaradonaTwitter

Durante la charla reveló que ese maldita prótesis, los pocos efectos que veía en su recuperación y la reciente separación de Rocío Oliva lo tenían de muy mal humor, primero, y muy deprimido, después. Hacía semanas que no se levantaba de su cama.

Mariano Israelit, amigo de Diego MaradonaTwitter

Luego hizo foco en que los asistentes que tenían lo emborrachaban a propósito cuando sabían que iban a ir sus hijas a cenar. Y repitió que lo que iba a contar no se lo habían contado sino que lo había vivido en primera persona: ”Si ellas venían a las 7 de la tarde, a las 6 y cuarto aparecía uno de las personas que vivían con él y le decía: ‘Diego, ¿una cervecita?’. No la pedía Diego, se la traían. Se clavaba una Corona. A los 10 minutos, venían y le apoyaban otra cerveza. Yo le decía: ‘Charly, van a venir las hijas’. Y me decía que no pasaba nada... A la tercera cerveza, Diego empezaba a balbucear y decía: ‘¿Y ahora qué hago que vienen las chicas?’. Y Charly la remataba diciendo: ‘Bueno, ¿abrimos un vino?’”.

En el final, además de decir que lo “ponían en pedo a propósito para que no viera a sus hijas”, contó que cuando eso sucedía ellas llegaban y él ya estaba durmiendo y con el celular apagado. Muy triste.