Nalé Roxlo disfrutó de una infancia libre, al lado de una madre imaginativa, un hermano cómplice y una abuela fuerte y alegre.


Lo encontré durante este acuartelamiento forzado, mientras me empeñaba en poner cierto orden en las bibliotecas de mi escritorio. En un estante dedicado sólo a poesía, este libro pequeño en edición rústica, sobrecubierta rotosa e ilustración art-déco parecía pedir que lo ojeara. Y por varios días, antes de comenzar a leer el correo o a armar mis clases, lo abrí al azar y leí, sin orden, sus poemas.

No sé cómo llegó a mis manos. Es posible que haya sido de mi madre, a quien le gustaba mucho la poesía y que desde niños nos sumergió en Rubén Darío, Gabriela Mistral, la Storni, Lugones, Amado Nervo, el Martín Fierro y Lorca más adelante.

En este tomito, figuran dos de sus libros de versos: El Grillo, y Claro Desvelo. El autor es Conrado Nalé Roxlo, de quien pensaba tomar varios temas para una antología de poesía para niños. Según mi Diccionario de Literatura Universal, Nalé Roxlo (1898-1971) nació y murió en Buenos Aires. Destacó como poeta, humorista y luego dramaturgo. Estuvo relacionado con el grupo Martín Fierro, muy vanguardista, pero luego se alejó de él y prefirió escribir con una sencillez encantadora.

Cuando incorporó a sus escritos el humorismo, firmaba como “Chamico”. Algunos de sus títulos, publicados entre los años 40 y 50: El muerto profesional, La medicina mirada de reojo, Humor de los humores y varios otros.

Entre sus piezas de teatro está La cola de la Sirena, sobre la que recuerdo haber leído muchos artículos; Una viuda difícil, estrenada en teatro y después llevada al cine con dirección de Fernando Ayala y la actuación de Alfredo Alcón y Alba Arnova. No fue la única: le siguieron Historia de una carta, Loco Lindo y Una novia en apuros.

Encontré una hermosa semblanza de él, de su vida y su obra, cuyos datos daré en mis Sugerencias, pero mientras tanto les transcribo un texto que aclara muchas cosas de su persona como tal: “Fue el segundo hijo de uruguayos descendientes de franceses y españoles. Menudo, de rostro delicado y gesto firme, observó, con mirada festiva no exenta de ironía, el mundo a través de los cristales de sus anteojos y del humo del cigarrillo que nunca abandonaba. Gozó de una infancia y de una adolescencia libres al lado de una madre imaginativa, un hermano cómplice y una abuela fuerte y alegre.”

Creo que lo que dice María Esther Vázquez en esa hermosa nota es la base de personalidad, de ese sentido jocoso y a su vez nostálgico de la vida. Pero quiero compartir con ustedes un poema que encontré hoy, justamente hoy, buscando un poema para mi hermano Pedro y algunas amigas, que en esta cuarentena, entre otras cosas como cocinar, aprender a hacer pan, pintar, bordar y tejer, se les ha dado por releer a sus primeros poetas.

Se titula “Conformidad”:

Más que pesada carga/

Me parece la vida/

Oloroso manojo/

De ramas florecidas.

Entre las ramas frescas/

Hay algunas espinas,

Pero son ya tan viejas/ Que al herir acarician.

Si una lágrima cae/ Sobre las hojas finas,

La desvanece el viento/ Que en la tarde suspira.

Un pájaro celeste/ En el manojo anida,

Tiene las alas grises/ Y la voz cristalina.

Cuando su canto muera/ Entre las ramas frías

Y ya no queden hojas/ Que oculten las espinas,

Encenderé las ramas/ Con unas viejas chispas.

Y será tibia y clara/ La tarde de la vida.

Sugerencias:

1) Imperdible: buscar en Internet “Instantáneas: Los cien años de Conrado Nalé Roxlo”, artículo de María Esther Vázquez, clave de este título.


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