Luego de aprender a caminar y mientras comienzan a hablar correctamente los chicos están listos para una nueva etapa: la de los caprichos.


Y aquí llega un gran dolor de cabeza para los padres. ¿Complacerlos o mantenerse firmes? Este es el interrogante.

Situaciones como éstas son parte de la rutina de los padres cuyos hijos se aproximan a los 2 años de edad, una fase conocida como la “adolescencia de los bebés“.

Y estos padres se ven ahora frente a un niño con voluntad propia, listo para hacer un berrinche si no cumplen con sus deseos.

La buena noticia es que no sólo es normal, sino una parte crucial de su desarrollo. Y lo aprendido a esa edad, ayudará a moldear cómo lidiará con sus sentimientos en la vida adulta.

Capricho en los chicos

La segunda buena noticia es que hay muchas formas inteligentes de lidiar con estos comportamientos, siempre y cuando los padres se armen de estrategias y mucha paciencia.

Las rabietas son parte del proceso de desarrollo de los niños. La BBC conversó con cuatro especialistas en comportamiento infantil para entender la importancia de esta etapa entre los 2 y 4 años, y tomó nota de consejos prácticos para manejarse en estas situaciones diarias.

“Es una fase en la que el niño hace descubrimientos increíbles y gana una enorme capacidad de interacción”, explica Ross Thompson, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos.

Pero las áreas de autocontrol en su cerebro aún no se han desarrollado“, destaca Thompson, quien también es presidente de la organización “Cero a Tres”, dedicada a este rango etario.

“Lo más importante es que los padres entiendan que ese niño es simplemente incapaz de controlar sus emociones. Ese entendimiento los ayudará a ver la situación de forma más constructiva, y no pensar en que se trata de un desafío a su autoridad”, explica el experto.

Esta maduración del control emocional en el cerebro perdura hasta alrededor de los 20 años, pero la fase más crítica de esta “adolescencia de los bebés” se acaba a eso de los 4 años, cuando el niño aumenta su repertorio para expresarse y hacerse entender.

Chicos caprichosos

“Si los padres se dejan llevar por la rabia y castigan a sus hijos, las situaciones tienden a salirse de control“, dice Claire Lerner, consejera parental de “Cero a Tres“.

“Si en vez de eso actúan con calma y empatía y le ofrecen estrategias al niño, él aprenderá herramientas para lidiar con sus emociones, algo que lo ayudará en la vida adulta”.

Cuando se los contradice, muchos niños de 1 año y medio o más, golpean a sus padres. Como no pueden expresar su frustración en palabras o calmarse, recurren a una respuesta física. Lerner sugiere explicarle lo que está sintiendo y darle herramientas para que se pueda expresar. Los abrazos siempre ayudan a que el niño recupere la calma.

Las pataletas, sobre todo en lugares públicos, son desconcertantes. Pero Lerner nos recuerda que nosotros no somos capaces de controlar cómo nuestros hijos van a reaccionar, pero sí podemos controlar nuestras propias reacciones. Y mantenerse calmo y no elevar el tono de voz ayuda a que no crezca la tensión.

Mantener la calma no significa ceder a los deseos del niño. Según Lerner, “los niños están poniendo a prueba su poder y sus opciones, y si los padres no mantienen los límites que establecen, continuará este comportamiento.

Los chicos y sus pataletas

En momentos de tensión, no sirve preguntarle al niño ‘¿Por qué golpeaste?’ o empezar una larga discusión. Son muy pequeños para entender eso.

Si vemos esto como una manipulación, cuando en realidad es un comportamiento típico tenderemos a reaccionar con enojo. “En vez de entrar en la pelea, mantén la calma, explícale lo que siente y sigue adelante. La lección que estarás dando es que no te vas a involucrar en una discusión destructiva”, aconseja.

Para prevenir las batallas cotidianas y evitar que el niño controle la rutina familiar, Lerner sugiere darle opciones al niño que se muere por ejercitar su recién descubierta autonomía. Para lidiar con una pataleta debes armarte de estrategias y paciencia. “La idea es darle siempre dos opciones y marcar los límites”, recomienda.

Para Elisama Santos, los niños dicen “no” a casi todo porque están acostumbrados a escuchar muchos “no” de sus padres, que ahora pueden usar una estrategia más eficiente: el refuerzo positivo: “el dibujo se hace en el papel”, dice Santos.

Transformar las actividades cotidianas en juegos ayuda a aliviar la tensión en las tareas aburridas.

Si no molesta a nadie, en algunos casos es mejor dejarlos que se vistan como quieran. Y evita pelear todas las batallas, recomienda Lerner.

Por último, todos los especialistas dicen que una palmada no ayuda en el proceso educativo crucial en esa etapa. El castigo físico no es la solución. Además, el niño usará la misma estrategia en otro contexto.




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