Quedó acreditado que quería inducirlas a implicarse en ciertas conductas sexuales.


C.G. dio una explicación de por qué creía que había sido denunciado por su hermana, quien lo señaló como responsable de los abusos sufridos por sus dos hijas cuando eran menores. Dijo que era porque le había llegado el comentario de que su hermana quería “hacerle una cama”, para perjudicarlo en el reparto de un terreno heredado. Pero en la resolución que firmó hace algunas horas, la jueza Penal 3, Virginia Palacios, además de valorar que la coartada era inverosímil e indicar que no halló motivos de que se tratara de una falsa denuncia, procesó a C.G. y ordenó que fuera trasladado al Servicio Penitenciario Provincial, con prisión preventiva.

Palacios consideró que hay indicios suficientes para considerarlo sospechoso de “Abuso sexual gravemente ultrajante” en perjuicio de una de sus sobrinas, la más chica, y de “Corrupción de menores agravada en concurso real, en dos hechos, tratándose de víctimas menores”. En relación a este último delito, las damnificadas fueron tanto su sobrina menor como su hermana mayor.

C.G. fue detenido el miércoles 12 de agosto cerca de las 21:30, cuando salía de un domicilio del barrio Francisco Cáceres, en San Luis. Después, efectivos de la Unidad de Orden Público I (Urop I) allanaron su casa, en el barrio 123 Viviendas, y secuestraron material que será analizado por personal del Departamento de Investigación de Delitos Complejos (DIDC) del Poder Judicial de San Luis. En la resolución, la magistrado dispuso que se libre oficio a la DIDC para que haga las pericias correspondientes.

La presentación hecha por la hermana de C.G. en julio del año pasado que derivó en la investigación fue hecha después de que su hija más chica le contara que su tío le había hecho escuchar un audio que supuestamente le había enviado a él un muchacho que presuntamente salía con ella. Ese joven le decía al hombre que su novia —es decir, la sobrina del ahora procesado— quería que hicieran un trío sexual.

Después de hacerle escuchar el audio, el hombre le dijo que no tenía que sentir vergüenza ni miedo, que podían hacerlo, si era lo que quería, y que iba a ser un secreto entre ellos. Turbada, la chica habló de ello con su abuela —es decir, con la madre del denunciado y de la denunciante—, y ella le dijo que no debía decir nada al respecto.




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