5 cosas que le debemos a Jakob Fugger, el hombre más rico de la historia



 Lo que nos legó este banquero y comerciante alemán que se reiría de la "pequeña" riqueza de Bill Gates o de Mark Zuckerberg.

 La desigualdad es uno de más grandes problemas del mundo contemporáneo. Las ocho personas más ricas tienen más dinero que la mitad de la población mundial (además de que son todos hombres). 

Pero tal como ya sospechábamos, la desigualdad no es algo exclusivo de esta época. La fortuna de cualquier ricachón actual quedaría chica comparada con la que supo amasar un hombre llamado Jakob Fugger.

Según su biógrafo, Greg Steinmetz, este banquero y comerciante alemán tuvo una fortuna equivalente a unos US$ 400.000 millones actuales. En cambio Bill Gates, el hombre más rico de la actualidad, “apenas” tiene 75.000 millones.

Fugger nació en 1459 y lo llamaban “El rico”, un apodo bien ganado ya que, según Steinmetz, exeditor de The Wall Street Journal, fue el hombre más acaudalado de la historia y así tituló el libro que escribió sobre Fugger en 2015.

Sin embargo, comparar riquezas de épocas tan distintas, es en realidad imposible.

Como sea, “Jakob Fugger fue sin dudas el banquero más poderoso de todos los tiempos”, afirmó Steinmetz y lo justificó así: “Durante la época que vivió Fugger, el Renacimiento, el mundo estaba controlado por dos figuras: el emperador del Imperio Romano y el Papa. Y Fugger financió a ambos”.

Pero entonces, ¿por qué, si fue alguien tan rico, no sabemos nada de él?

Para Steinmetz existen varios motivos. El principal, es que era alemán y no llegó a ser conocido en el mundo anglosajón (la razón por la cual decidió escribir un libro sobre él).

Pero la razón principal es que Fugger no tuvo una vida tan “brillante” como otros contemporáneos suyos. No fue mecenas de ningún artista del Renacimiento, como sí lo fue Lorenzo de Médici, un personaje de la época bastante más recordado que Fugger. Tampoco edificó grandes construcciones que sobrevivan a los avatares del tiempo, como palacios o catedrales. Y por último, nunca quiso ser Papa u ocupar algún cargo político.

Tal vez su legado más famoso sea Fuggerei, un barrio de viviendas sociales que construyó en Augsburgo, una ciudad al sur de Alemania.

Todavía funciona y son 147 departamentos de 60 m2, por el que sus inquilinos pagan un alquiler simbólico de US$ 1 al año. Las condiciones para acceder son las mismas que cuando se fundó del siglo XVI: Haber vivido al menos dos años en la ciudad, ser católico e indigente.

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