*Por: Diana Hunsche

En los últimos días vimos en los medios un capítulo de Dragon Ball que fue denunciado, ya que aparecen situaciones de violencia de género, abuso sexual y complicidad compartida, entre otros horrores.

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Su contenido es aberrante. Sin detenernos a contar la trama, aquí aparecen dos clases de espanto: uno es el que surge al ver el guion, y el otro es el espanto de ver que este forma parte de una serie supuestamente destinada al público infantil.

Por eso nos genera indignación, estupor y repudio. Ningún padre o abuelo, ninguna madre o abuela, en su sano juicio, querrían que sus hijos o nietos vieran esta historia.

Podemos extender esta afirmación e incluir a todos los docentes, directores de escuela y a todos aquellos adultos que están en contacto con niños.

Esto claramente nos lleva a preguntarnos: ¿qué les damos a nuestros hijos? ¿Qué consumen ellos en las series, las redes y en internet?

La polémica escena tiene como protagonista al Maestro Roshi en Dragon Ball Super.Web

Como adultos, también somos víctimas de algún modo, porque partimos de la base de que la serie, por el solo hecho de estar rotulada como “dibujo animado para chicos”, no va a tener contenidos pedofílicos como sucede en este caso.

Si bien sabemos que hay mucha violencia en las historias infantiles, y esto daría para un debate aparte, esto va mucho más allá y se sitúa dentro de la perversión.

Por eso nosotros, en calidad de padres, también nos sentimos traicionados en nuestra buena fe. Pensamos que una serie infantil puede ser formativa, informativa o simplemente brindar entretenimiento, pero no que la historia pueda ser nociva. Este capítulo demuestra que se pueden filtrar o incluir intencionalmente contenidos que pueden dañar la salud psíquica de los niños.

Esto nos lleva a tener que supervisar más aún todo aquello que nuestros hijos consumen. Y esto es lamentable, porque los padres ya están abrumados con presiones laborales, educativas y económicas.

Cuando una madre deja a sus hijos en la escuela y se va a trabajar para poder luego comprarles un par de zapatillas, delega la educación de sus hijos en la institución. Cuando un padre va a la cocina a preparar la cena y deja a sus hijos mirando una serie, sucede lo mismo.

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Cuando no estamos con nuestros hijos estamos haciendo otra cosa que también los va a beneficiar a ellos. Entonces esta historia de “Dragon Ball”, serie internacionalmente conocida como un animé infantil, resulta ser un golpe bajo, muy bajo, que nos obliga a aumentar nuestro control.

*Diana Hunsche es Lic. en psicología y autora “A terapia ¿yo?”, un libro con un enfoque novedoso que nos permite entender cómo funciona la terapia.