Brújula Azul es un libro virtual basado en las vivencias de viajes del autor, Héctor Agustín Benegas, “Miki”, el reconocido hincha de Independiente Rivadavia. Enólogo, fotógrafo, periodista, impulsor de campañas solidarias de un apasionado que define: “Para ser leproso, es estar enfermo de la cabeza. Naces y morís con Lepra”.

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Miki Benegas, quien anteriormente editó dos libros: Compendio Político de Mendoza y Panorama para el Crecimiento de Mendoza, habló con Vía Mendoza y dio detalles de la publicación: “El propósito fundamental de este libro (originalmente tuvo 2.500 páginas) es poder compartir mis vivencias con nuestro querido Independiente Rivadavia”, comenzó diciendo. Luego, agregó: “Era una deuda pendiente de muchos años, y hoy puedo volcar en estas páginas donde vas encontrar viajes, anécdotas, personajes, pero fundamentalmente mi pasión”.

Brújula Azul, el libro virtual de Miki Benegas.

Introducción de Brújula Azul

En la primera parte Sabías que?, vas a poder disfrutar de algunas pinceladas de la rica historia de Independiente Rivadavia. Por otro lado “Imágenes Azules”, es una sección dedicada a fotos de la historia. Totalmente al azar, debido a la cantidad y significado de las mismas, fueron imposibles de clasificar por el autor.

Además, podrán conocer datos de sus orígenes, fundación. Sus primeros directivos. La creación del estadio “Bautista Gargantini”, su partido inaugural con Peñarol de Montevideo. Giras como la de 1937, cuando viajo a Méjico, Costa Rica y Chile.

Enfrentamientos históricos con River Plate, Boca Junior, entre otros. La participación en los viejos Nacionales. Títulos, los goleadores de cada una de sus épocas, sus ídolos, los ascensos, estadísticas. Los clásicos con Gimnasia y Esgrima.

Y las perlitas: entre ellas cuando el arquero Raúl A. González, jugando contra Godoy Cruz, convirtió un gol de arco a arco, en 1962. Los famosos “Húngaros”, equipo destacado por la época de los 40.

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Cuadernos de viajes

En los Cuadernos de Viaje, vas a encontrar los kilómetros recorridos acompañando por todo el país a Independiente. En cada viaje, “te cuento anécdotas, personajes, la descripción paisajística de la zona, los lugares históricos, emblemáticos de las ciudades, el reencuentro con ex jugadores y técnicos que vistieron la camiseta Azul”, remarcó Miki.

En 2016 implementó el PISED (Programa Integral Social y Deportivo), en beneficio de las divisiones Inferiores, Fútbol Femenino y Ciudad Deportiva. “El objetivo era darles distintas herramientas para que se desenvuelvan mejor, tanto en lo deportivo como en su desarrollo como persona”, describió Miki Benegas.

Desarrolló charlas de superación personal, couching, primeros auxilios, respiración cardio pulmonar (RCP), nutrición y entrega de material para Ciudad Deportiva como señalectica y carteles “No a la Violencia en el fútbol”.

En el 2016, inició “Lepra Pasión del Pueblo”, en Radio Noticias donde informó todo lo que pasaba en Independiente Rivadavia. pero no se quedó en eso: “Redoblé la apuesta con las Campañas Solidarias y No a la violencia en el Fútbol”, destacó el autor.

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Prólogo: Crónicas de sangre y barba azul

Todos aquellos que con la pasión a cuestas hemos peregrinado por años, con asiduidad y fidelidad hasta el estadio Bautista Gargantini, y que aun incluso, fuimos cambiando de cábalas y hasta ubicación en las gradas de sus tribunas, conocemos a Miki Benegas. En mi caso, desde antes.

En aquellos tiempos la Lepra funcionaba (y todavía lo hace) como una hermandad que no se elige por la sangre (aunque todos la tengamos azul) o la amistad; pero sí por una devoción compartida.

Como muchos, tengo amigos de la cancha. Gente que conocí allí, con los que sufrí y también disfruté en la medida que los partidos y los campeonatos esquivos lo permitieran. Otros, con los que me reencontré después de años entre esas multitudes. ¿Quién no se abrazó con un desconocido en medio del furor de un gol agónico? Y a partir de ahí, ese ignoto pasó a ser casi un hermano hasta el pitazo final del árbitro.

Pero este no es el asunto. Con Miki nos une además la vocación periodística y el deseo de comunicar. Sin embargo, admito que lo envidio. Sí, lo envidio con toda la fuerza con la que se puede envidiar a alguien.

Porque él pudo cumplir ese sueño de viajar por el país viendo a su equipo(que también es mi equipo y el de –afortunadamente- muchos), sin más preocupaciones que volver a casa sano y salvo.

Despojado y desinteresado, sólo quiere estar ahí donde Independiente Rivadavia juegue su suerte. Que es también es la de él y la nuestra. En todo caso, en su certero entusiasmo, intuye que representa en tierras lejanas a miles que quisieran estar en ese momento, en ese lugar junto a –como él dice- su “Lepra querida”.

Para Miki, hacer el aguante a un club no es bardo irresponsable e irrestricto. Es acompañamiento, presencia, afecto hacia los deportistas que representan a tu institución por el mismo placer de ver a otro con la camiseta del Club Sportivo Independiente Rivadavia. Es el orgullo deportivo de la asistencia perfecta, por no faltar a la cita. Porque si algo nos caracteriza a sus hinchas es la constancia. A pesar de las adversidades. A pesar de las distancias. A pesar de los pesares que siempre abundan en la vida. Y en las canchas.

Es que en todo caso, la Lepra es goce eterno, también allá del resultado. Cada partido, de local o visitante, es celebración compartida con esa marea azul que desde las tribunas, o desde la televisión, o la radio, o las redes sociales están latiendo con tu mismo pulso. Una alucinación colectiva que te hace pensar (y creer) que toda la ciudad está en esa misma sintonía. Y que si hacemos un gol se escucha en cada barrio. Y que el suspiro del final afloja sus ráfagas como un viento desde los Portones del Parque… Y, por supuesto, lo sabemos: si la Lepra gana, todo el año es Carnaval. Pero especialmente, la semana por delante hasta el próximo encuentro.

En este trabajo titánico de Miki, hay mucho de esta impronta. La idea del caudillo inseparable de su amor eterno al que no puede dejar solo. La del testigo de geniales aventuras en busca de grandes proezas. Una especie de custodio errante, un fiel escudero del CSIR, un guardián de aquellas almas y esos músculos que van a dejar todo para satisfacer la única felicidad posible: la del pueblo leproso.

En estas páginas hay travesías, anécdotas, detalles, historias. Está la trastienda de los viajes, las concentraciones y las transmisiones deportivas. El reflejo de los jugadores que pasaron, pero también recuerdos imposibles de encontrar en la memoria si un observador atento, un cronista barba azul no hubiera tomado nota de la formación, el técnico, los cambios y los goles de esa tarde.

Es una especie de roadmovie futbolera. Apabullante y amena para los fanáticos. Declarada y orgullosamente partidaria del más grande: la Lepra. Una aseveración que se entiende cuando se la vive y se acepta que es en las malas cuando más hay que alentar, porque en las buenas aparecen los tibios y los desmemoriados. Los acomodaticios simpatizantes de la moda y el furor.

Aquí, en cambio, hay hinchas sufridos pero incansables. Sabedores que las buenas ya van a venir. Y que en ese instante, la redención será un paraíso laico, un cielo más azul que nunca, un potrero del Parque para gritar los goles que tal vez no se concretaron, pero que paradójicamente, nos trajeron hasta aquí.

Más que fútbol, la Bitácora Azul de Miki es un diario de vida. De su vida, en la que la Lepra es una manera de entender el mundo. De relacionarse con él.

Y hasta de buscar transformarlo con acciones solidarias, con afecto por todas sus disciplinas y divisiones, con sonrisas de todos los que lo saludan a cada paso o le piden una foto como se la pedirían, entre otros, al rey Carlovich, al Gringo Mémoli, al Cura Vergara, al Flaco Suárez, al Gringo Minotto, al Pitu Canedo, al Claudio Del Bosco, al Turco García, al Lobo Cordone o al Bati Aranda.

Sólo para enfermos leprosos, pero también para buceadores respetuosos de este sentimiento, es un registro de una mínima parte de la historia de Independiente Rivadavia que permitirá repasar campañas, partidos, formaciones. Además de reencontrarnos - en paralelo - con nuestra propia vida corriendo, cual carrilero frenético, en busca del centro perfecto para la cabeza de ese 9 que todos llevamos adentro en procura del gol del campeonato. Del gol de nuestras vidas.

Lo que para muchos es apenas una distracción o un simple pasatiempo, para quienes somos hinchas de la Lepra es un modo pasional de hacer de los días aquel cúmulo de obligaciones que transcurren entre partido y partido. Con esa obsesión, estas páginas los devolverán a ese tiempo. Será como mirar goles viejos, que pese a todo, se gritan igual.

Y si hay que poner pierna fuerte, o trabar con la cabeza, habrá quién entienda que el fútbol también es un acto de arrojo que a veces no da tiempo para los lujos que se pedirían en otras circunstancias. Serán esos los héroes que permanecerán en la retina de los que apenas nacimos para alentar. O en todo caso, para contar la historia que sólo los que la comprenden a fondo podrán contar. Miki, sin dudas, es uno de ellos. Por Luis Abrego.

Solidaridad de Miky

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