La historia del puntano “Tito” en el Día del Empleado de Comercio

Ramón Fidael “Tito” Guiñazú
Ramón Fidael “Tito” Guiñazú Foto: El Diario de La República

Ramón Guiñazú dedicó su vida al servicio de la gente. A los 12 años comenzó con su primer empleo para ayudar a su humilde familia y, luego de 53 años de arduo trabajo, finalmente se jubiló.

Ramón Fidael “Tito” Guiñazú tiene 66 años, es de San Luis y dedicó su vida al trabajo. Su primer empleo fue en un taller de arreglo de calzados a sus 12 años y, desde allí en adelante, no dejó de trabajar hasta hace un año, cuando logró su jubilación.

53 años delaburo”, casi toda su vida, lo llevaron a ser uno de los empleados de comercio más antiguos de San Luis.

La historia de vida de “Tito” Guiñazú y su primer trabajo

Nací en una casa humilde y de trabajadores. De chico quise ayudar a mis padres, por eso le insistía a mi madre que quería trabajar y ella me mandaba a estudiar. Pero encontré la forma de que me acompañara a pedirles trabajo a los dueños del taller de compostura del calzado.

Ramón Fidael “Tito” Guiñazú
Ramón Fidael “Tito” Guiñazú Foto: El Diario de La República

Era un niño, pero tuve la suerte que me aceptaran. Ganaba unas buenas monedas y todas las propinas eran para mí. Me venían muy bien para ayudar. Era poco, pero para mí era importante”, comenzó relatando Guiñazú a El Diario de La República.

Tito, quien nació el 12 de junio de 1956, se iba con regularidad al centro de la ciudad de San Luis. Tenía curiosidad por conocer y fue así que llegó a la tienda La Cholita, propiedad de la familia Lazarte, y pidió trabajo.

Los dueños, al ver mi osadía y mi interés, me tomaron. Quedé como cadete. Al poco tiempo, Julio (uno de quienes lo habían empleado) se independizó para abrir Julio Sport y yo me fui con él”, recordó Ramón.

Ramón Fidael “Tito” Guiñazú cuando niño.
Ramón Fidael “Tito” Guiñazú cuando niño. Foto: El Diario de La República

Con mi primer sueldo me compré una bicicleta pistera marca Hispano France. Recuerdo que tenía semitubo, muy de moda por esos años. No lo podía creer, era mi sueño”, contó el hombre.

Su trabajo en la tienda de ropa

Tito recuerda que en aquellos años el negocio era visitado por muchas personas del interior de la provincia. Como el local quedaba cerca de la terminal de ómnibus de San Luis, gente de Luján, San Francisco y de varias localidades del norte, como también de Beazley y Zanjitas, llegaban a hacer sus compras allí.

“A veces venían y pedían ojotas o zapatillas y lo que realmente querían era alpargatas. Había que asesorarlos, darles una mano. La gente del interior, el verdadero gaucho, usaba mucho el sombrero negro de paño y compraban de ala corta o de ala ancha. Eran otras épocas, obviamente”, relató Guiñazú.

Ramón Fidael “Tito” Guiñazú cuando joven.
Ramón Fidael “Tito” Guiñazú cuando joven. Foto: El Diario de La

“Otra prenda que tenía mucha salida eran las largas fajas negras, de buena trama y tejidas. Según decían los criollos, esas fajas servían para proteger los riñones, posibles hernias, de abrigo para la cintura y hasta de defensa en casos de peligro”, añadió el hombre.

Su jubilación tras 53 años de trabajo

Hace poco tiempo me jubilé, después de más de 53 años de trabajo, siempre en la casa de Julio Lazarte. No dejo de pasar siempre por el negocio. Voy un par de horas por la mañana, no puedo olvidar que ahí pasé gran parte de mi vida y tengo muy buenos recuerdos. Pregunto si necesitan algo. Siempre estoy, es como una terapia”, cuenta “Tito”.

Desde que se jubiló, Ramón disfruta de su familia y aprovecha para ir al “campo”, a la casa de una de sus hijas.

Como buen jubilado, aprovecho de disfrutar de mi señora, de mis hijas, mis yernos y de mis nietos: Genaro, Juan Ignacio y Santino. En ocasiones nos vamos a El Volcán, donde mi hija María Eugenia tiene una casita. Allá pasamos los fines de semana, aprovechamos a hacer un buen asadito y, por las tardes, unos buenos mates”, cuenta.

Los agradecimientos a su gente querida

“A mi familia, a mis amigos y a mis patrones nunca les fallé, ellos fueron buenos y cumplidores, y yo también. Me siento bien y en paz en todo sentido.

No me olvido de mis amigos del bar, con quienes comparto siempre un café acompañado de largas charlas y discusiones bien intencionadas. Soy un agradecido de la vida y a mis colegas les deseo un excelente Día del Empleado de Comercio”, cerró “Tito” en su extensa entrevista al Diario de La República.

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