Antes de la televisión actual y globalizada, mucho antes de los mil doscientos treinta y cuatro canales de cocina para ver en simultáneo y cuando ni siquiera existían palabras como Masterchef (ni hablar del concepto de reality show); existió en Mendoza una cocinera que hizo historia en la televisión. Era la época de dos canales -y nada más-, y en los que las recetas se preparaban y cocinaban en tiempo real.

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Hablamos de la cocinera por excelencia de la TV local, la emblemática Dora de Ponte, o “Dorita” como la llamaban cariñosamente. Y aunque en 1961 dio sus primeros pasos -y recetas- frente a la cámara del viejo Canal 7, su esplendor se mantuvo hasta la década del 80. Hasta el mismo día en que falleció o, mejor dicho, pasó a la inmortalidad. Este sábado, 15 de mayo, “Dorita” estaría cumpliendo sus 92 años. Y las generaciones más antiguas de mendocinos, aquellas que crecieron con la televisión en blanco y negro, la recuerdan con su carisma y simpatía características.

Dora de Ponte, la cocinera icónica de la TV mendocina y una visita más que honorífica: Doña Petrona, a quien la invitó a comer a su casa. Gentileza

“En una oportunidad, a fines de los 60, vino Petrona C. de Gandulfo -nada más y nada menos que ‘Doña Petrona’- a Mendoza y estuvo como invitada en Canal 7. Estando acá, mi mamá la invitó además a almorzar a nuestra casa. Y cuando estaba por servir, mi mamá la mira y le dice: ‘¡Ay, qué compromiso, Petrona! Tener que cocinarle a la cocinera más famosa de Argentina!’. Y Doña Petrona la miró, riendo, y le dijo: ‘Mirá, Dorita; con ese cuento nadie me invitaría a comer. ¡Y a mí me encanta que me cocinen!. Además, lo has hecho estupendo”, rememora una de las tantas anécdotas de “Dorita” su hijo, el arquitecto patrimonialista e investigador Jorge Ricardo Ponte.

Justamente Ricardo es quien, todos los años, se encarga de recordar cada 15 de mayo a su mamá; ya que es el día en que cumpliría años. “Era una mujer con ángel. El 31 de enero de 1985, con solo 55 años, a mi mamá le dio un ACV y falleció. Recuerdo que íbamos por la Íbamos por la avenida de Acceso con el cortejo fúnebre, y las mujeres -por su cuenta- habían ido a despedirla, formaron una fila y le tiraban flores en silencio; fue algo emocionante”, recuerda Ricardo sobre su madre.

Un libro con las mejores recetas de Dora de Ponte, conocida cariñosamente como "Dorita".Gentileza

Claro que estas incondicionales muestras de cariño no fueron para nada sorprendentes para quien había conocido en la intimidad a Dorita. “Íbamos por la calle o en el supermercado, y la gente la paraba para pedirle un autógrafo o preguntarle por alguna receta. ¡Me acuerdo de haber estado aburrido al lado de ella diciéndole que nos apuremos cuando la paraba todo el mundo!. La gente hasta llamaba a casa para pedirle consejos sobre qué podía cocinar con lo que tenía, porque iban a recibir a otra gente. Y ella les pasaba alguna receta. ‘A mí no me cuesta nada’ solía decir”, recuerda su hijo. Y acota que la cocinera más famosa de la historia de la TV mendocina era igual frente a la cámara que en su casa. “Mis amigos venían a comer, y ella les preguntaba qué querían comer”, recuerda Ponte entre risas,

Pionera

Dentro del ambiente de la gastronomía, se denomina chef ecónomo o ecónoma a quien busca lograr emociones y sentimientos en el comensal. Y así podría definirse a “Dorita” de Ponte, como la primera gran ecónoma de Mendoza.

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“Ella siempre fue mujer hermosa, una especie de Geena Davis. Y también hizo ese salto, no muy común en la época, de convertirse en una mujer capaz también. Ella estudió de grande en escuela femenina industrial y luego en una Escuela Superior Arte Femenina. Allí salió como la mejor egresada, y en esa época al mejor egresado o egresada le daban un cargo en la escuela que eligiera. Por lo que, antes de llegar a la televisión, ella ya era famosa como alumna, egresada y directora”, sostiene su hijo.

Ricardo Ponte, hijo de "Dorita" no duda en comparar a su madre con la actriz Geena DavisGentileza

Sus inicios en la televisión fueron en 1961, y allí se mantuvo -casi siempre en la cresta de la ola- hasta mediados de los 80. En la época de la dictadura militar, los canales de televisión locales estuvieron intervenidos por el gobierno de facto, por lo que “Dorita” de Ponte se alejó en esa época de la cámara. pero se desempeñó como chef ecónoma de otras compañías.

“Es difícil quedar en el recuerdo haciendo cocina en la televisión. Mi mamá siempre decía que aprendió a hacer cocina en la televisión cuando nadie sabía, tenía todos los tips para la época del blanco y negro (como, por ejemplo, aclararse un poco el pelo si era muy oscuro”, sigue su hijo, entre la nostalgia del recuerdo y de extrañarla, y la emoción de su trayectoria y legado.

¡Un tesoro! Una de las recetas de Dorita de Ponte.Gentileza

Siempre en Mendoza

Además de aquella visita célebre de Doña Petrona, Dorita recibió a otra celebridad en su programa; ya varios años después. Fue la mismísima Pinky (Lidia Satragno) quien, en su momento de máximo esplendor, estuvo como invitada e intentó convencerla -a como dé lugar- de que se fuera a trabajar a Buenos Aires con ella; que fuera su ecónoma.

Dora de Ponte, la cocinera de la TV mendocina.Gentileza

Pero Dorita, que tenía a toda su familia y su vida en Mendoza, prefirió rechazar el tentador ofrecimiento. “Mi madre fue toda una celebridad. Aquí en Mendoza ponían su programa a la misma hora que daban Rosa de Lejos (que era el programa más visto de Argentina) en el otro canal. Y ella hacía todos los días un programa de 30 minutos cocinando en la TV, todas las tardes, hablando con el televidente mientras batía (por ejemplo). También hizo radio y fue parte de un gran programa mendocino que se llamó ‘Tardes de hogar’, una especie de magazine femenino producido por Martha Villanueva de Adams. Esto fue en la década del 80, en la época de oro de la TV mendocina”, agrega Ricardo.

También quedan todavía en sus recuerdos las tortas que preparaba en cámara y luego regalaba desinteresadamente. O la cantidad de veces que fueron a comer a restaurantes y, al reconocerla, no querían cobrarles la cuenta. “¡Esa parte si me gustaba!”, concluye entre risas Ricardo Ponte.