Los beneficios de consumir productos orgánicos están hoy muy difundidos y se vinculan con el cuidado de la salud y el medioambiente. Elaborados sin químicos y procesados sin aditivos, son cada vez más demandados en el mundo entero. Los que produce nuestro país cumplen con los más estrictos estándares, equivalentes a los exigidos en la Unión Europea, Suiza y Japón (más elevados que los usados en países como los Estados Unidos).

“Además de ser de altísima calidad, nuestros orgánicos suman la confianza que aporta la trazabilidad”, explica Ricardo Parra, presidente del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO). En la Argentina, el promedio de consumo en relación con el total de alimentos apenas roza el 2%, pero crece año a año. “El gran desafío es procesar los productos primarios y estandarizarlos sin usar conservantes, saborizantes ni aditivos”, dice Parra. Por eso, MAPO ya trabaja con el INTI para incorporar técnicas naturales, mejores envases y formulaciones que permitan ampliar la vida de los productos.

Detrás de cada orgánico hay un productor local certificado

La lista es extensa: miel, aderezos, chocolates, dulces, condimentos y mucho más. Todo producto orgánico local debe llevar en el envase el sello de las dos hojitas. “Si son alimentos frescos, se puede pedir el certificado transaccional, que es una planilla que indica la cantidad de producto que se puso a la venta”, recomienda Parra.

Las estrellas del invierno

Siempre hay que buscar productos de estación y saber que algunos alimentos pueden no estar disponibles. “Cuando una verdura está cara es porque no hay, y lo mejor es no comprarla”, insiste el presidente de MAPO, y sugiere, de cara al invierno, consumir pera, manzana y cítricos orgánicos, infusiones, miel y frutos secos, cuya cosecha culminó en abril.