“Son animales que viven en grupo, son gregarios, y dentro de esos grupos existe una jerarquía. Por ejemplo, a la hora comer, primero comen los machos adultos, luego las hembras adultas, siguen los subadultos y finalmente comen los juveniles”. Así señaló la licenciada Natalia Dávalos, del Área de Educación Ambiental de la Reserva Experimental Horco Molle de la UNT, al puntualizar particularidades que tiene el cóndor durante su vida.

Lo hizo en ocasión de liberarse un cóndor en la zona del Pichao, Colalao del Valle,  subrayando que “son animales monógamos, es decir que solamente forman pareja una sola vez y viven con su pareja el resto de su vida, y luego de la reproducción ponen un solo huevo, cada 2 años, más o menos. A ese huevo lo incuban, tanto el macho como la hembra, durante unos 60 días. Y cuando nace el pichón, este será cuidado por sus padres; hay un cuidado parental de la cría”.

Continúo destacando que “en cuanto a su alimentación, el problema es que pueden comerse las balas que quedan en los animales muertos, presas que pueden haber sido cazadas y terminando contaminando su sangre con plomo. Esto es más delicado porque exige un tratamiento más difícil de realizar, lo cual exige una recuperación más prolongada de un cóndor intoxicado con plomo”. Aclaró que “una causa muy común que atenta contra esta especie son los choques, durante sus vuelos, con cables eléctricos de alta tensión, que les provocan lastimaduras muy graves que hasta llegan a producirles la muerte”. Enfatizó que “actualmente, y lamentablemente, el cóndor enfrenta muchas amenazas vinculadas con el envenenamiento por cebos tóxicos y por plomo. Muchas veces, y como es un ave carroñera, las comunidades suelen envenenar animales que son perjudiciales para el ganado, los pumas y los zorros, por ejemplo, que mueren justamente por envenenamiento. Entonces, cuando el cóndor baja a comerlos se envenena también, o se intoxica con estos productos químicos”.