Pájaros que cantan bellos cortejos, perfume de enredaderas en el aire y un sol tibio que nos alegra la mañana. En esta nota te cuento cómo olvidarte un rato de la pandemia construyendo tu propio paraíso.


En estos días, al abrir las ventanas por la mañana, descubriremos que comienzan a fluir los aromas del jazmín polyanta y de diamelas, glicinas, azares y acacias. Además, escucharemos el trino de los pájaros, que llegan a nuestro jardín en busca de parejas para cumplir su ciclo, mientras liban el néctar de las flores y recolectan ramitas con las que construirán sus nidos… Las aves saben que si lo logran, serán padres o madres de hermosos pichones que asegurarán su descendencia.

Al asomarnos al jardín, descubriremos también que el sol es más tibio y placentero que en los días previos. ¡No hay dudas de que la primavera está llegando! Entonces es hora de poner manos a la obra: el almanaque de los sentidos nos está anunciando que es tiempo de cambiar la tierra de las macetas, regar por las mañanas, sembrar florales en los canteros y, en el huerto, albahacas, tomates, pimientos, rabanitos, zapallos, perejil, acelga y lechugas… ¡Disfrutemos de la naturaleza en su etapa más vital!

Jardin, Rumbos. Archivo.

Consejos para cada región

Norte + Fuera pimpollo viejo: Después de la floración, acordate de quitar los pimpollos de las camelias que no se abrieron. Si te olvidás podrían generarse hongos, que perdurarán en la planta mientras dure el pimpollo viejo e inhibirán la formación de flores el próximo año.

Centro + Ojo con el desnivel: En estos días comenzará a reverdecer el césped de primavera-verano. Aprovechá ahora para tapar los desniveles del suelo, que aún son visibles: si tienen una profundidad de 5 cm o más, podés cubrirlos con arena gruesa, y si son bajos y superficiales con arena fina. Tratá de conseguir arena del Paraná, que es la mejor.

Patagonia + Refuerzo post-invernal: Una buena manera de prolongar la floración de pensamientos, violas y caléndulas, es quitar las flores viejas y enriquecer el suelo con un puñado (cada m²) de fertilizante tipo Triple 15. Después de las heladas y los rigores del último invierno, estas hermosas plantas lo deben estar necesitando.

Consultas de lectores

Jorge Américo Rossi, de Corrientes, ha notado que en las últimas temporadas de primavera-verano muchas de las hojas de sus malvones se ponen amarillas y se secan, quedando los troncos bastante pelados. Antes de esta primavera renovó la tierra y sigue regando con abono floral, pero el problema continúa. Pide asesoramiento para detectar a qué se debe el inconveniente.

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– Jorge, pueden ser dos las causas. La primera, un mal drenaje de la maceta (pero la descartaría porque mencionás que cambiaste la tierra); y la segunda, que la mayoría de los malvones hayan sido multiplicados por un esqueje (gajo), por lo que la planta nueva en realidad tiene la edad de la planta madre de la que fue extraída… Si la planta madre era muy vieja, tu planta seguramente será genéticamente vieja; de allí este aspecto de tallos altos, pelados y con escasa floración. Si estoy en lo cierto, esta estructura se mantendrá así, hagas lo que hagas. En cambio, cuando el malvón se multiplica por semilla, estamos genéticamente ante una planta nueva: por eso lo notamos bajo y con muchas hojas, y presenta excelente sanidad y floración. Si conseguís semillas de la misma planta, sembralas o, en su defecto, comprá malvones nuevos asegurándote de que provengan de semilla.

Claudia, de Rosario, tiene una camelia que plantó hace casi dos décadas. Hace dos años empezó a dar unas flores muy bellas de color coral, pero ahora descubrió que tiene las hojas con manchitas, y envía una fotografía para ver de qué se trata.

-Claudia, tu camelia tiene cochinillas. Eliminalas con un preparado de 3 cucharadas soperas de ralladura de jabón blanco disueltas en 3 litros de agua. Deberás rociar la planta mojando las hojas por ambos lados y repetir la aplicación en cuatro oportunidades y con siete días de intervalo entre cada aplicación. Por último, no permitas que se le suban hormigas, ya que son las que traen las cochinillas y podrían instalarlas en las hojas nuevas.

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Laura tiene una palmerita de ya tres décadas. Hace unos ocho meses se mudó y no encuentra un lugar adecuado para ubicarla. Hasta el momento de la mudanza la tenía en un patio cubierto; y ahora, en el domicilio nuevo, ha probado acomodándola en el balcón -no funcionó- y en el interior del departamento, con buena luz natural, sin vientos ni sol directo. Pero la ve triste y con unas manchas blancas en la parte superior, donde salen las nuevas hojitas.

– Laura, tu palmerita no tiene defensas ante los cambios de hábitat: imaginate que en la naturaleza nace, crece y muere en el mismo lugar. Al cambiarla de hábitat, el estrés que sufre detiene su crecimiento llevándola a transitar un tiempo de deterioro, que puede durar uno o dos años hasta que compense la falta de luz y el cambio de temperatura. Dejala en un lugar lo más parecido al que tenía en cuanto a luminosidad y temperatura y no la mueva más, porque si seguís probando rincones probablemente no pueda adaptarse nunca al nuevo hábitat y termine muriendo.

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Mariela López envía fotografías de una palmera con las hojas inferiores amarillas y cuenta que está muy enferma, con una especie de telaraña en cada hoja, a la altura de donde se abre el abanico.

– Mariela, tu palmera goza de excelente salud. No te preocupes: a medida que va creciendo las hojas de la base tornan al amarillo, se secan y caen, y van quedando las cicatrices en el tallo. Las hojas del centro, que son las activas, están sanísimas. Y los hilitos que tienen en los abanicos son habituales en esta planta, que precisamente se denomina científicamente Washingtonia filiera porque tiene esa especie de hilos deshilachados en las hojas.


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