La guerra había terminado, los soldados pasaron unos días prisioneros hasta que fueron trasladados al continente por diferentes medio y a varios lugares.


Dentro del marco de la finalización de la Guerra de Malvinas, los soldados arribaron nuevamente al continente, luego de pasar unos días como prisioneros. Algunos fueron replegados en buques a Ushuaia, Punta Quilla, Puerto Madryn, Montevideo, entre otros lugares. Otros fueron tomados prisioneros y llevados en buques hasta la Isla Ascensión (territorio de ultramar de Reino Unido, ubicado en el medio del Océano Atlántico) y desde allí, fueron repatriados en avión.

El Buque de Transporte de Tropas “CanberraE fue uno de los buques designados para traer a los soldados al continente.

Diversas formas de volver, diferentes sentimientos encontrados, el reencuentro con los camaradas de la misma fuerza e incluso de otras fuerzas, como es el caso de los soldados que embarcaron en los buques de la Armada Argentina, Rompehielos A.R.A “Almirante Irizar” o el Buque Polar A.R.A “Bahía Paraíso”, ambos reconfigurados como buque hospital para las etapas que siguieron luego de la “Operación Rosario”.

El Buque Polar “Bahía Paraíso” también trasladó a los soldados de nuevo al continente.

El Rompehielos “Almirante Irizar” llevó soldados a Ushuaia, luego los evacuaron vía aérea.

“Recuerdo que luego de varios días de estar prisioneros en un galpón, cerca del aeropuerto, los ingleses nos llevaron hacia Puerto Argentino. Nos embarcaron en una lancha y nos sacaron hacia el mar, ahí pensé ‘este es el final’ y cuando íbamos navegando, la lancha giró a la derecha y ahí estaba, era el “Irizar”, ahí me volvió el alma al cuerpo“, dijo emocionado Fernando Bernardo, soldado que prestó servicio en el Batallón de Artillería Antiaérea de Infantería de Marina.

Fernando Bernardo, soldado del Batallón de Artillería Antiaérea de la Infantería de Marina.
Fotografía junto a su madre cuando volvió de la guerra (izquierda) en 2017 (derecha).

El “Irizar” fue el pasaje de “vuelta a casa” para Fernando Bernardo.

“Varios grupos de combatientes, hermanos nuestros arribando al Buque Hospital “Almirante Irizar”. Venían en silencio, con profunda tristeza, angustia, soledad, con mirada profunda, flacuchentos. Muchos sin borcegos, sus vestimentas muy deplorables, rotosos, sus cuerpos sedientos y total falta higiene, con muchas heridas de todo tipo: en sus rostros, brazos, piernas, de donde los mires y sangre seca en sus cuerpos”, así fue el primer encuentro y los primeros recuerdos del VGM Hermino Rosolli, que formaba parte de la dotación del “Irizar”, cuando relató su experiencia de ese encuentro con los soldados que habían combatido en el terreno malvinero.

Luego de 37 Rosolli y Bernardo se juntaron en el lugar que los convirtió en compañeros y hermanos de guerra. Irizar en Ushuaia, abril de 2019.

“Pues, para ellos van mi homenaje y el reconocimiento. También para aquellos que quedaron inertes en el océano, en la tierra y el aire. A sus seres queridos, darles las gracias y para los que volvieron, nunca olvidar. Gloria eterna y gracias por dar todo por la Nación Argentina“, expresó Herminio.

Veterano de la Guerra de Malvinas, Herminio Rosolli

Así fue que los soldados fueron llegando al continente y en cada lugar se encontraron con diferentes realidades. Por relatos históricos de algunos soldados, no fueron recibidos ni con honores ni gloria, ni siquiera la banda de música. Algunos fueron ocultados y llevados en camiones tapados con lonas verdes. En el caso de Puerto Madryn, cuando se enteraron de la presencia de los soldados, fue el día que se conoció como “El día que Puerto Madryn se quedó sin pan”.

“El día que Puerto Madryn se quedó sin pan”, las muestras de cariño de la gente de Puerto Madryn no paraban.

Cerca de 4.000 soldados desembarcaron del buque de transporte “Canberra y fueron recibidos por los habitantes, que entusiasmados, fueron al encuentro de nuestros héroes. El factor común fue el pan, los abrazos y las demostraciones de cariño hacia esos bravos jóvenes que entregaron todo por la patria. “Tocaban las lonas y los camiones. Sabían que íbamos ahí y bueno, un soldado abrió la lona, aunque tenían la orden de no hacerlo y se encontró con una multitud de personas que llevaban panes. Con el hambre que teníamos, los aceptamos“, contó un soldado.

Desembarco de los soldados que venían a bordo del Canberra.

No todos tuvieron la misma suerte. Algunos soldados regresaron en horas de la noche. Entre la oscuridad y el olvido, regresaron a sus casas. Las novedades de familiares que habían muerto en su tiempo en las islas, llegaron para algunos. A otros, los familiares no los recibieron por vergüenza, hasta llegaron a decirles que fueron unos cobardes que habían perdido la guerra, sin mirar que habían vuelto con vida y habían entregado sus fuerzas, sus lágrimas, su sudor y su sangre en las islas.

Guillermo Aliaga, la cara de Malvinas – La imagen que recorrió el mundo.

Guillermo Aliaga se desempeña como abogado.

A 38 años, muchos recuerdan esos momentos. Tal es el caso de un grupo de soldados conscriptos de todo el país, que se reunieron vía “zoom” y transmitieron ese encuentro por Facebook desde el muro “Malvinas, no te olvido“. Ricardo Daer organizó el encuentro para entablar vínculos, ya que no todos se conocían entre sí. El encuentro se desarrolló por un lapso mayor a 2 horas y cada uno tuvo su tiempo de contar cómo fue su vida luego de la guerra.

Encuentro de Hermanos malvineros.

Participaron soldados de varios puntos del país como, por ejemplo: Mar del Plata, Córdoba, Chaco, Ushuaia, Buenos Aires, etc. La sorpresa y uno de los momentos más emotivos fue cuando se comunicó vía telefónica la señora Delmira Esther Hasenclever, mamá del soldado Julio Cao, el soldado maestro. Muchos de ellos la llamaban cariñosamente “mamita” o “Delmi”, como símbolo de hermandad con Julio y ese amor de hijo hacia esa señora.

Encuentro virtual de soldados conscriptos, organizado por Ricardo Daer.

En su comunicación, Delmira saludó con profundo amor a cada uno de los soldados y dijo que para ella la lucha por Malvinas fue mucha, pero que fue con mucho amor. “Me sentí muy querida y eso me ha dado muchas fuerzas para seguir adelante. A mis 83 años, todavía la peleo desde el lugar donde estaba mi hijo. Las Malvinas son argentinas y las vamos a recuperar por medio de la paz y del entendimiento de los pueblos, y acompañados de nuestros hermanos latinoamericanos. Ojalá, si no estoy yo, estén ustedes para poderlo ver y sentirse reconfortados por lo menos, sabiendo que lucharon tanto por recuperar las Malvinas“, dijo.

Delmira Esther Hasenclever junto a Ricardo Daer.

Así como este encuentro y las memorias de cada uno, en cada punto donde haya un soldado, un Veterano de Guerra, se viven esos recuerdos. Esos momentos tan importantes para la Nación y para cada uno de ellos. Muchos pasaron años oscuros, donde sufrieron la discriminación de la sociedad que los condenaba por ser soldados, o como muchas veces se los llamó “los loquitos de la guerra”. Uno de los soldados expresó que “Si quieren saber de bulling, que le pregunten a un soldado que lucho en Malvinas”.

Defendieron la Soberanía Nacional, pero muchos años fueron olvidados.

Soldados argentinos retiraron banderas de Reino Unido e izaron el Pabellón Nacional, luego de 149 años, en las tierras que legítimamente nos corresponde.

Lo cierto es que muchos no superaron esa etapa, ese rechazo que increíblemente pasaron. Muchos decidieron tomar la salida rápida, incomprendidos, tapados, solitarios, olvidados. Pasaron muchos años para que puedan ser reconocidos, tras un proceso de desmalvinización que inició el mismo 14 de junio y que aún quedan vestigios de los que maniobran en contra de la causa, legitimando la presencia y soberanía de Reino Unido sobre las islas, renunciando a nuestros derechos. Pero la luz, siempre se ve y se hace notar en la oscuridad. Muchos de ellos lograron encontrar la salida de ese laberinto.

Homenaje a los soldados de Malvinas – Puerto Madryn – Paseo de los murales.

Esos “loquitos de la guerra”, se dedicaron a las profesiones que le dieron sustento. Son ingenieros, abogados, políticos, maestros, operarios técnicos, asesores de gobierno, escritores, cantantes, pero sobre todo malvinizadores.

Jorge Alberto Altieri, Soldado que salvó su vida por su casco, el cual fue recuperado luego de muchos años.

“Esta lucha va a continuar”,  dijo uno de los que conferenciaron. Y así será, ya que los sucede una generación que se crio con la Causa Malvinas, hay hijos herederos de la Causa Malvinas y nietos que van a llevar esa bandera, aun cuando los soldados ya no estén físicamente.




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