Cumplir el aislamiento obligatorio fue difícil para todos: implicó abandonar nuestras rutinas diarias, pasar momentos de soledad, y no poder compartir tiempo con amigos y familiares. Además del miedo de contagiarse de una virus desconocido.

Sin embargo, este aislamiento fue aún más dificultoso para aquellas personas que vivían en situación de calle. ¿A qué casa debían acudir para el resguardo del Covid-19?

La provincia de Mendoza cuenta con más de 200 personas en situación de calle. Y, a raíz de la necesidad de estas personas de resguardarse del coronavirus, el Gobierno provincial habilitó los albergues para que funcionen las 24 horas. En estos espacios, las personas no solo dormían y tenían cuatro comidas por día, sino que también realizaban actividades recreativas y de contención.

Los operarios realizaban actividades de recreación y contención para hacer el confinamiento más llevadero.

Uno de los cinco lugares habilitados para esta atención en la pandemia fue Albergue El Camino, ubicado en calle Patricias Mendocinas de Ciudad. Allí hablamos con cuatro hombres que nos contaron su experiencia al vivir el aislamiento alojados junto a otras 60 personas.

No solamente tuvieron que modificar la convivencia en el albergue por los protocolos sanitarios, sino que, con los operarios, debieron ver la manera de cohabitar bajo un techo las 24 horas, junto a personas totalmente desconocidas, de los cuales cada uno de ellos traía sus propios problemas y situaciones, además de no tener hogar ni sustento diario para sus necesidades más básicas.

Fue unánime el sentimiento de incertidumbre. David, de 48 años, expresó en diálogo con Vía Mendoza que lo más difícil fue el día a día y que después, gracias al compañerismo y contención, se hizo más llevadero. Es más, Nelson (31) relató que dentro de las cuatro paredes del albergue se sentía más seguro: “No tuve temor por las instalaciones y protocolos. Fue una experiencia dentro de todo grata, al no estar desamparado en la calle”.

Tuvieron que incorporar las medidas sanitarias necesarias para cumplir con los protocolos del Covid-19.

En el albergue, cuentan que entre ellos y los operarios se volvieron familia, fue la manera de sobrepasar los momentos de soledad y depresión. “Pasé por un proceso de depresión, causado por muchas situaciones y errores que cometí en la vida. Pero acá tengo que darle gracias a Dios, a los operarios y cada uno de los que están acá por acompañarme y alentarme todos los días”, indicó Sergio (23), quien vivió el principio de la pandemia en la calle, hasta finalmente acobijarse en este albergue.

A pesar de no contar con el sustento diario para sus necesidades más básicas, pudieron re-encontrarse y valorar lo que muchas veces damos por sentado, todo por estar albergado en este lugar. “Pude conocer gente nueva que te acepte cómo sos y sentirme resguardado con una cama, comida y un baño todos los días. No me sentí solo en ningún momento”, comentó David (26).

"Estando acá, ayudando a los demás (a pasar el aislamiento), me ayudé a mí mismo" contó David (48).

Aunque muchos hayan pintado el 2020 como el peor año de sus vidas, para estas cuatro personas fue todo lo contrario. “En este tiempo, gracias a Dios, esta gente y este lugar, pude dejar malos hábitos y adicciones atrás, para mirar un futuro mejor. Agradecido, si no hubiese sido por estar acá en la pandemia, no hubiera tenido tiempo para reflexionar y prepararme para un mejor futuro”, relató Sergio (23).

El Camino

El Albergue El Camino, junto a los otros albergues habilitados, siguen recibiendo personas en situación de calle y lo seguirán haciendo en caso de un rebrote en Mendoza.

Por eso, ante lo que se está viviendo en otras regiones del mundo con los rebrotes y la vuelta al confinamiento, el trabajo que realiza Fundación El Camino se convierte en un puente de esperanza para aquellos que tuvieron que vivir el “Quedate en casa”, sin casa.