Esta fecha se estableció con un fin inclusivo y de difusión para concientizar sobre esta condición que afecta a 10 de cada 100 argentinos.


Desde 1992, cada 3 de diciembre se conmemora el Día Internacional de la Persona con Discapacidad. El objetivo de esta efeméride es la de informar y trabajar en la inclusión de las personas con algún tipo de limitación física o intelectual, en busca de igualdad de oportunidades.

En nuestro país, 10 de cada 100 personas sufren algún tipo de discapacidad que dificulta sus actividades cotidianas y las ubica en situación de desigualdad respecto de aquellas que tienen sus capacidades conservadas.

Roy Frank RJ Mitte III es un actor estadounidense conocido por su papel como Walter White Jr. en la serie Breaking Bad que tiene parálisis cerebral leve (Foto: Afiche Breaking Bad)

En 1992, al término del Decenio de las Naciones Unidas para los Impedidos (1983-1992), la Asamblea General proclamó esta fecha para trabajar en pos de la difusión y el reclamo de políticas públicas que promuevan la igualdad de oportunidades para las personas con discapacidad. 

El objetivo del Día Internacional de la Persona con Discapacidad es promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidad en todos los ámbitos de la sociedad. A su vez, busca generar conciencia sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural.

En el caso de Argentina, esta fecha comenzó a celebrarse a partir de octubre del año 2000, cuando se fechó la efeméride dentro de la Ley 25346, a fin de promover conductas responsables y solidarias sobre los derechos de todas las personas con discapacidad.

Según la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la discapacidad es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación de las personas.

Se agrupan en tres categorías de acuerdo a la Clasificación Internacional de Funcionalidad (CIF):

–Deficiencias: son problemas en la función corporal o alteraciones en la estructura corporal, a menudo identificadas como síntomas o señales de condiciones de salud, por ejemplo, parálisis o ceguera.

-Limitaciones de la actividad: son dificultades para realizar actividades; por ejemplo, caminar o comer.

-Restricciones de participación: son problemas para participar en cualquier ámbito de la vida; por ejemplo, ser objeto de discriminación a la hora de conseguir empleo o transporte.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó los resultados preliminares del Estudio Nacional sobre el Perfil de las Personas con Discapacidad, a través del cual ahora es posible saber que el 10,2% de la población de la Argentina tiene algún tipo de discapacidad.

“Hacía muchos años que la Argentina no tenía datos concretos sobre la prevalencia de personas que tienen alguna discapacidad, de qué tipo, si es o no adquirida, su edad, su género, la región donde viven, entre otros. Esta información es fundamental a la hora de llevar adelante políticas de Estado específicas, según cada necesidad”, enfatizó la vicepresidente de la Nación Gabriela Michetti.

Discapacidad y empleo

Dentro del promedio de 5 millones de personas con discapacidad, el Censo del INDEC deja en evidencia que solamente un cuarto se desempeña en algún puesto laboral. Pese a que el Estado impone “cupos para personas con discapacidad”, en muchas empresas no los respetan. Además, muchas personas con diferentes limitaciones no buscan empleos por miedo al rechazo.

Otro dato a destacar es que en el marco de los programas de inclusión laboral para personas con discapacidad, los empleados ganan menos que un trabajador sin limitaciones, aunque pueda desarrollar esa tarea de igual forma.

Según un informe de 2017 elaborado por ADECCO Argentina 4 de cada 10 empresas argentinas cuentan con programas de inclusión para personas con discapacidad.

La inclusión en la escuela

Incentivar valores positivos, promover ambientes saludables, transmitir y fomentar la confianza entre las personas son solo algunos de los aspectos a tener en cuenta al momento de debatir sobre la importancia de que existan espacios cada vez más inclusivos y equitativos.

La escuela es, sin dudas, uno de estos espacios y, particularmente, todo lo que los docentes pueden brindar a sus estudiantes dentro del aula.

La Ley 26.378 dice que “la educación que se debe impartir debe incluir a todos y todas, tengan o no una discapacidad”. La importancia de esta Ley radica en que lo largo de los años, y todavía hoy, sigue sucediendo, los derechos de las personas con discapacidad a la vida independiente, a la educación, a la accesibilidad y a la igualdad de oportunidades se vieron y se ven vulnerados.

“El derecho a la educación inclusiva es aquel que establece que las personas con discapacidad puedan acceder a educarse en las mismas escuelas que el resto de las personas. Lo que implica la obligación de los Estados de garantizar este derecho, para que las personas con discapacidad reciban educación en igualdad de condiciones y, al mismo tiempo, tengan acceso a la educación superior y espacios de enseñanza-aprendizaje durante toda la vida. Todo esto, teniendo en cuenta los desafíos, los tiempos y las herramientas que se necesiten en cada caso particular, ya que la inclusión justamente apunta a eso: cada uno en su contexto pueda acceder a los mismos contenidos y enseñanzas”, reclama María Fernanda Díaz, Jefa del área de desarrollo pedagógico de Colegium.

Las prácticas educativas inclusivas están recibiendo cada vez más apoyo en todo el mundo, dada la necesidad de lograr una sociedad más igualitaria. Comunidades internacionales van determinando, gradualmente, que la inclusión es el enfoque más justo para proveer de formación a estudiantes con necesidades especiales. “Es ampliamente aceptado que las condiciones que se requieren para facilitar una inclusión exitosa contribuyen de igual manera en la mejora general de la calidad de las escuelas y en los altos niveles de rendimiento de todos los niños”, resaltó la profesional de Colegium.

Como resultado, en los últimos años la educación inclusiva recibió más atención, sobre todo en aquellas regiones que recibieron fuertes críticas a sus sistemas educativos. Es así que, desde hace un tiempo, existe un movimiento que promueve una formación más inclusiva en casi todos los países y, en algunos de ellos, ya se pueden ver algunos avances en materia de educación e inclusión.

“Es un momento propicio para que todos los estamentos, tanto estatales como particulares, inviertan en programas e iniciativas que ayuden a hacer que la formación en las escuelas sea una opción para todos los chicos, sin diferenciaciones y con oportunidades para todos por igual”, completó Díaz.




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