Las últimas horas del héroe que se ahorcó por la tragedia argentina

por Diego Marinelli

Las razones que llevaron a quitarse la vida al changarín tucumano Walter Muñoz, apenas meses después de haberse convertido en héroe viral y recibir el llamado del Presidente Mauricio Macri. Una metáfora de la tragedia argentina.

El pasado 14 de octubre, Walter Monzón caminaba sin rumbo por un camino de la localidad mendocina de Tunuyán. Llegó hasta un puente, se detuvo en el medio y, sin pensarlo demasiado, tomó la decisión ahorcarse con lo único que le quedaba: su propia campera. 

Las cosas podrían haber sido distintas para este changarín y trabajador golondrina, de los tantos que patean las plantaciones del país en busca de sustento siguiendo las temporadas. Apenas unos meses antes, Walter había alcanzado la estatura de héroe al volverse viral el relato de cómo arriesgó su vida para salvar a una nena de8 años de morir ahogada en las aguas del tucumano río Gastona. El presidente Macri lo llamó para felicitarlo y miles de personas compartieron y celebraron su gesto en las redes sociales. Pero los vapores de la fama digital se disiparon rápidamente y la falta de oportunidades con la que convivió toda su vida volvió a alcanzarlo. La decepción de lo que pudo ser y no fue operó como la gota que rebalsa el vaso y el héroe del río Gastona se dejó vencer finalmente por la inapelable tragedia de nacer y crecer pobre en la Argentina.

Heroe de tucuman Walter Monzon

“Yo lo conocí cuando él tenía 10 años, porque vino a ofrecerse para limpiar la vereda por el dinero que le pudiéramos dar, ya que venía de una familia muy humilde con un montón de hermanos a los que les hacía falta de todo un poco”, cuenta un amigo de la infancia que lo acompañó hasta sus últimos días y que pide no ser identificado.

Walter Muñoz nació en el Chaco y de chico se instaló en Concepción, a 70 kilómetros de San Miguel de Tucumán. Su vida tuvo todos los denominadores comunes de la pobreza estructural: familia numerosa de padres ausentes, trabajo infantil, entorno de marginalidad y violencia, falta de educación, paternidad prematura, alcoholismo, paco… Para cuando se lanzó al río Gastona para salvar a una nena que andaba pidiendo limosna por la zona, Walter vivía en una casilla destartalada en una zona que se inundaba y salía cada mañana a tocar timbres para conseguir changas que le permitieran llegar al final del día.

Su gesto habría pasado desapercibido de no haber sido por Natalio Danzo, un cordobés que pasaba de casualidad por ahí. Danzo sacó fotos y subió la historia a las redes. Tras la viralización de su altruismo en el río Gastona, Walter alcanzó sus cinco minutos de fama y recibió el llamado del Presidente Mauricio Macri felicitándolo por sus acciones.

“Walter se había ilusionado muchísimo con el llamado del Presidente, que le despertó la esperanza en el milagro que venía esperando desde hace tanto: conseguir un trabajo de verdad, de una vez por todas”, cuenta su amigo de la infancia. Gracias a su repentina celebridad, tuvo una reunión con el intendente de Concepción, en la que Walter le pidió ser cuidador de plazas, ya que trabajar con césped y plantas era lo que sentía que mejor sabía hacer. El intendente le respondió que eso no era posible, que en este contexto de crisis había muchísimas personas pidiendo trabajo y que la Municipalidad no estaba en condiciones de brindarlo. Presidencia de la Nación, a través de la Intendencia de Concepción, le hizo llegar a los hijos de Walter ropa y útiles escolares. Quedaron muy agradecidos, pero eso fue todo.

“Le iban a conseguir un trabajo en la Municipalidad, pero el tiempo pasó y no se concretó. Walter estaba muy contento con la llamada del Presidente, pero pasó el tiempo y todos le soltaron la mano. Eso es lo que siento”, se lamenta Natalio Danzo.

Las redes sociales, se sabe, pueden construir un héroe y convertirlo en villano con la misma pasmosa velocidad. Mientras unos honraban su valiente gesto (una familia marplatense invitó a Walter y a sus hijos a conocer el mar, pagándoles todos los gastos) otros afirmaban que era un personaje con trapos sucios que no merecía la simpatía de nadie.

Fuentes judiciales tucumanas aseguran que Walter tenía un par de causas menores, muy vinculadas a la situación de marginalidad en la que nació y se crio, y que las acusaciones vertidas en las redes no tienen que ver con él sino con algunos de sus hermanos, uno de los cuales fue condenado por el asesinato de un policía. La causa más grave en la que estuvo involucrado acabó siendo una metáfora de todo lo que el destino le puede deparar a gente en la situación de Walter Monzón.

El puente desde donde cayó la niña que Walter salvó.

Mientras se encontraba en prisión, acusado por el robo de una moto, su pareja dio a luz a un bebé que nació con serios problemas en un riñón. La imposibilidad económica de brindarle la atención adecuada redundó en que el bebé falleciera al poco tiempo. A Walter le negaron la posibilidad de salir para acudir a las exequias, así que la familia debió llevar el pequeño féretro al penal para que se despidiera. Finalmente, los abogados de Monzón lograron probar que en el momento que se produjo el robo de la moto, Walter se encontraba cosechando cerezas en la Patagonia. Y, sin más, fue absuelto.

Walter tuvo tres hijos (dos nenas y un nene) que se sostenían gracias a la colaboración de su suegra y de los ingresos de Maira, su ex mujer. Nunca se casaron, fueron novios tuvieron juntos a sus hijos y mantenían una buena relación desde que se separaron. Ella formó una nueva pareja y hace poco se había convertido en madre de una nena. La familia de Maira lo quería mucho y no eran pocas las veces en que lo invitaban a pasar la noche en su casa. Walter colaboraba con los chicos como podía. No tenía un trabajo fijo, vivía de lo que iba saliendo. Siempre por esta época intentaba irse para Mendoza, donde en estos meses hay bastante trabajo en los viñedos y donde estaban instalados su hermana Carmen y su hermano Gustavo.

“Me llamó para contarme que se iba a ir para allá con el objetivo de quizás luego seguir para el sur, para empalmar con la cosecha de la cereza”, recuerda su amigo sobre los últimos días de Walter. “Quería volver con plata para el fin de año, para comprarles cosas a sus hijos. Él siempre hablaba en esos términos: ganar dinero para sus chicos. Por eso nos sorprendió tanto la decisión que tomó”.

“Antes de partir para Mendoza, pasó por mi casa y estaba muy angustiado” evoca la abogada tucumana Julia Pellene, quien conocía a Walter desde hace muchos años e intentaba darle una mano cada vez que podía. Me decía: ‘Doñita, Yo ya no quiero estar más en la calle, estoy cansado de andar viendo cada día como voy a conseguir para el pan, necesito un trabajo fijo’. Estaba realmente muy mal, lloró bastante, hacía dos días que prácticamente no había comido. Para colmo de males, la piecita humilde en la que vivía se le había inundado con la crecida del río y había perdido las pocas cosas que tenía”.

Todos sus allegados coinciden en que, pese a todo, Walter partió para Mendoza con muchas ganas. Ya se sentía bastante bien de la renguera de rodilla, que un médico tucumano le había operado gratuitamente en los días que todo el mundo lo consideraba un héroe. En los viñedos otra vez las cosas no le salieron como las habría deseado, el laburo era escaso y había muchos más jornaleros que otros años, todos luchando por el mismo mango.

Ese sábado su hermana le había cocinado su comida favorita. Walter andaba taciturno, pero a nadie le pareció nada fuera de lo normal. Hasta le alcanzó el ánimo como para bailarse un chamamé en la juntada de la noche. El domingo salió a dar una vuelta y se perdió entre los campos. Horas más tarde, unos golpes de palmas llamaron a la puerta de la casa de su hermano Gustavo para dar la noticia. Walter había dejado de esperar milagros.