Este mundo tiene mini guerreros y son aquellos bebés que nacen antes de lo previsto. Desde que salen de la panza, la mayoría de estos niños debe vencer algunos obstáculos, unos más complejos que otros, los que les permitirán poder irse a casa con su familia.

Laureano Uriel Tonelli Becerra y Helena Masters son un ejemplo de lucha, gracias a la fuerza del amor y del trabajo del personal médico que los atendió, tanto a ellos como a sus mamás. Ambos nacieron en 2017, actualmente tienen tres años y, en la Semana del Prematuro, sus madres revivieron el nacimiento de sus pequeños.

Florencia Tonelli, mamá de Laureano, y Agustina Palomar, de Helena, comparten una historia en común. Más allá de que las dos tuvieron a sus bebés internados mucho tiempo en Neonatología, ambas venían de vivir momentos muy duros, tras haber perdido embarazos anteriores por tener Trombofilia, algo que descubrieron tiempo después.

Sin embargo, salieron adelante y con el apoyo de sus familias pudieron acompañar a sus hijos en un proceso tan difícil como es el de estar en Neo.

Agustina embarazada de Helena.

Laureano, un prematuro extremo

Laureano nació el 13 de julio de 2017 y estuvo internado hasta el 13 de octubre en Neonatología del Hospital Español. Florencia, previo a quedar embarazada de él, perdió un embarazo de 24 semanas, que le trajo algunas complicaciones y le dejó secuelas.

“Con el primer embarazo me dio preeclampsia, quedé hipertensa, hipotiroidismo y diabetes tipo 1. Me daban ocho pinchazos de insulina, ocho para medir la glucemia en sangre y dos de heparina”, comenzó a contar la joven madre.

“Un día 20 de junio tuve un pico de presión, se me subió estando medicada. Me ingresaron al hospital Español, quedé internada para que me hicieran una serie de estudios. Ahí se dieron cuenta que el embarazo me estaba afectando los riñones”, siguió.

Laureano pesó 900 gramos al nacer.

A raíz de esa complicación, apuraron el nacimiento de su bebé y ella del quirófano, pasó directamente a terapia intensiva. “Estuve cuatro días en terapia, hasta que pude salir y conocerlo”, contó.

Laureano nació a las 27 semanas de gestación y pesó 900 gramos, por lo que se lo considera prematuro extremo. “Antes de que naciera me explicaron todos los riesgos. Tenía 80% de posibilidades de vivir. No sé si por positivista o por negadora, pero lo único que me salía decirles era que él iba a poder”, recordó Tonelli.

“Cuando pude conocerlo me dio mucha impresión, había bajado a 645 gramos. Estaba vestido con sonda, cables y muy pálido. Los primeros tres días había estado con luz azul por la bilirrubina, pero aún así estaba muy pálido”, dijo.

El pequeño guerrero tuvo hemorragia cerebral, apneas por lo que usó respirador y una infección urinaria sobre el final que retrasó su alta. “Solo pensaba que se iba a morir, y una médica me dejó alzarlo y ahí le dije que tenía que pelearla, que a mi me habían dicho que no iba a poder aguantar un embarazo y pude, que era fuerte, y en ese momento me apretó el pulgar con su manito y me llenó de esperanzas”, expresó emocionada Florencia.

El pequeño estuvo tres meses internado.

Luego de haber estado tres meses internado, y tras recomponerse de la última infección, el 13 de octubre de 2017 recibió el alta con algunas terapias ambulatorias.

“Apenas salimos de alta tuvieron que comenzar distintas terapias como estimulación temprana, fonoaudióloga, terapia sensorial y kinesiólogo, algunas con las que continúan actualmente”, contó Florencia y resaltó que su hijo es un niño muy sano con un gran carácter.

Florencia y Laureano.

Una pequeña gigante

Helena Masters nació el 14 de noviembre del 2017 en la Clínica de Cuyo. Agustina contó que el embarazo venía bien, pero luego de la primera ecografía el médico le indicó reposo y evitar esfuerzos por un desprendimiento de la placenta. “Fue un embarazo difícil y complicado en ese sentido”, resaltó.

El desprendimiento se sanó, pero a los cinco meses detectaron que la bebé venía con una disminución de crecimiento, de aproximadamente una semana, por lo que Agustina tenía que ir a controles periódicos.

Helena en Neo.

“Saliendo el séptimo mes me hicieron otra ecografía de control y esa diferencia pasó de una semana a dos. Los médicos se preocuparon, notaron algo raro y había aumentado muy poco de peso. Salí llorando de la ecografía porque sabía que algo no andaba bien”, recordó Palomar sobre aquel momento.

Y siguió: “Consulté con mi ginecólogo y quedé paralizada cuando me dijo que iba a tener que interrumpir el embarazo, hacer una cesárea de urgencia porque no estaba creciendo y no recibía buen oxígeno. Fue todo muy triste, me había preparado para tenerla por parto natural y que de repente naciera antes...”.

La previa a la cesárea fue complicada para Agustina y su pareja, Emiliano Masters. La incertidumbre de ser padres primerizos y esta compleja situación, los llevaron a vivir momentos de mucha tristeza y sobre todo de miedo por lo que pudiera ocurrir.

Agustina sacó fuerzas y se internó para tener a “Helenita”, como ella le dice. “Salió con dos vueltas de cordón, muy chiquitita, morada… la estaba pasando muy mal dentro de la panza. Pero me quedé tranquila cuando la sentí llorar. Me la trajeron un minuto y se la tuvieron que llevar a Neonatología, recién pude verla de nuevo al otro día”, relató sobre el nacimiento de la niña.

“No me olvido más de cuando entré y la vi en la encubadora, tan pequeñita. Lloré mucho, fue bastante duro. Siempre que lo recuerdo me emociono. Era tan chiquita y con tantos aparatos”, añadió acerca de la primera vez que la vio en Neonatología.

El primer contacto madre e hija.

Helena estuvo 13 días internada porque nació prematura por edad gestacional y porque pesó 1 kilo 850 gramos al nacer. “Fueron días difíciles, al principio estuve ahí, pero recuerdo cuando me dieron el alta, llegar a casa sin panza, sin bebé. Esa primera noche sin ella fue muy fuerte. Fueron varios días de ir y venir a la clínica”, expresó la joven.

“Recuerdo haberle dicho ‘hija de esta salimos las dos juntas, es trabajo en equipo’, y por las cosas de vida, tuve calostro y eso la ayudó a subir de peso más rápido, hasta que un día entré, y la enfermera le estaba poniendo una vacuna que le ponen a los niños que les dan el alta, y empecé a llorar de la emoción, me mandaron a hacer todos los trámites, fuimos a casa y fue volver a empezar con una nueva vida que se sumaba a nosotros”, recordó Agustina, quien también comentó que hoy su hija es una niña sana y muy fuerte.

Helena cumplió tres años.