Historias dramáticas, cargadas de tensión, son las que se suceden día tras día desde el pasado 24 de febrero, cuando Rusia decidió invadir Ucrania y desatar la guerra entre ambos países. Así, entre las tantas historias a las que se hacen mención, se destaca lo sucedido con un hombre de una pequeña ciudad ucraniana, que una vez fue tomada por los rusos, éstos le pidieron que se convierta en alcalde de su poblado, obedeciendo a Moscú, ante lo cual -antes que ceder- el hombre decidió suicidarse.

Una mujer reza frente a un pequeño monumento a los caídos durante la guerra. (AP Photo/Bernat Armangue)

Se trata de una pequeña ciudad llamada Horodnya, que tiene poco más de 11.000 habitantes y no representaba una amenaza para el ejército del Kremlin, pero por su cercanía a Kiev y estar situada a 40 kilómetros de la frontera rusa-bielorrusa, fue invadida hace dos semanas.

Se suicidó antes que colaborar con los rusos

Este hombre, llamado Roman Makas, era un destacado comerciante de la ciudad de Horodnya, cuyos habitantes hicieron importantes esfuerzos para frenar el avance de los rusos, bloqueando carreteras con árboles talados y también en un principio hicieron retroceder vehículos blindados al pararse frente a ellos.

Roman Makas, el hombre que se suicidó antes que querer colaborar con los rusos. Foto: Clarín

Además, Makas era el patrocinador del equipo de fútbol local y decidió tomar esta drástica postura al darse cuenta que en caso de cooperar con los rusos, su propio pueblo lo terminaría odiando.

En consonancia con el sentimiento que sobrevuela en dicho poblado, donde se niegan a ayudar a los invasores, este hombre decidió acabar con su propia vida el viernes pasado antes que convertirse en un alcalde “títere” del Kremlin.

Resistencia ucraniana a los rusos

El caso de la ciudad de Horodnya no fue la única que intentó resistir lo más posible a los avances rusos. Así, el Kremlin encontró oposición desde las fronteras con Bielorrusia hasta el Mar de Azov, siendo su ejército permanentemente resistido por los ucranianos en todas partes.

Otro ejemplo de esto fue lo sucedido el sábado pasado, en la ciudad sureña de Melitopol, donde unas 2.000 personas se reunieron para protestar y pedir por la liberación de su alcalde Ivan Fedorov, capturado por ocho hombres armados que le colocaron una bolsa en su cabeza por negarse a cooperar con ellos.

El propio presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski manifestó ante estos hechos: “¿Lo escuchas, Moscú? Los invasores deben ver que son extraños en nuestra tierra, en toda nuestra tierra de Ucrania, y nunca serán aceptados”.

También se percibieron resistencias importantes en la ciudad de Kherson, la primera gran urbe capturada en Ucrania, donde se produjeron mítines durante nueve días de ucranianos que se vistieron de amarillo y azul, al tiempo que coreaban cánticos y consignas contra Vladimir Putin.

Un hombre coloca una pequeña bandera ucraniana en el balcón quemado de un apartamento en un bloque que fue destruido por un ataque de artillería en Kiev.

Entre todas estas situaciones, la única que “desentona” fue la del alcalde Gennady Matsegora, en un pequeño pueblo cercano a la ciudad de Kharkiv, quien manifestó en un comunicado, tres días después de que Rusia entrara en Ucrania: “Los rusos me convencieron de que no cambiaría la vida de nuestro pueblo. Las escuelas, guarderías, hospitales y comercios estarán funcionando. Tomé esta decisión. Toda la responsabilidad recae sobre mí”.

Por lo que Matsegora decidió colaborar con los rusos. Pero una semana más tarde, el parlamento de Ucrania aprobó una ley que determina que la colaboración con Rusia se convierte en un delito penal, con penas de hasta 15 años de cárcel.