La historia de Richarlison derivó en terminar la última Copa América y sumarse automáticamente a la delegación de su país para los Juegos Olímpicos. El delantero de 24 años mostró desde sus inicios su potencial que lo llevó a Europa y a la selección.

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Nació en Nova Venecia el 10 de mayo de 1997. Comenzó su camino en América Mineiro, un club menor de Brasil.

En la Serie B jugó 24 partidos y llamó mucho la atención. Marcó nueve goles y lo fichó Fluminense.

En el “Flu” jugó entre 2016 y 2017. En total fueron 46 partidos y 11 goles. Uno de los más gritados se lo marcó a Flamengo en el clásico. Aprovechó un error, eludió al arquero y le dio el 2-1 definitivo a su equipo.

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Richarlison pasó al Watford luego de su huella en Brasil. Una sola temporada con el equipo de la ciudad le bastó para posicionarse dentro de los grandes delanteros de su país.

Anotó cinco goles en el Watford y se transformó en la compra más cara de la historia del Everton, donde sigue jugando desde 2018.

En el equipo de Liverpool lleva 42 tantos en 119 juegos. Se rumoreó varias veces la posibilidad de pasar a uno de los grandes de Europa como el Real Madrid. Sin embargo, aún no trascendió con efectividad su pase.

Tanto su potencia como su capacidad para generarse situaciones por cuenta propia le valieron su lugar con la camiseta nacional. Participó de divisiones menores con Brasil y ganó la Copa América en 2019.

Comenzó los Juegos Olímpicos con un triplete en media hora ante Alemania, para ganar por 4-2 el primer partido de su selección. Brasil parte como candidato a la medalla de oro.

La dura confesión de Richarlison en el comienzo de su carrera

“No me alcanzan los dedos de las dos manos para contar el número de clubes que me han rechazado”, confesó Richarlison.

“Estuve a punto de dejar el fútbol, pero levanté la cabeza y me fui a Belo Horizonte sólo con el dinero del pasaje de ida para la última prueba que tenía, en el América Mineiro. Si no pasaba, no tenía dinero para volver a casa, a 600 kilómetros de ahí”, relató.

“Di la vida aquella mañana y aprobé. Si hubiera desistido después del primer no, no hubiera llegado donde estoy”, contó sobre su prueba con el América MG.

“Vendía golosinas y helados en la calle y trabajaba en el campo para ayudar a mis padres. Aprendí que uno necesita paciencia, persistencia y fe para alcanzar sus objetivos”, soltó sobre su sacrificio.