El aislamiento obligatorio dispuesto por Nación ante la pandemia de coronavirus, encontró a personas solas, lejos de sus familias. Acá un testimonio.


Mariana Albera es del Km 658 pero desde hace años vive en Río Primero por cuestiones laborales. La cuarentena la dejó sola en el pueblo, aislada en el departamento que comparte con su gatita.

Administrativa en una fábrica de baterías, continúa sus tareas a través del home office. “Los primeros días leía todo tipo de información al respecto del coronavirus y todo su trasfondo de la situación política, económica y social me mareaba muchísimo, entonces empecé a dedicarle a la información sólo una hora al día”, comenta la joven de 32 años a Vía Río Primero.

Aunque puede trabajar desde su casa, no descuida la rutina. Sigue levantándose a las 7.30 horas, desayuna mientras revisa las tareas pendientes de la empresa.

Mariana reconoce que la cuarentena le cambió la vida al darle más tiempo para cocinar, leer, tomar cursos online, realizar actividad física, ver películas, videos de inteligencia emocional y meditar “para calmar la ansiedad y el encierro”, destaca.

Y aunque le toca transitar este aislamiento sola, remarca: “Mantengo mi vida social totalmente activa, a través de videollamadas, Whatsapp, comunicaciones con mi novio, familiares y amigos”.

Mariana supo encontrar en las herramientas tecnológicas la manera de seguir conectada con sus seres queridos para que la ansiedad no le gane a la voluntad de seguir adelante.

Otro de los cambios que hizo fue en las compras: antes las hacía diariamente pero ahora solo salió un día antes de que decretaran el aislamiento: “Hice una compra considerada, y luego he salido muy pocas veces, notando que aumentaron los precios en las verdulerías principalmente”, afirmó.

Y así como sigue comenzando su día temprano por la mañana, “a las 23 horas yo ya estoy durmiendo”, asume entre risas al lograr mantener la rutina pre-cuarentena, algo que en la mayoría se vio desbordado.




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