Luciana Correa tiene cuatro hijos y prestó su vientre a Víctor y Ezio para que puedan tener a su hija, Pilar.


La subrogación voluntaria de vientre continúa siendo un tema tabú en Argentina, pese a que hay muchas familias que acuden a esta práctica. En el país hay parejas que luchan y mujeres dispuestas a prestar su cuerpo para que esto sea posible.

Entre ellos están Luciana, Víctor y Ezio, a quienes los une una historia de amistad, amor y entrega. Ella es mendocina y por voluntad propia, se ofreció para que sus amigos se conviertan en los padres de Pilar, quien nacerá los primeros días de octubre.

Víctor Aráoz (30) y Ezio Quijano (34) viven en Buenos Aires, llevan casi 10 años juntos y dos de casados, unión que poco a poco les despertó las ganas de tener un hijo, algo que “se fue dando de forma natural”, según comentaron.

Una vez que decidieron ir en busca de este sueño, el matrimonio comenzó a averiguar cómo podían hacerlo posible y “todos los caminos nos llevaban a la gestación subrogada en el exterior”, comentó la pareja en diálogo con Vía Mendoza. Pero, esto para ellos era inalcanzable por los altos costos.

El matrimonio cuenta con el apoyo de sus familias.

En este difícil camino apareció Luciana Correa (32), quien al conocer la historia de sus amigos, no dudó en ser el medio para que ellos pudieran formar su propia familia.

El matrimonio entabló hace algunos años una amistad con Luciana y su esposo y, cada vez que viajaban a Mendoza, los visitaban. En una de esas visitas fue que ella se ofreció para ser la gestante, con el apoyo de su marido y de sus hijos.

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacerlo, por mí y para ayudar a alguien más. Un día los chicos almorzaron en mi casa y cuando se fueron, se lo propuse a mi marido y él me apoyó”, contó Luciana.

“Los llamé, se los propuse y no lo podían creer. Me dijeron que lo iban a pensar, pero no pasó ni media hora que me llamaron para decirme que sí. Saltaban de felicidad y lloraban”, dijo la mendocina. Y agregó: “Les pude dar mi confianza de que podía ser algo posible y verdadero”.

La gestación de Pilar

Victor y Ezio viajaron varias veces a la provincia durante el tratamiento pero, en el momento en el que se enteraron de que iban a ser padres, comenzó la pandemia y tuvieron que seguir todo el embarazo de forma virtual.

“A mí me transfirieron el embrión en febrero, y en marzo empezó la pandemia. Se enteraron por teléfono de que su hija venía en camino y les mostré el evatest, los análisis y la ecografía por videollamada porque se les hizo imposible viajar”, contó la mujer.

Pilar en la panza.

Respecto a cómo trató el tema con sus hijos de 18, 12, 9 y 3 años, Luciana expresó: “Siempre les fui con la verdad, pero con muchos temas que hay hoy en día en la sociedad. Siempre les hablé muy claro y esto lo tomaron como algo más”.

“Es algo súper natural, tanto para mi esposo como para los chicos. A ellos les dije que yo presté la casita, que no es mi hija, que no es su hermana y yo siempre me referí a la bebé como ‘la prima Pilar’”, dijo la gestante.

Luciana, su esposo y sus hijos.

Subrogación solidaria de vientre

La pareja eligió la subrogación solidaria de vientre, por lo que al momento de gestar, el óvulo no podía ser de Luciana para que no tuviera una vinculación genética con ella. Por eso, la donante de óvulos fue anónima y Ezio o Víctor, los donantes de esperma.

Ante esta situación, el matrimonio firmó un consentimiento ante un escribano público en el que asentaron que la intención procreacional era de ellos y no de Luciana. 

Nuestra urgencia para que Pilar nazca en Capital Federal fue porque la subrogación solidaria sólo está ‘permitida’ ahí, sin intervención de un juez. Porque en Capital existe un recurso de amparo que permite la gestación solidaria y, que al momento de que nace el bebé, ya puede tener el apellido de quienes tienen la intención procreacional”, explicó Aráoz.

Al mismo tiempo que aclaró: “Si Pilar nacía en cualquier otro lugar, fuera de Capital Federal, quien estaría anotada como mamá sería Luciana porque la ley argentina la madre es quien pare”.

Juntos en Buenos Aires.

Si esto hubiese ocurrido, ellos habrían tenido que acudir a un juez para que impugne la maternidad de Correa, y recién ahí ellos pasarían a ser los padres de la niña, pero adoptivos.

Más allá de que ellos pudieron sortear algunos obstáculos, resaltaron su deseo de que la subrogación “sea posible en todo el país”.

Por su parte, Luciana resaltó: “Me gustaría que este tema se hable más y que se pueda realizar en Argentina sin tantas trabas”, resaltó Luciana. “La subrogación une familias. Nosotros vamos a ser familia siempre. Es un acto de amor muy lindo y se siente muy lindo”, dijo.

El viaje a Capital, una odisea

Para que Pilar nazca en Capital Federal, a fines de evitar problemas burocráticos futuros, Luciana tuvo que viajar a Buenos Aires cursando la semana 34 de gestación. Es que los planes de los padres y de la gestante se vieron modificados por la pandemia de coronavirus, que les puso algunas trabas en el camino.

El viaje estaba planificado en avión para los primeros días de septiembre, pero una vez que Aerolíneas Argentinas confirmó que no se iban a habilitar los vuelos comerciales, empezó la odisea para que Luciana pudiera llegar a tiempo para la cesárea.

Decidimos ir a buscarla en camioneta. Averiguamos todos los permisos de las provincias por las que íbamos a pasar, y en Córdoba nos pedían el hisopado negativo que no supere la vigencia de 48 horas”, relató Ezio.

Para ello, se hicieron un hisopado un lunes, el miércoles les avisaron desde el laboratorio que habían dado negativo, pero en la aplicación Cuidar del Gobierno nacional los registraron como casos positivos. Esto provocó que se les cayeran los permisos para circular por las provincias.

“Ahí comenzó una odisea en la que no nos daban respuestas. Por lo que decidimos viajar el viernes (de la semana pasada) a la madrugada sin permisos, con el comprobante de que éramos negativo de Covid-19. Imprimimos el permiso de la obstetra de Luciana y el consentimiento que firmamos con la clínica de gestación. Nos la jugamos”, confesó Quijano.

Finalmente, lograron llegar sin problemas hasta Desaguadero, donde los esperaba Luciana junto a su hija mayor y el menor listos para viajar.

“Nos subimos todos a la camioneta, emprendimos viaje y nunca nos pararon, todo lo que nos pidieron fue en vano”, dijo Ezio. Y el sábado a la madrugada llegaron sin problemas a Buenos Aires.

Ahora, están todos juntos en Buenos Aires esperando la llegada de la niña. La cesárea está planificada para los primeros días de octubre. “Tenemos una familia que nos acompaña mucho. Ya tenemos todo, solo falta tener a Pilar acá”, contaron los papás.




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