Como otras tantas ramas y corrientes que ha marcado el ritmo de la humanidad hasta el momento, el arte –en términos generales, y en Mendoza en particular- se ha visto regida a lo largo de toda la historia por una línea en la que los protagonistas masculinos han sido los que más trascendieron y mayor exposición pública han alcanzado. Sin embargo, esto no significa que las mujeres no hayan sido grandes protagonistas que hicieron historia –y de la grande-; sino que solo una parte es la que ha sido escrita.

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En esta sintonía y ante esta realidad imperante es que toma una importancia más que considerable el reciente hallazgo de un grupo de docentes, estudiantes y egresadas de la Facultad de Artes y Diseño de la UNCuyo; quienes han logrado determinar, por medio de sus investigaciones, que dos importantes murales que hacen a la historia de esta rama en Mendoza no habían sido obra de importantes muralistas hombres –como se creía-; sino que detrás de estas obras hay –por lo menos- tres artistas mujeres: Lucía Nucci, María Blanca Soto y Teresa Nazar.

Detalles del mural de la Biblioteca San Martín realizado por Lucía Nucci, María Blanca Soto -aunque adjudicado a Santángelo-. En 1969 se salvó de ser demolido.Gentileza

“Hasta ahora se ha escrito una Historia del Arte muy patriarcal. Pero este punto inicial que nos permite reconstruir trayectorias, es un paso fundamental para empezar a sacar a la luz una historia no patriarcal; y también para resaltar y reivindicar el rol de las artistas del interior; es intentar federalizar la historia del arte y hacer aportes desde la provincia para un mapa más equitativo. Hubo mujeres profesionales, hubo mujeres trabajando, que dedicaron su vida a la historia del arte”, destacó una de las investigadoras que integra el equipo, Verónica Cremaschi; quien resaltó la importancia de poder generar un mapa más completo de la historia del arte local.

Los murales del descubrimiento

Si bien el trabajo de las investigadoras mendocinas está recién en su etapa inicial y el descubrimiento relacionado a estos dos murales podría ser apenas la punta del iceberg; la importancia y exposición de ambos murales ponen de relieve que en Mendoza hubo –y hay aún- grandes mujeres muralistas a quienes la historia no reivindicó en el lugar que merecen.

Ambas obras de arte están emplazadas en la Biblioteca Pública General San Martín y en el Hospital El Sauce, y fueron realizados entre las décadas de 1950 y 1960. “Si bien ambas tienen características y búsquedas plásticas distintas, presentan una particularidad: que su confección fue llevada a cabo por artistas femeninas. Esto, que puede ser anecdótico, cobra otro cariz si tenemos en cuenta que la escritura de la historia del arte universal ha invisibilizado de forma sistemática el trabajo y los aportes al campo realizado por las mujeres artistas, quedando así relegadas a los márgenes de la disciplina. Estas generalidades parecen cumplirse en el caso de la historia del arte local”, sintetizaron las investigadoras entre sus primeras conclusiones.

Las académicas destacaron, además, que al revisar las actuaciones de las primeras mujeres en el campo artístico mendocino, se evidencia que ellas fueron “forjadoras activas y participaron del proceso de organización institucional” de la primera mitad del siglo XX en Mendoza; además de realizar envíos al Salón Nacional y a otros salones provinciales y municipales de manera sostenida. “Sus obras fueron seleccionadas y premiadas en varias ocasiones”, agregaron las responsables del trabajo.

La firma de Nucci y Soto, las dos muralistas que confeccionaron el mural que se encuentra en la Biblioteca San Martín y que, erróneamente, se le adjudicaba a Marcelo Santángelo.Gentileza

Fue precisamente esta situación la que llamó la atención y despertó el interés por estudiar los procesos de profesionalización y la inserción en el medio artístico de las primeras egresadas de la Academia Nacional de Bellas Artes (actual Facultad de Artes y Diseño), entre 1944 y 1960. “Nos apoyamos en la hipótesis de que las mujeres egresadas desarrollaron carreras similares a las masculinas; y por ello nos propusimos reconstruir sus trayectorias a partir de una metodología cualitativa, centrada en el trabajo de archivo y la realización de entrevistas a artistas, representantes del mundo artístico y familiares”, prosiguieron.

Fue precisamente en medio de este inicio de la investigación cuando otro dato histórico se convirtió en una alerta y una pista a seguir y sobre la cual estudiar: la coincidencia temporal entre el trabajo de las tres artistas ya mencionadas - Lucía Nucci, María Blanca Soto y Teresa Nazar- con la confección de dos murales, técnica que -hasta el momento- se consideraba inusual entre mujeres.

Uno de estos murales se encuentra en la Biblioteca San Martín. “Cuando concurrimos a constatar su existencia y documentarlo, las autoridades informaron que había una obra que estaba tapada para resguardar su integridad, pero que –aparentemente- había sido ejecutada por Marcelo Santángelo. A raíz de la duda, integrantes del proyecto, de la Biblioteca y del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza, comenzamos a triangular datos que llevaron a establecer que efectivamente que la autoría no correspondía a Santángelo, sino que había sido creado por dos egresadas de la Escuela Nacional de Bellas Artes: Lucía Nucci y María Blanca Soto”, destacaron las investigadoras.

Aunque la obra estuviera firmada, la tradición y la información oficial sostenían que el mural en cuestión de la biblioteca pública más importante de Mendoza había sido realizado por Santángelo. Esto fue porque, en ese momento, se hicieron tres murales en la Biblioteca; uno de Federico “Chipo” Céspedes, otro Santángelo y el tercero estas dos mujeres. En 1969 se destruyeron dos de los murales; y Céspedes y Santángelo denunciaron que se había sido la obra de ellos que se había borrado. “Todo eso luego quedó en el olvido, y aunque no era el tipo de obra de Santángelo, nadie se fijó en ni en ello ni en la firma”, agregó Cremaschi a su turno.

La obra que había sobrevivido se tapó para protegerla; y el trabajo siempre se le atribuyó (erróneamente) a Santángelo como una de sus obras. No obstante, hace no mucho tiempo, una de las integrantes del equipo de investigación se presentó en el edificio ubicado en la Alameda y empezó a indagar en la supuesta destrucción del mural de Santángelo. Y al revisar la obra, descubrió que la firma del mencionado mural no es la de Marcelo Santángelo.

“Hemos logrado determinar que la obra que resistió fue la producida por las artistas Soto y Nucci. Según las creadoras, lo propuesto en su mural buscaba romper con las líneas academicistas en las que habían sido formadas como profesoras de la Academia Nacional de Bellas Artes. Además, el diseño tuvo en cuenta el emplazamiento definitivo, por lo que habían atendido a lo ‘circundante’. El proyecto tomó tres meses y medio y fue realizado con pintura mate al aceite. La obra de formato vertical presenta una propuesta abstracta de carácter geométrico y una paleta reducida que juega con las diferencias de tonos claros y oscuros. Si bien el diseño y el colorido se conservan, la obra en general ha sufrido erosión por elementos naturales, principalmente en su tercio superior, que ha ocasionado desprendimiento del material pictórico; así como roturas por acción humana”, se explayaron las especialistas.

Mediante esta investigación, las responsables buscan precisamente reivindicar la importante trayectoria de estas artistas en el ambiente local y de su obra, que –destacan- no ha sido suficientemente reconocida.

Soto realizó numerosas exposiciones en la provincia, y además obtuvo un Premio Adquisición en el Salón Primavera, en 1957. En 1961 se instaló en Europa, donde continuó su formación y trabajó en diversas disciplinas artísticas; como la arquitectura, la ilustración y el grabado. Además, participó en numerosas exposiciones colectivas y desempeñó su labor docente en nivel secundario y universitario en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo. Incluso, en 1994 fue la encargada de rediseñar la portada de la revista de la facultad anteriormente mencionada.

La obra de ambas artistas se conserva en el Museo Emiliano Guiñazú; mientras que hay trabajos de Nucci en el Museo Omar Reina (San Rafael).

El mural de El Sauce

El segundo mural que es objeto de esta investigación relacionada con el redescubrimiento de la Historia del Arte en Mendoza se encuentra en el hall de un antiguo pabellón del Hospital El Sauce (Guaymallén). Según ha determinado el equipo que está estudiando el tema, pese a que no está firmado, en los registros figura que fue Teresa Nazar su autora.

“Teresa Nazar fue una pintora, diseñadora y artista multimedial, quien se formó en la carrera de Artes Plásticas de la Academia Nacional de Bellas Artes. Una vez egresada, obtuvo becas con las que se perfeccionó en Ecuador y Chile. En 1961 viajó a San Pablo, e inmediatamente se identificó con la joven generación de artistas vanguardistas locales”, desatacaron la investigadoras mendocinas.

El mural realizado por Teresa Nazar en uno de los pabellones del Hospital El Sauce.Gentileza

Ya radicada en la ciudad brasileña, a partir de 1962 comenzó a incorporar elementos de la vida cotidiana a sus cuadros; y el colorido se hizo muy expresivo. “Participó del primer happening realizado en Brasil, junto con Antonio Díaz, Carlos Vergara, Vlavianos y Oiticica, entre otros, en la Galería Atrium. Y recibió un amplio reconocimiento de la crítica de ese país, exponiendo con los artistas vanguardistas más importantes de Brasil”, agregaron Cremaschi y el resto de las investigadoras en su trabajo.

En lo que respecta al mural de El Sauce, propiamente dicho, fue realizado; en 1962 en una pared de grandes dimensiones. “La superficie está completamente cubierta y se representan figuras antropomorfas, con flores, sol y luna. A pesar del tiempo transcurrido, mantiene un vivo colorido y no se ve afectado por agentes externos; solo el zócalo presenta unos parches de cemento de otro color”, detallaron las académicas.

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Fue la misma Teresa Nazar quien, en 1963, tuvo a su cargo un mural en la sede del Jockey Club de San Pablo; y en 1972 creó una galería de arte cuyo concepto de múltiplo (analogía al grabado, cuyas copias son originales aunque haya varios ejemplares) pretendía una democratización del acceso al arte.

“Con estas mujeres, estamos estudiando las trayectorias de quienes fueron las primeras egresadas de la Academia de Bellas Artes. Me puse a ver en los padrones que había más egresadas mujeres que varones, pero en el Fader y todas las obras que han trascendido hasta el momento son trabajos de hombres. Estaba la idea de que las mujeres egresaron y se dedicaron a la casa, pero investigando encontramos que muchas se dedicaron a docencia e investigación. Incluso, muchas tuvieron sus trabajos en el extranjero, como artistas”, sintetizó Cremaschi.

La muralista Teresa Nazar, confeccionado el mural histórico del Jockey Club en San pablo, en la década del 60.Gentileza

Uno de los objetivos de este trabajo, además de la merecida reivindicación de las mencionadas tres artistas mujeres –y, en su figura, de todas las que permanecen en el anonimato con sus trabajos por el momento- es confeccionar una especie de catálogo que quede en la Facultad de Artes y Diseño; y nutrir el tema del arte universitario. “Algunas de estas artistas están vivas y muy viejitas. Hemos podido conseguir entrevistas con familiares de ellas, pero lo cierto es que es difícil ver obras de ellas. Sabemos que esta es apenas la punta, que pueden aparecer aún más. Siempre se habla De Vicente, Quesada y de los murales más conocidos; pero hubo otros, tal vez en espacios menos hegemónicos”, concluyó Cremaschi.