Los ingresos tocaron fondo durante la cuarentena, cuando las entidades dejaron de lado las actividades deportivas y se abocaron a la ayuda social.


Casi ocho de cada diez clubes de barrio en Rosario cobró sólo entre el 0 y el 25% de la cuota societaria durante el mes de mayo. Una situación similar vivieron en abril, lo que se suma a los gastos que están teniendo para brindar su ayuda a los más necesitados durante la pandemia. “Cuando esto pase nos encontraremos con un escenario muy difícil”, indican.

Los datos se desprenden de un relevamiento realizado por la Red de Clubes de Rosario de la cual participaron unas 80 instituciones. Los mismos marcan que en abril, el 75% de estos establecimientos percibió entre el 0 y el 25% de las cuotas, mientras que en mayo la cifra de los que debieron conformarse con estos bajísimos ingresos llegó al 77%.

“Hoy nos podemos sostener porque no estamos pagando impuestos ni servicios, por la medida que impide el corte de los mismos, pero una vez que haya que abonarlos no sabremos cómo lo haremos”, sentenció en diálogo con Vía Rosario Jeremías Salvo, referente de la agrupación.

La caída en el pago de cuotas se viene dando desde hace un par de años, pero tocó fondo en plena pandemia, y se suma a la seguidilla de tarifazos a las que los clubes debieron hacer frente hasta la suspensión del corte de servicios por mora.

Pese a que no pueden brindar sus habituales actividades deportivas a los asociados, siguen funcionando, pero en este caso brindando asistencia social. “Unos 100 clubes de barrio hacen ollas populares, reparten raciones de comida una o dos veces por semana, además de meriendas para personas con necesidades”, contó Salvo.

Es decir, las instituciones se ocupan de tareas que deberían estar a cargo del Estado, que sin embargo, le cobra por los servicios empleados en pos de atender la demanda social. Un total contrasentido. “No nos dedicábamos a esto, pero dada la situación, tuvimos que hacerlo. El problema será cómo volveremos después de la pandemia”, se preguntó.

Es que además se suma la complejidad que afrontarán el día que puedan abrir. “No puede existir un protocolo único para todos, porque cada club tiene una realidad distinta. Algunos no cuentan con empleados, o tienen una sola canilla, entonces les será imposible cumplir estrictas normas sanitarias”, graficó.

Mientras tanto los establecimientos tratan de sobrevivir acogiéndose al régimen de ayuda estatal para el pago de salarios, apelando a sus ahorros y a la colaboración de quien esté en condiciones de hacerlo. Por lo visto, 2020 será otro duro año para estas emblemáticas entidades barriales.




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