Kate Rodríguez se ganó el corazón de los argentinos por su carisma y desenvoltura cada vez que aparece en los medios. Desde 2020 viene brillando en el staff rotativo de “Bienvenidos a bordo”, y comenzó 2022 con varios proyectos.

Además, sus redes sociales cuentan con cada vez más seguidores, por lo que las marcas siempre la tienen muy en cuenta al momento de elegir una cara que los represente.

Kate Rodríguez Foto: Instagram

Este fue el caso de una empresa de trajes de baño, con quien Kate se comprometió y, aunque no sabemos cuál fue el acuerdo, sin dudas lo cumplió con creces.

Kate Rodríguez Foto: Instagram @katepma

La morocha subió la producción de fotos a Instagram, y compartió tres estilos diferentes de mallas. En primer lugar, lució una bikini de dos piezas con estampado cebra verde-negro, luego otra de estilo top con un furioso animal print, y cerró con una enteriza negra, algo más clásica, pero de importante cavado.

Crítica al acoso callejero

La modelo suele interactuar mucho con sus seguidores y se caracteriza por contar anécdotas a lo largo de varias historias. “Espero que se hayan levantado bien, flacos, con una transferencia bancaria, con los dientes parejos, con el cuerpo contento y, si tienen pareja que se haya levantado con buen sexo”, saludó este miércoles, como antesala del relato de un momento incómodo que le tocó vivir.

Kate Rodríguez Foto: Instagram @katepma

“No suelo caminar por la calle, y hoy tuve que caminar cuatro cuadras, sólo cuatro cuadras. Yo pensé que con el movimiento feminista el acoso callejero había bajado... Soy de carácter delicado, mecha corta, y si hay algo para lo que tengo poca tolerancia es para la gente tonta, que no usa el sentido común”, comenzó.

Y pasó a hablarle a los hombres: “Si tú eres de esos que le dice cosas a las mujeres porque piensas que nos vamos a quedar calladas, que nos acostumbramos a ignorar, te digo algo: el que tiene que tener vergüenza eras tú”.

Kate Rodríguez Foto: Instagram @katepma

Además, agregó que ante cada cosa que le dijeron sintió la necesidad de actuar y enfrentar al acosador. “Me volvía, me les ponía enfrente y les pedía que me repitan en la cara lo que habían dicho. Y lo que más risa me da es que quedan en ridículo. Cuándo una los encara, no se hacen cargo, les sale lo que son realmente: unos cagones. Yo me había despertado de buen humor y me pasó eso”, dijo todavía visiblemente ofuscada.