Forma parte del cuerpo técnico de Sportivo Cochicó, de Victorica, y en un partido definitorio con Unión Acha, el árbitro no lo dejó estar en el banco de suplentes.


Mauro Luis Vidart, de 29 años, convive con el Síndrome de Down y desde chico, acompañado por su familia y una comunidad que lo cobijó, transformó su vida en un claro ejemplo de la importancia de la inclusión para las personas con dicapacidad.

Su historia, impecablemente contada en una nota del Diario La Arena y publicada este martes, relata el ingrato momento que debió vivir cuando su equipo, Sportivo Cochicó de Victorica, jugaba buscando el pasaje a las semifinales de la Primera “B” de la Liga Cultural de Fútbol ante Unión Acha.

Mauro participa de un programa diario en Radio Loventué, que encabeza el locutor Beto Ayala, quien desde hace 8 años le dió un lugar en el espacio radial como parte de un proyecto de integración, que se extiende incluso a las canchas de fútbol.

Ayala es, además, técnico del club Sportivo Cochicó, tarea que comparte con Jorge Domínguez, y hace cuatro meses, luego del fallecimiento del padre de Mauro, lo integraron al cuerpo técnico del club con la misión de ser el aguatero del equipo para intentar amortiguar el impacto de la pérdida que sufrió.

El domingo que los dos equipos se enfrentaban en la revancha por el ascenso, el árbitro del partido, Paolo Macchi, demora el inicio y le pide al aguatero que se retire del banco de suplentes “porque no firmó la planilla y que, por lo tanto, reglamentariamente no puede estar dentro del campo“.

Ante la inflexible decisión del árbitro, Mauro deja el bidón y se retira, aún sin terminar de comprender lo que sucede, mientras la tribuna estalla en contra de Macchi. En el entretiempo, Mauro pregunta en los vestuarios si lo dejarán entrar pero la negativa se mantiene.

Relata la nota que ninguno de los tres goles de su equipo le permitieron dar rienda suelta a la alegría. Recién el lunes, cuando volvió al programa de radio, los oyentes y las redes sociales lograron restituirle parcialmente el júbilo del triunfo y la confianza de sentirse querido nuevamente.






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