Entre el mate y el wok: un viaje a la vida de los argenchinos

por Aye Iñigo

Cada vez son más los compatriotas que se aventuran 19.000 kilómetros a través del océano para vivir el nuevo sueño chino. ¿Cómo es la vida en uno de los países más pujantes y enigmáticos? Tres argentinos del interior nos lo cuentan. 

Cuando Brian González entró a la farmacia y pidió el medicamento hablando en un mandarín intachable, la empleada china se asombró. “A ver, sacate los anteojos”, le pidió, sin poder creer que el que estaba hablando era un extranjero (un “rubio de ojos verdes”, como a veces nos llaman) y no un chino.

“Tengo un acento de Beijing casi perfecto, me pasa muchas veces que los chinos se sorprenden cuando me escuchan hablar”, cuenta Brian, sentado en un café de Sanlitun, uno de los barrios más hípster de Beijing. Brian González es argentino, tiene 27 años y vive en la capital china hace ya nueve, donde se convirtió en estrella de la televisión e influencer entre los jóvenes chinos, con más de 300.000 seguidores en sus redes sociales. Aunque no todos se vuelven “famosos”, Brian no es el único argentino que uno puede encontrarse por las calles de Beijing. Según datos estimativos del Consulado de Beijing y la Asociación de Argentinos en China, actualmente son cerca de 5.000 los argentinos que se aventuraron a vivir en el país asiático. Año a año son cada vez más los latinoamericanos que deciden probar suerte en China, donde hay oportunidades laborales para extranjeros en los rubros más variados.

Brian tenía 15 años cuando decidió que quería estudiar chino. Era de tarde y caminaba junto a una amiga las tres cuadras que separaban su casa del colegio en la localidad bonaerense de San Vicente, donde había nacido y vivido toda su infancia. “Se me ocurrió de la nada, te juro que no tengo idea por qué”, recuerda hoy.

Nota china viadocumentos

A partir de ese momento todo sucedió a la velocidad de la luz: comenzó a tomar clases de chino semanalmente y al poco tiempo se presentó al Hanyu Qiao (“El puente chino”), una competencia internacional para extranjeros que hablan mandarín. Salió segundo en la Argentina, y obtuvo como premio una beca para viajar a China a perfeccionarse en el idioma, pero tuvo que esperar hasta los 18 años para viajar ya que el programa estaba pensado para alumnos universitarios. Una vez instalado en Beijing terminó los dos años de beca, hizo una Licenciatura en Filología China y en 2016 se graduó de una Maestría en Comercio Exterior.

En 2014, mientras cursaba en la facultad, decidió presentarse por diversión en un casting de televisión y fue seleccionado para ser parte de “Informal talks”, un programa del prime time emitido por Hubei TV que cuenta con once panelistas extranjeros que discuten y debaten con chinos sobre sus diferentes culturas.

“Aunque no lo creamos, los chinos son más parecidos a nosotros que los europeos. Para los chinos es re importante el momento de la comida, la familia, el agradecimiento a los padres. Y para los latinos también. Muchas cosas culturales son muy parecidas a las nuestras. Quizás la manera no es la misma, pero lo esencial sí”, detalla Brian.

Además de ser un ídolo para teenagers chinos, su paso por la televisión lo llevó en 2016 a ser el intérprete y entrevistador de Lionel Messi durante la visita del astro del fútbol a China. “También hice de intérprete de funcionarios públicos como Axel Kiciloff. Fue re importante, porque yo soy de un pueblito y vengo de una familia humilde”.

A los 15 años Brian González comenzó a estudiar mandarín. Hoy es una celebridad en China y fue traductor de Lionel Messi.

Cuando piensa en el futuro, Brian todavía se imagina viviendo en China. Además de la televisión, acaba de fundar una pequeña empresa de comercio con un socio chino para ser el nexo de exportación de productos chinos a América Latina. “Me gusta ir a Argentina, pero de vacaciones. Cuando voy me siento desacostumbrado. Necesito comida picante o resolver todo con el celular, como en China. Además, acá me siento muy seguro, puedo ir y venir a cualquier lugar, salir a cualquier hora y nunca pasa nada”.

El puente de la literatura

Dicen que el arte derriba fronteras, y eso es lo que intentó hacer el cordobés Guillermo Bravo en China hace un año. En el cuarto piso del Instituto Cervantes de Beijing, Guillermo fundó Mil Gotas, la primera librería hispanoamericana de la capital china.

“Fundé la librería por una necesidad personal de conseguir libros en español. Entonces fui trayendo y de a poco compartiendo con amigos. Luego empecé en internet y, como funcionó bien, comenzamos en un espacio físico”, dice este escritor y editor que vive en China hace ya cinco años. Guillermo nació en la localidad cordobesa de Pilar, donde vivió hasta los 18. Con padres psicólogos y cuatro hermanos, lo que más recuerda de sus primeros años de juventud eran sus días trabajando en el negocio de su abuelo, dedicado a la venta de materiales de construcción. Allí, mientras ayudaba a cargar “al hombro” bolsas de ladrillo o atendía el mostrador, tuvo sus primeras charlas de literatura.

En 2013, el cordobés guillermo Bravo llegó a Pekín y allí fundó Mil gotas, la primera librería hispanoamericana de la capital china.

“Me encantaba trabajar ahí con mi abuelo. Además, creo que esa experiencia me sirvió para comenzar con la librería. Fue una infancia feliz. Mi abuelo era el personaje central de la familia porque todo giraba en torno a su empresa. Después, a mis 18, me fui a vivir a Córdoba capital, para estudiar Arquitectura”, recuerda.

Aunque intentó enamorarse de la belleza de los edificios, el imán de su primer amor por los libros lo atraía cada vez más. Alentado por un tío con quien se enviaba cartas, terminó viviendo una larga temporada en París, donde se dedicó a escribir y dar clases. En 2013 un profesor amigo lo invitó a enseñar Literatura en la Universidad de Beijing y decidió probar suerte.

“Sigo dando clases, pero hace un año comencé con el proyecto de mi librería”, cuenta. En esa pequeña –pero acogedora– tienda, Guillermo organiza charlas y difunde la literatura latinoamericana, con ediciones en español y en chino de autores como Fogwill, Antonio Di Benedetto o Roberto Fontanarrosa, entre muchos otros. “Me da la sensación que los chinos encuentran un mundo nuevo en la literatura latinoamericana, otra manera de ver la vida. Me acuerdo de un lector chino que me contó que había leído una escena de Vargas Llosa en la cual una pareja hacía el amor por varias horas. Luego estrujaban las sábanas y caían litros de sudor. Me contó este lector que desde entonces cada vez que se acostaba con una chica iba a estrujar la sábana y no salía ni una gota. Entonces decía ‘eso me pasa por no ser latinoamericano’. Me gusta mucho cuando los lectores me cuentan esas anécdotas, de cómo la literatura se mete en la vida cotidiana de la gente”, confiesa.

La mayoría de los lectores chinos que se acercan a Mil Gotas son estudiantes de español, a los que Guillermo llama “la nueva burguesía china” que no deja de crecer de la mano del espectacular crecimiento económico del gigante asiático, gente de clase media y media alta a los que les sobra un poco de dinero y lo invierten en educación, “que es fundamental en los chinos”.

Entre los autores latinoamericanos más vendidos Gabriel García Márquez lleva la delantera, seguido por los autores del boom latinoamericano como Julio Cortázar o Mario Vargas Llosa. “Por una cuestión personal traigo también editoriales cordobesas, como Caballo Negro o Alción, que son excelentes”, dice Guillermo.

Según Esteban Zotelle, presidente de la Asociación de Argentinos en China, la mayoría de quienes deciden vivir en el país asiático lo hacen porque allí hay “cantidad de oportunidades para muchas profesiones. China es una gran potencia económica y un nuevo referente político, eso hace que mucha más gente empiece a pensar en venir a trabajar o estudiar”.

La mayoría de los argentinos llegados a China son contratados por empresas internacionales, aunque también hay un alto número de jóvenes que llegan para estudiar. Ese es el caso de Pilar Bourbon, una mendocina de 29 años que vive en Beijing desde hace cinco años.

Mendocina de Chacras de Coria, Pilar Bourbon está becada en literatura y habla un mandarín perfecto que sorprende a los propios chinos.

La primera cercanía que tuvo Pilar con el universo chino fue en su adolescencia, cuando comenzó a tomar clases de mandarín en su Chacras de Coria natal para acompañar a su madre, una profesora de historia fascinada por la medicina china. Aunque al principio estudiaba solo como hobbie, pronto su profesora –una taiwanesa radicada en Mendoza– la convenció de presentarse a una beca para estudiar en China.

La ganó con 19 años y desde ese momento, cual golondrina, Pilar fue y vino de China en varias ocasiones. Cada vez que viajaba lo hacía con una beca. Quería animarse a vivir “el sueño chino”, pero no fue hasta 2013 que tomó el envión final y se instaló en Beijing.

Desde ese momento vive en la capital china, donde ahora está becada en una maestría de la Universidad de Lengua y Literatura. Entre los argentinos que viven allí, Pilar es reconocida por su excelente nivel de mandarín, que maneja con una fluidez que a veces impresiona hasta a los mismos chinos. “A los hispanohablantes nos cuesta mucho aprender el chino porque no lo entendemos bien. Es un idioma muy diferente y creo que eso también hace que los chinos vean y piensen las cosas de manera diferente, condicionados por su lengua. Yo no sé si los chinos tienen el pensamiento lógico muy desarrollado. Les espanta el silogismo. Ellos piensan más con analogías, con metáforas, su lengua está llena de eso, de comparaciones con la naturaleza”.

Pilar cree que la dificultad de entendernos pasa también por el desconocimiento general que los argentinos tenemos sobre China. “En Argentina hay dos visiones: el chino del supermercado y el chino zen, meditativo. Ponemos todo junto: budismo, China, Japón. Muchos ven a la sociedad como retrógrada. Pero la gente que viene por primera vez siempre me dice ‘wow no me lo esperaba, no me imaginaba tanto desarrollo´. Acá las ciudades crecen como locas. Cuando yo vine había seis líneas de subte, ahora hay como 16. La vida es muy distinta, el tiempo pasa distinto. Es todo tan rápido en China, no es fácil parar, contemplar, reflexionar. Y, por eso, a veces me dan ganas de volver”. •